viernes, 25 de septiembre de 2020

La única violencia que es, para ellos evidentemente, legítima: la violencia del Estado


Como soy traductora, voy a empezar a traducir: la OMS recomienda una mayor individualización (por si el capitalismo no se hubiera encargado y esforzado ya lo suficiente en machacar(nos) en esta línea) y la atomización de las sociedades en esto del relacionarnos y el vivirnos. Por supuesto, esto tiene repercusiones en cómo nos pensamos personalmente (todes podemos hacer enfermar o incluso matar a cualquiera) y cómo nos organizamos políticamente (harto complicado con las reuniones reducidas como en época franquista).    

Supongo que en tiempos de crisis se hace muy necesario que las instituciones que gozan de prestigio y reconocimiento se esfuercen por «poner orden» y prescribir soluciones. Si encima la crisis es de salud pública, blanco y en botella, amiguis: semen. 

Hay que decir ya, o recordar más bien, que la medicina jamás ha estado exenta de ideología. Esto lo saben bien las comunidades maricas, trans y bolleras, históricamente patologizadas y con todo tipo de tratamientos a su disposición para «curar» sus anomalías (la anomalía se parafrasea en esta sencilla línea: salirse de la caja cisheterosexual).

También lo saben las comunidades no-blancas: de lxs negrxs se decía hasta antes de ayer que tenían el cerebro más pequeño (esclavizar y humillar a una persona de dudosas capacidades intelectuales parece menos grave y mucho más fácil de hacer que infringir ese daño y someter a ese proceso de deshumanización a alguien a quien podemos considerar un igual intelectual). Otro tanto se ha encargado la ciencia y la medicina de hacer con las biomujeres: leí una vez que teníamos una glándula en la amígdala que es la que nos empujaba a casarnos y a creer y querer el matrimonio. Sobre maternidad y lactancia mejor me callo que me va a quedar esto muy largo. 

Así pues, con las conclusiones, estudios, libros, artículos, ponencias y conferencias de renombrados expertos (el masculino es concreto, no genérico) biohombresheteros y, por supuesto, blancos, se podrían llenar infinidad de capazos con infinidad de gilipolleces. Algunos capazos ya han sido felizmente desmontados y vaciados, pero otros siguen llenos justificando todo tipo de violencias, abusos, posiciones de poder que sigan manteniendo en la subalternidad a los grupos interesados. 

Hablaba más arriba de «poner orden» y es así de literal la traducción: de las posiciones de dominio (arriba) se desprenden posiciones de subordinación (abajo); se «ordena». Y los de arriba siempre tienen a los expertos, a las instituciones que gozan de prestigio y validación y a la única violencia que es, para ellos evidentemente, legítima:
la violencia del Estado. 

No es la primera vez que se mezcla la política con las ciencias de la salud, pero quizás por el telón de fondo pandémico a mí es que esto me parece ya demasiado descarao. El confinamiento de los Barrios del Sur de Madrid, los tests covid-covad-cadadíatequieromás a la población que vive en esos barrios no obedecen a motivos de salud pública, obedecen a motivos políticos y a intereses partidistas que son marcadamente racistas, clasistas, criminalizadores y estigmatizantes. Por salud pública refuerzas los centros de salud de los barrios, no mandas a los Playmobil psicópatas de los antidisturbios a apalear a les vecines. 

Esto no es un asunto de velar por la seguridad ni la salud de nadie; se desmonta en la infancia que los Reyes son lxs mpadres pero todavía hay mucha gente adulta dejándole galletas y un vaso de leche a la labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. A ver si leemos despacio para traducir bien y que podamos tener una acertada lectura del mensaje y una comunicación efectiva: Seguridad del Estado. Del Estado. Es el Estado el que se blinda y beneficia. El Estado antidemocrático, autoritario (sí, con un gobierno de izquierdas) y violento al que las subalternidades, lxs subordinadxs, y no digamos la población migrante que ni siquiera vota, les importamos una soberana shit. 

