CINE CONTRA LA REPRESIÓN

Olvidar es consentir la injusticia. 
No conocer es ser vulnerable a la manipulación. 

La Coordinadora Anti Represión (ARM) promueve y apoya el cine que impulsa el pensamiento crítico y trata tema minoritarios o marginales con la represión como tema transversal. Si no podéis asistir a nuestros Ciclos gratuitos de CINE CONTRA LA REPRESIÓN, en nuestro blog os  iremos informando sobre nuestras proyecciones y os colgaremos los enlaces.
Ya podéis ver aquí:

1. 
CIUTAT MORTA

Película- documental que trata sobre el oscuro caso (caso 4F) que acabó con la vida de Patricia Heras.
Un caso de corrupción policial a raíz de los hechos sucedidos el 4 de febrero de 2006 en Barcelona, cuando la Guardia urbana detuvo a varios jóvenes, que fueron condenados e ingresaron a prisión por su supuesta relación con la agresión de un policía durante el desalojo del edificio Palau Alós, hasta entonces ocupado.
Una de ellas era la psicóloga y poeta Patricia Heras —acusada de lanzar una valla contra la policía, lo que ella negaba afirmando que ni siquiera estaba en el lugar de los hechos— y que finalmente decidió suicidarse durante un permiso penitenciario.


2. 
PERSÉPOLIS


Cine de animación (Francia, 2007).
Un film de Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud.
Un recorrido apasionante por el Irán de los años 80 y principios de los 90, visto por los ojos de una niña que se hace adulta a marchas forzadas en un contexto muy complicado.
Un trabajo creativo admirable, lleno de inteligencia y talento, cómico y enternecedor a la vez que brutal y contundente en su denuncia de la opresión.


3. DAS EXPERIMENT

En esta ocasión, la película alemana de 2001 dirigida por Oliver Hirschbiegel nos ha servido de excusa para abordar, entre otros, el concepto de 'obediencia', imprescindible para entender la Alemania nazi y la psicología del ser humano cuando se encuentra en situaciones extremas.
Basado en un experimento real, el film plantea todo un reto para lxs practicantes de la indiferencia.
La película alemana que es un drama de suspense, se basa en el libro The Blak Box de Mario Giordano, que a su vez toma como inspiración el famoso experimento de la cárcel de Stanford llevado a cabo en 1971.

https://www.youtube.com/watch?v=RQEqKgy9d70


Es una producción de cine independiente estadounidense de 1999, dirigida por Kimberly Peirce y protagonizada por Hilary Swank (por el que ganó un Óscar) y Chloë Sevigny.
La película recrea el caso real de Teena Brandon, un hombre transgénero.
Su historia trágica desde su principio, es la de un marginado total, cuyo único intento de tener una vida pasa por una mentira imposible de modificar en el tiempo. 
La historia es doblemente honesta a cabo del entorno social del protagonista, un pequeño poblado rural de Nebraska.
El filme evita el tono panfletario o sensacionalista, y su estética de realismo sucio y las notables actuaciones le dan gran toque de veracidad a la historia. Una cinta honesta donde las buenas intenciones no fagocitan la puesta en escena.

(AHORA NO ESTÁ DISPONIBLE GRATUITAMENTE EN YOUTUBE)

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INICIAMOS UNA SECCIÓN SOBRE CRÍTICA FEMINISTA A PELÍCULAS

Esa crítica la hace nuestra compañera Lucía Barbudo, y cuando las ha publicado en prensa las firma como Carla Boyera.