Esto no es una cuestión de salud pública, lo que está pasando en los Barrios del Sur de Madrid, lo que están haciendo con las personas que viven allí, traduzco, se llama control de plagas.
¡Fuerza y resistencia a los Barrios del Sur! 

Lucía Barbudo (Coordinadora Anti Represión RM)

#violencialadelEstado #brutalidadpolicial #NoesSaludSonPolíticas #covidcovad












____________________________

jueves, 17 de septiembre de 2020

Es hora de hermanarse y acuerparse y no simplemente llamarse «feminista» en las redes sociales



Pregúntale a cualquier madre del planeta qué es lo que le da más miedo del mundo y todas te contestarán sin excepción:
que les hagan daño a mis hijxs,
que mis hijxs sufran. 

Que el daño venga del propio padre es aterrador pero que el daño se reproduzca a través de los canales donde operan las instituciones que están para, se supone, proteger a las criaturas, es una pesadilla de dimensiones insoportables. Es tortura. 

El del padre fue el primer maltrato, pero no el último. El padre abusó sexualmente de su hija (así lo dicen las pruebas), pero siguieron abusando de ella todos los y las profesionales que pusieron su granito de arena para separar a G. de su hija; todos los y las profesionales que pusieron su granito de arena para que, finalmente, en 2017, el padre que abusó sexualmente de su hija acabara haciéndose con su custodia. ¿Y qué hay de la denuncia de G.? ¿Qué hay del testimonio de la niña? 

Fácil, se dictamina que la madre está loca, se la obliga a someterse a tratamiento psicológico y psiquiátrico (a pesar de los numerosos informes que sostienen y demuestran que G. está bien cuerda y que es este proceso la que está dañándola psicológicamente), se dicen las palabras mágicas «Síndrome de Alienación Parental», se concluye que la madre es un peligro para la niña (perversa vuelta de tuerca) y se las aleja para siempre. Esto fue hace tres años. Tres años en los que G. no ha dejado de luchar y en los que G. no ha conseguido absolutamente nada. Tres años sin un papel que la autorice a ver a su hija.
La niña tenía un año y cinco meses cuando empezó todo.
Ahora tiene ocho. 

Tal vez debería decir ya, para empezar a explicar y entender las cosas, que G. es latinoamericana y que el padre que enrojeció reiteradas veces la zona genital de su hija es de Cartagena. ¿Una sudaca acusando a un cartagenero de bien? ¿Una migrante con cara de india denunciando a un miembro respetable de la cofradía? Sí, hombres de bien, padres de familia, cofrades, ciudadanos modélicos con redes sociales que son un escaparate impoluto que se puede usar, por ejemplo, en un juicio. Inquietante tanta perfección y tanto afán por mostrarla. ¿Acaso no se sabe que detrás del laberinto de la pederastia y el abuso infantil están eyaculando impunidad los miembros con sus miembros de nuestra Santa Madre Iglesia? Hay demasiados violadores con demasiado poder. 

El corporativismo en torno al macho es el corporativismo que cierra filas con el Pater familias y es el corporativismo que blinda al Estado y a todo «su aparato» de poder.
Por eso es todo tan difícil. 

Nos toca denunciar y visibilizar sistemáticamente que las instituciones encargadas de llegar a la verdad y hacer justicia son racistas, xenófobas y machistas, y que se mueven y operan en ejes de violencia patriarcal y colonial.

Nos toca denunciar y visibilizar sistemáticamente que, consecuentemente, hay que tener muy claro que no habrá jamás justicia para la madre migrante.
Nos toca denunciar y visibilizar sistemáticamente -porque es también sistemáticamente por muy enrojecidos que estén los genitales de la hija- que la justicia ve y castiga a la mujer migrante de rasgos indígenas, no ve la vulva enrojecida ni castiga lo que se deriva de la explicación de una niña de un año y cinco meses. La justicia nunca escucha a nuestrxs hijxs.
Es también sistemáticamente que se castiga a las madres que denuncian.
Es también sistemáticamente que se aleja y separa a las madres que denuncian de sus hijxs maltratadxs y abusadxs.
Sistemáticamente es un adverbio que hace referencia a la frecuencia pero también a la estructura, al Sistema. 

Este martes 22 de septiembre a las 10.00 en el Juzgado de Instancia número 1 de Cartagena (c/Ángel Bruna) estamos convocadas todas las personas que pensamos que esto es una aberración, una locura, un absurdo, una monstruosidad, una injusticia que ninguna madre tendría que soportar.
No podemos permitir que G. se sienta sola.

Se me agrieta el corazón para siempre al recordar las calles llenas el 25N contra las violencias machistas o el 8M petándolo fuerte mientras no acompañamos lo suficiente a estas madres a transitar sus dolorosos procesos en las instituciones, en los juzgados, en sus casas, en sus vidas. ¡Qué NADA significa salir a la calle dos veces al año porque lo manda el calendario! ¡Cuánto vacío político! ¡Escribir y no hacer! ¡Hacerse fotos y no hacer! ¡Desfilar y no hacer!
Es hora de hermanarse y acuerparse y no simplemente llamarse «feminista» en las redes sociales.
La camiseta no basta con ponérsela, hay que sudarla. 

TODAS CON NUESTRA HERMANA G.
Martes 22 de septiembre, 10.00h
Juzgado 1 Instancia N 1
C/ Ángel Bruna, 21
Cartagena
  Compartid y difundid entre vuestros contactos. Venir es muy importante, que se sepa lo que está pasando es imprescindible. 

Reparar(nos) sostener(nos) y cuidar(nos) la vida es nuestra única responsabilidad

SOLAS, NUNCA


                                                Fotos de la Rueda de Prensa de 2016

_________________________________

jueves, 27 de agosto de 2020

CARTAS A MI QUERIDA AMIGA BIOVULVA 3


Lucía Barbudo

Querida amiga biovulva:
Esta noche no he podido dormir pensando en esto que viene siendo tu pesadilla, aún estando despierta. Piensas una y otra vez en el borrado de las biomujeres, ¡es perverso! Me preocupa tu preocupación.
No entiendo que te sientas amenazada por un grupo que, como vienes diciendo de manera insistente y bastante despreciativa, es minoritario. 
  
Quitando la cosa de que las minorías se vean discriminadas sólo por ser minorías, argumento harto discutible (convendrás conmigo) en un Estado de Derecho, ¿no es un poco locurón, en esa lógica tuya, repito, de minusvalorar minorías, pensar que cuatro gates van a amenazar la súper bioestructura de gran poder hegemónico de larguísima tradición histórica que ostenta el cissistema?
   
Intento entender tu miedo y no puedo. 
  ¿No estamos las biovaginas y los biopenes sobradamente representadxs en todos los libros de texto donde subliminalmente se enseña y reproduce la bionorma? ¿No está el cisheteropatriarcado en todas las fichas del cole, en todos los anuncios de la tele, en todas las mamparas de los autobuses, en todas las pelis que vemos, en todos los libros que leemos? 
  
Intento entender tu miedo y no puedo.
¿Qué te van a borrar a ti, nena, si tienes de tu lado el tremendo altavoz mediático del biofeminismo blanco institucional con biohembras tan potentes como Amelia Valcárcel, Lidia Falcón o Yolanda Besteiro (como vacas sagradas de la «intelectualidad académica feminista») o las Towanda Rebels y Barbiejaputa (estas ya a un nivel más de márketing torticero, con mensajes feministas como las tazas del Tiger tienen mensajes de autoayuda)? 
  
Muchacha, despreocúpate. A ti no te borra ni dios.
 
Me haces acordarme de lxs fachas que dicen que lxs inmigrantes vienen a quitarnos los derechos y de esos machos sobre los que tanto hemos hablado juntas que también están nerviosos porque se están dando cuenta de que los feminismos están desmontando su chiringuito patriarcal. A ver si va a ser esa tu preocupación y no otra, bioamiga querida, piénsalo. 
  