LA LOBA (The little foxes, 1941)


Bette Davis en ‘La Loba’ de William Wyler




La industria de Hollywood nos ha colado, y nos sigue colando a través de su vasta y extensa producción de películas, toda una serie de clásicos patriarcales que hemos ido asumiendo socio-culturalmente como parte de una colección de verdades indiscutibles que prescriben cómo es el amor, cómo son las relaciones inter e intra personales, cómo son los hombres y cómo son las mujeres; así, con esa desfachatez de plural. La industria de Hollywood es la mayor producción de clichés que existe. En esta película, dirigida por un hombre, vamos a encontrarnos con un personaje femenino protagonista, que, a primera vista -y quién sabe si tiene algo que ver el hecho insólito de que el guión sea obra de una mujer llamada Lillian Hellman- se sale del estereotipo de los personajes femeninos. Regina Giddens (Bette Davis) encarna a una mujer dominante, cruel, dura, fría, jefa de su casa, en definitiva, lo que podríamos considerar una rebelde del mandato de género con características nada asociadas a la feminidad y cuyo principal rasgo es sin duda alguna la ambición. La ambición de amasar pasta y poder, terreno clásicamente de exclusivo dominio masculino. 

A pesar de que Regina performa la feminidad maravillosamente en esos vestidos de mujer decente y puritana de manual -e incluso la vemos en un par de escenas maquillándose y untándose cremajes para aparecer ante los machos- y a pesar de presentar un cuerpo de maniquí que encaja a la perfección con el canon que marca el gusto de la época de tener la cintura de una niña de cinco años, Regina está muy lejos de ser una mujer-complemento o mujer-adorno: Regina es la anti-esposa y la anti-madre. No es una baba maternal, ni una esposa complaciente, no se muestra cariñosa con nadie, no se sacrifica, y, salvo alguna risotada en sociedad, no sonríe ni un solo minuto de la película. Sonreír es el gesto destinado a premiar a las felices y Regina es, a pesar de su éxito de mujer lista y poderosa, una perdedora. Regina cae tremendamente antipática dentro y fuera de la película y es retratada, como diríamos si habláramos de la amiga de una amiga, como una gran hija de puta. Y debe ser así, Regina no puede salir victoriosa porque se ha desviado del mandato patriarcal y eso tiene un precio: es una mala mujer, y sólo las buenas mujeres tienen el cielo ganado en Hollywood.

Resulta muy interesante ver cómo Regina es castigada por lo que en otras películas los hombres son elevados y admirados en sociedad. Ella triunfa en su ambición, pero no escapa al castigo de la soledad (soledad de madre, soledad de esposa, soledad de hermana y soledad de amigas) que el patriarcado reserva a las malas: pese a (o quizás por) ser una mujer rica y de fuerte temperamento, Wyler no deja pasar la ocasión de escarmentarla.

El maridaje siempre afortunado entre capitalismo y racismo (la película está ambientada en el año 1900 en el sur de los Estados Unidos) ocupa un segundo plano en la historia, pero resulta imprescindible para entender toda la trama y la ruptura definitiva entre madre e hija, que se produce cuando la joven Alexandra (Teresa Wright) se enfrenta a su madre espetándole que no va a quedarse mirando mientras ella se hace rica, ahora que ya ha comprendido que una fortuna se hace a costa de la explotación de les demás.

Podrida de dinero pero podrida por dentro; despreciada hasta por su propia hija, que es el desamor que más puede castigar a una madre. Ni siquiera la salva su voluptuosidad ni su exuberancia, cualidades físicas que salvan a muchas mujeres; Regina no se presenta en ningún momento como una mujer deseada: sus curvas no la hacen objeto de atracción ni de deseo de la mirada masculina, que también nos ha dado histórica y tradicionalmente un valor como cuerpos. Ni el director ni el patriarcado quisieron que Bette Davis interpretase a un personaje que se nos apareciera como una mujer dueña de su capital erótico, sensual, deseante y deseable, su poder nunca fue sexual. Suponemos que al ser una mujer desprovista de todo tipo de sentimentalismo, en la factoría del amor romántico que es ese Hollywood de herencias puritanas, amor y sexo son realidades indisolubles.

Regina es un personaje femenino diferente que, en un primer análisis, podríamos pensar que merecería un ‘Gracias’ a la industria de Hollywood por no habernos traído otra ñoña más, pero afilando la lupa vemos que es una mujer maldita que no se libra de la losa patriarcal.

Así pues, el clásico 'La loba', cuyo título original no deja de tener su chiste en español (‘The Little Foxes’), es el cásico de la perfecta zorra descrita y proscrita en el patriarcado. En FilmAffinity tiene una nota de 8.1. Vamos a darle un 10/10 porque cumple a la perfección las expectativas machunas que cabría esperar del cine hollywoodiense.