Igualmente te confieso que me tienes enganchada con las cosas que te leo; en la película que te has montado, tus pesadillas son mis palomitas. 
  
Me despido ya, que esta tarde mi hijo tiene cumpleaños y ya sabes que le gusta vestirse de Blancanieves, ¡qué maravillosa es la infancia sin prejuicios! Ya sabes, donde no hay violencia, hay libertad. 
  
Abrazos sororos.

Image by Charles Hutchins 

Nota: Dirigida a la amiga Terf (Trans Exclusionary Radical Feminist, feministas radicales que consideran que las mujeres trans no son parte del movimiento feminista, por sus siglas en ingles.
Feminista Radical Trans-Excluyente.

Si quieres seguir la serie, la puedes encontrar aq mismo:


______________________

sábado, 22 de agosto de 2020

Reforzando el estigma de las trabajadoras sexuales con antiguos argumentarios higienistas


Lucía Barbudo

El 13 de enero de 2020 se refundó el Ministerio de Igualdad con esta línea en sus bases: «la prevención y erradicación de cualquier forma de violencia contra la mujer» y esta otra línea también: [...] «la eliminación de toda forma de discriminación por razón de sexo, origen racial o étnico, religión o ideología, orientación sexual, identidad de género, edad, discapacidad o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. » 

La Ministra de Igualdad no sólo incumple lo exigido a su propio Ministerio sino que ella misma ejerce, con declaraciones como las de hoy, violencia contra las mujeres trabajadoras sexuales. Una violencia que pasa por seguir ignorando los derechos de las trabajadoras sexuales en tanto que trabajadoras. 

Una violencia que comporta más precariedad, más discriminación y más desigualdades. Una violencia que refuerza aún más el estigma y que reaviva antiguos argumentarios higienistas poniendo a las trabajadoras sexuales en el punto de mira como foco descontrolado de infección y contagio. 

Batiburrillo de discursos que vuelven a entremezclar lo moral con lo sanitario; lo sano con lo sucio. En plena pandemia y con los ya más que presagiados rebrotes de septiembre-octubre, Irene Montero pone hoy convenientemente sobre la mesa el trabajo sexual y lo expone como un problema de salud pública relacionado con la higiene de la población. 

Convenientemente, además, cuando el trabajo sexual sigue siendo, a pesar de los increíbles esfuerzos del activismo político de las trabajadoras sexuales, el talón de Aquiles de los movimientos feministas. 

Le vamos a dar la vuelta al sintagma «hacer la calle». Te vamos a hacer una escuela en la calle, Irene, putas y aliadas, para que aprendas que los derechos y las vidas de las mujeres no son negociables ni cuestionables mientras tú pierdes el tiempo en seguir jugando a Barbie Ministero. 

Con derechos, no hay desigualdad.

 #conlasputas #TrabajoSexualEsTrabajo #sexworkiswork #conderechos #sinputasnohayfeminismos



________________________________

lunes, 17 de agosto de 2020

LAS NARRATIVAS DEL MIEDO


Asger Jorn. Letter to my Son (1956)

Lucía Barbudo

Dos personas caminan juntas cogidas de la mano. De una de las manos sale una correa y de la correa sale un perro. Van en dirección a un sendero que marca una ruta de 1.3km. Las dos personas llevan mascarilla. 
 
Semáforo en rojo. En el coche de al lado va una persona conduciendo. Esa persona lleva mascarilla. 
 
En una carretera comarcal de Galicia, entre dos pueblos, una persona de unos setenta u ochenta años empuja un carro de la compra por el borde de la carretera. La adelanto con el coche. Lleva mascarilla. 
 
A unos veinte metros de mí, con una parcela entre medias vacía que no se va a ocupar, veo a una familia montando su tienda en el camping. Todxs llevan mascarilla. 
 
Podría seguir así y rellenar varios folios. 
 
No te puedes acercar a ninguna de estas personas a preguntarles por qué llevan la mascarilla porque lo que te van a dar no son razones. Una persona sola o una familia que en un entorno seguro lleva mascarilla lo que tiene no son razones, lo que tiene es miedo. 
 
No creo que yo esté por encima de las narrativas del miedo, simplemente he visto menos la televisión. Si hubiese seguido las mismas horas de película de terror que esas personas, seguramente yo habría pasado el confinamiento en mi casa abriendo los pomos de las puertas con los codos, lavando los cartones de leche con lejía a la vuelta del supermercado y mi hijo no habría visto a su abuela por miedo a matarla. ¿Se puede pensar algo más perverso que un nieto matando a su abuela? ¿Hay algún relato más espeluznante? Y sin embargo, así ha sido para muchas personas. 
 
Creo que de una verdad se han utilizado un sin fin de figuras retóricas para hacer mucha literatura. Un virus una enfermedad un contagio una muerte es real. Las personas que he descrito más arriba viven una amenaza irreal. Me parece deleznable que se resuciten estrategias político-cognitivas de 1945 para teledirigir personas a base de buenas dosis de miedo. Es inmoral. Me da muchísima tristeza el miedo gratis y más inoculado en personas mayores, quizás porque se vive más de cerca con eso de que la muerte sea algo más que una simple posiblidad. Ser parte de la estadística es más terrorífico que ser parte de la posibilidad. 
 
Me gustaría escribir más sobre el miedo, contrariamente a lo que se pueda pensar (incluso conociéndome) soy una persona muy miedosa, pero he aprendido a vivir con el miedo como otro sentimiento más, natural y humano, pero no castrante ni discapacitante. Eso jamás. 
 
Podría resumir mi relación con el miedo de esta manera:
Una vez en el tren camino a Alicante para ir a ver a mi amiga Reme, mi hijo de 8 años me preguntó, a raíz de una conversación que estábamos teniendo: «Mami, ¿y si tengo miedo qué hago?», pensé en mí misma porque creo que a lxs niñxs les debemos honestidad y le dije: «Lo mismo, pero con miedo».
 
He tenido muchas veces mucho miedo de irme sola con mi mochila a viajar lejos. He llorado en la cola del check-in esperando mi billete y pensando en la posibilidad REAL de ser robada, violada, asesinada, de caer enferma estando sola. He tenido diálogos conmigo misma en los que me decía frases como: «A quién se le ocurre», «Qué irresponsable», «Esto es una locura» porque son muchos los guiones que las mujeres llevamos aprendidos sobre las cosas que nos pasan «por nuestra culpa» y es muy difícil trasladar las narrativas del miedo ligadas a la responsabilidad personal e identificar que las violencias no dependen de ti y hay que repetirse muchas veces, hasta creérselo, que no debemos esperar por eso que ningún castigo nos aleccione las ganas de hacer cosas. Que eso no es ser irresponsable, que eso es algo tan sencillo como vivir. 
 
Mucha gente pensará que estoy mezclando miedos; yo creo que las aguas subterráneas que corren por los miedos que vivimos en paralelo son comunes. Con amenazas reales se construyen relatos que nos paralizan o que nos angustian el día a día. 
 
Creo que estaría bien dialogarnos el miedo y darle una vuelta a los guiones sobre la responsabilidad, tantas veces equivocados.

_______________________

viernes, 14 de agosto de 2020

CARTAS A MI QUERIDA AMIGA BIOVULVA 2

                            
   
Lucía Barbudo

CARTAS A MI QUERIDA AMIGA BIOVULVA 2

Querida amiga biovulva:

En mi anterior misiva mencionaba a las mujeres masculinas y a las butch como ideal a alcanzar en esa lógica tuya contradictoria de que es la feminidad la que nos trae violencias y me urge la necesidad de analizar un poco más esto, porque la cuestión me parece mollar. Cuestionas y criticas la feminidad y los roles performados por las mujeres trans, pero queda fuera de toda crítica la feminidad y los roles performados por las mujeres cis; me parece un argumento el tuyo bastante cogido por los pelos. 
Criminalizar la feminidad ajena y no la propia no es de recibo. 
 
Por otra parte, y volviendo a las mujeres masculinas y a las butch (no sé si te has leído la obra imprescindible de la Judith Halberstam pero te la recomiendo a morir, nena), decirte que son mujeres apestadas por el patriarcado, precisamente, oh sorpresa, por no ser consideradas mujeres-mujeres. Y mira que tienen biorajita. ¡Qué sorpresiva coincidencia que el patriarcado castigue a las mujeres que no performan la feminidad hegemónica del mismo modo que tú castigas a las mujeres trans que la performan! Con el mismo argumento, además: no son mujeres, son monstruos, engendros, material risible. ¡Menudo plot twist! 
 
Pero, agárrate, no sólo hay violencias para las que no son Barbies, el cisheteropatriarcado también tiene odios y estigma a repartir para las maricas con pluma porque tampoco son hombres-hombres, dignos representantes de la virilidad ni la masculinidad de macho dominante. De las personas no binarias, mejor ni hablamos, que a ti te gusta meter las identidades en cajas bien compartimentadas y para estas no hay caja que valga. Menudo cacao este de defender que el feminismo es cosa de biomujeres, como si fuésemos las únicas oprimidas por los guiones de género establecidos. 
 
Querida amiga biovulva, una línea para resumir todo esto parafraseando a las compañeras chilenas:
el patriarcado eres tú. 

Antes de despedirme, querida Feminista de la Entrepierna, me gustaría plantearte una cuestión, y es la siguiente: si las TERF (1)  no consideráis a las mujeres trans dignas miembras de vuestro club de Avon feminista por (quizás) portar pene y no ser por ello, como repites hasta la saciedad, mujeres-mujeres, pregunto: los hombres trans que, sin duda alguna según vuestra lógica de las ingles padentro son mujeres, ¿sí formarían parte de vuestra zona VIP feminista? ¿O qué giro? 

Me surge la duda porque algunos son cuerpos que portan biocoño, como vosotras. 

Saludos sororos.

(1) Trans Exclusionary Radical Feminist, feministas radicales que consideran que las mujeres trans no son parte del movimiento feminista, por sus siglas en ingles.
Feminista Radical Trans-Excluyente.


Si quieres seguir toda la serie, la puedes encontrar aq mismo:

                                            

         ______________________


jueves, 13 de agosto de 2020

LEALTADES Y CORPORATIVISMO DE «IZQUIERDAS»

 


Lucía Barbudo

LEALTADES Y CORPORATIVISMO DE «IZQUIERDAS»

Cada vez me parece más obsoleta y de poca precisión y seriedad política la distinción entre la derecha y la izquierda. Creo que las narrativas que polarizaban y distinguían las líneas políticas de los dos principales partidos políticos que hemos tenido hasta hace poco se entremezclan y confunden cada vez más (ahora cuajados en otras formaciones que suman en número, pero no en contenido), hasta el punto de que ya resulta absurdo hablar de unos u otros partidos en esos términos: los de derechas y los de izquierdas como si defendieran o representaran cosas opuestas. 

 Se piensa que la derecha mira más por lo privado que por lo público, sin embargo la modificación del artículo 135 de la Constitución que priorizaba el bienestar de los bancos al bienestar de las personas se hizo bajo gobierno «socialista», ¿no era la derecha la que defendía los intereses de las finanzas privadas, las élites del Poder y la izquierda la que velaba por el interés del bolsillo del ciudadano de a pie? 

Con un gobierno de derechas se impuso el mayor atentado vía democrática a los derechos y libertades ciudadanas, la Ley Mordaza, modificación que fue muy criticada por la izquierda en la oposición (ah, qué fácil es estar en la oposición, vacaciones pagadas en Punta Cana para la oligarquía!) y que fue equiparada con la antigua ley franquista de Vagos y Maleantes. Sin embargo, con una coalición de «izquierdas» en el gobierno, esa misma ley que decían propia de estados totalitarios sigue vigente.
Con la crisis-estafa de 2008, y con la «izquierda» en el gobierno, se produjeron recortes, fundamentalmente en sanidad y educación y ayudas sociales, y se acusó al gobierno de ser súbdito del FMI, de gobernar para las grandes multinacionales y no para las personas y de hacernos pagar una deuda que no era nuestra.

  Que no se nos olvide jamás que el 15M se levantó en la calle con un partido de «izquierdas» en el Poder. 

Hoy, con la nueva crisis covid19, resulta que tenemos un gobierno de «izquierdas» que sigue acumulando deuda y que ya anda anunciando nuevos recortes, adivinen dónde. 

Me dicen que me ponga la mascarilla por mi bien y el de lxs demás pero no hay medidas ni decisiones encaminadas a hacer nada que yo vea que es realmente por mi bien y el de lxs demás. Por mi bien y el de lxs demás se estarían abriendo procesos de oposiciones para el cuerpo de maestros y profesores, no generando texto en el BOE para que lxs críxs se pongan la mascarilla en septiembre y lleven todes una bolsita de aseo con gel hidroalcohólico y otra mascarilla de repuesto. Esto, perdonadme que lo diga, es una chapuza de medida, una cutrez y una mierda gigante que significa no estar a la altura del estado de alarmante pandemia en el que estamos. Y que nuestrxs peques no vuelvan al cole y que eso suponga que las familias tenemos que hacer UNA VEZ MÁS de amortiguador, es algo por lo que muchas madres no estamos dispuestas a pasar. Por mi bien y el de lxs demás, esas nuevas plazas posibilitarían una bajada de las ratios por curso y un desdoblamiento de los grupos en distintas franjas horarias: a menos alumnxs por aula, más distancia de seguridad y menos posibilidades de contagio. Por mi bien y el de lxs demás, también habría muchos más puestos habilitándose para médicxs y enfermerxs y una inversión mucho más bestia en sanidad e infraestructuras que no estoy viendo. Esas, creo, serían un par de cosas así a vuelapluma por mi bien y por nuestro bienestar. 

 Tengo la impresión, por el nivel de hostilidad en torno al tema covid que se viene levantando de un tiempo a esta parte por parte de la «gente de izquierdas», de que existe un corporativismo de «izquierdas» muy fuerte porque esta crisis nos ha pillado (qué mala suerte) con un gobierno de «izquierdas» en el poder, y claro, en esa dicotomía simplista de estar de un lado o de otro, no vas a criticar a tu equipo, ¿no? Ese es el nivel. El pensamiento crítico por lo visto se muere porque hay un gobierno de izquierdas gestionando la pandemia y criticar la gestión de un gobierno de izquierdas te convierte en
a) facha
b) terraplanista
c) conspiranoico y/o
d) negacionista
porque, claro, la inteligencia es de izquierdas y criticar la izquierda entonces computa para que te den créditos de tonta del culo, ¿no? ¿Es esa la lógica que se maneja? 

Criticar la gestión del gobierno (me da exactamente igual que sea de derechas que de «izquierdas» porque como ya he explicado con un par de ejemplos más arriba, las categorías de derecha e izquierda son para mí compartimentos vacíos, narrativas con olor a alcanfor de las que sólo han permanecido las palabras y no los hechos) no es negar la existencia del covid19, ni negar los muertos, ni negar la enfermedad, ni negar el contagio, ni me convierte en reptiliana, ni me da puntos extra para presentarme a un casting de la mítica serie de los 80 V remasterizada. 

Criticar la gestión del gobierno es mostrar desacuerdo con las decisiones tomadas, es estar en contra de las vergonzosas medidas que sólo son parches, es ser crítica con la información que nos dan y que se te levanten las dos cejas por las incoherencias. Criticar la gestión del gobierno es abandonar el enfermizo, loco y neurótico discurso del miedo para pedir más salud democrática. Criticar la gestión del gobierno es buscar puntos y afinidades desde donde articular una respuesta colectiva que a mí, personalmente, me deje dormir tranquila por las noches sabiendo que lo estoy intentando. Porque, y esto sí que me suicida las neuronas, escuchar que con un gobierno de derechas nos iría aún peor no es un argumento para comulgar con lo que hay. Eso es derrota y es fracaso. 

 A mí me mosquea bastante que si llegan a estar, ponte, PP y Ciudadanos gobernando con el covid19 y tomando, ponte, exactamente las mismas medidas que Ken Sánchez y su gobierno de coalición de «izquierdas» en el power, serían precisamente los del POSE y Pablo et al los que estarían diciendo exactamente lo que dicen los fachas de la derecha. 

 Me imagino perfectamente al Pablo Mesías de su Iglesia con la Constitución en la mano diciendo que el confinamiento se pasa por el forro varios derechos constitucionales. Me imagino perfectamente a la izquierda diciéndole a la derecha lo que la derecha está diciéndole a la izquierda. 

 Me imagino a la «izquierda» haciendo manis contra el gobierno (sin tanta bandera de Expaña, eso sí) y organizando la calle ante la perspectiva de un nuevo y antidemocrático confinamiento. Me imagino los gritos en el cielo, la de cejas que estarían levantadas con cada declaración de la OMS que contradice y no justifica cada decisión del gobierno. 

Me imagino a la derecha en el gobierno con el covid19 aprovechando la coyuntura para dar más poder a la policía racista, aprovechando la coyuntura para desmantelar todavía más los servicios públicos de sanidad, no moviendo un dedo por la escuela pública ni por la infancia, me imagino a la derecha viendo impasible cómo se contagian los trabajadores migrantes en nuestros campos sin importarles tres mierdas sus vidas al tiempo que refuerzan las políticas migratorias y alimentan un discurso de odio racista y xenófobo, criminalizando la pobreza y desmarcándose de su responsabilidad de hacer cumplir los derechos humanos, me imagino a la derecha mirando impasible la huída del emérito intocable, la primera gran estafa y la primera transacción (que no transición) de nuestra recién nacida democracia. 

Me imagino a la derecha en el gobierno haciendo todo eso sólo que no es la derecha, es la «izquierda». También me imagino a la derecha sacando a los militares a la calle y a dar ruedas de prensa, pero eso tampoco lo ha hecho la derecha, lo ha hecho la «izquierda».

 Nos dijeron en 2008 que no se podía hacer otra cosa, que estaban con las manos atadas por las deudas en Europa, y que había que «arrimar el hombro» (una de mis frases top favo) cuando empezaron los recortes para salvar a la banca. 

 Que los gobiernos nos mienten en la gestión de nuestras crisis y en defensa de sus intereses y de la gentuza para la que trabajan, creo que es algo incontestable por estar sobradamente demostrado.
Me pregunto cuánto queda para que se empiece a repetir ese mantra otra vez, aunque ya lleva varios meses sonando este otro que parece pergeñado por los hinchas del Liverpool: «esto lo paramos entre todos». De lo creadores del «You'll never walk alone», nos llega la traducción más acertada: «No vamos a dejar a nadie atrás». Manda pelotas. Para lxs aficionadxs que no lo sepan, cuando gana tu equipo, queridx hincha comprador compulsivo del merchandising, tú no ganas absolutamente nada. 

Ya lo dije cuando nos encerraron en nuestras casas: #yomequedoencasa, #peromequedopensando y ahora lo repito: yo me pongo la mascarilla, pero detrás de ella seguiré hablando. 

 La izquierda y la derecha no sirven ya como categorías políticas, no significan nada en la agenda. Ya no. Ahora la derecha y la izquierda sólo sirven para sacarse el carnet de conducir y para bailar coreografías. Para hablar del resto de cuestiones que nos atañen, sólo podremos hablar de privilegio, de élite y de posiciones de poder.


Publicado en eldiario.es/murcia: Murcia y aparte


________________________________