Para ver la película:

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'Carrie' (1976 )

La Carrie de Brian de Palma: de la menstruación al monstruo


La menstruación es un acontecimiento que el patriarcado nunca ha pasado por alto. Tanto es así, que la religión (en esta historia la católica) es el altavoz a través del cual se narra el rito del paso de niña a mujer, no por casualidad asociado al pecado, a la desgracia y a la peligrosidad. La regla es un acontecimiento biológico-político importante porque trae asociado el peligro sexual; la menstruación funciona como un marcaje corporal que introduce en la ecuación la sexualidad de las mujeres, pues es a partir de ese momento que podemos quedar embarazadas. Este peligro, articulado en el imaginario colectivo en torno a la deshonra o la mujer-puta, es el que va a justificar el control y la vigilancia del cuerpo femenino, vigilancia que va a llevar a cabo el personaje de la madre de Carrie como excelente portavoz de esa alianza hasta ahora imperecedera entre patriarcado y religión.

La fecha de estreno de esta película que nos cuenta, fundamentalmente, la primera regla de Carrie, data de 1976, y la obra homónima en la que de Palma se basó, fue escrita por Stephen King en 1974. Por esas fechas, el feminismo occidental blanco vivía ya su segunda ola, pero ¿qué le importaban a Brian o a Stephen las olas del feminismo o lo que las mujeres tenían que decir sobre su propia sexualidad o cómo las mujeres estaban creando sus propias narrativas? Nada. Porque en el arte, el universo-onvre se ha dedicado de toda la vida a hacer obras tomando como objeto, nunca como sujeto, a las mujeres y sus vidas: esta es, una de tantas, una película contada desde la óptica masculina, esta es su versión.

Así pues, Brian y Stephen decidieron que la menstruación de Carrie fuera un hecho traumático que la adolescente debía vivir con violencia por partida doble, como llevan las mujeres viviendo históricamente las violencias: en el ámbito privado y en el público, dentro de casa y fuera en el instituto.

Con lookazo de los setenta, pelos rizados, pantalones de campana y maravillosa música que te astilla los nervios al más puro estilo 'Psicosis', la película retrata a la perfección la patriarcal dicotomía histórica entre santas y putas, exitoso binomio que perdura hasta nuestros días, a pesar de los esfuerzos políticos de los colectivos feministas de trabajadoras sexuales.

La bruja con poderes sobrenaturales sobrevuela durante toda la película en la transformación de la Carrie-niña a la Carrie-mujer: al principio Carrie se nos aparece como una loser: una niña asustadiza, tímida, retraída, sin amigas, ‘rara’ (en sus propias palabras) con dificultades para encajar en la tiranía misógina de ese instituto-laboratorio-social. El paso en ese binarismo maniqueo de niña-omega a mujer-alfa comienza con la invitación de Tommy para ir al baile de fin de curso (evento altamente heterosexual, por supuesto), momento en el que vemos a una Carrie contenta, sonriente y entusiasmada por primera vez. Stephen y Brian entienden que es en ese momento cuando estamos contentas, sonrientes y nos entusiasmamos: cuando la mirada masculina por fin nos ve. Cuando Carrie y Tommy son elegidos la pareja del baile, Carrie, devenida mujer-alfa de pleno derecho, sube a recoger su premio con su príncipe: los aplausos que suenan la elevan por un instante a la categoría de la elegida, ya es una winner, el sueño adolescente americano cumplido.

Como pasaba con las brujas, el castigo que está reservado a Carrie debe ser público, cumpliéndose así la maldición de la madre (“Se van a reír de ti”) y sobreviniendo el recuerdo de la menstruación, esta vez materializado en una auténtica y literal ducha de sangre. De vuelta ya en casa, y habiendo dejado todo un reguero de cadáveres detrás tras desatar su asesina furia vaginal, la virgen ensangrentada Carrie mendiga el abrazo de su madre mientras ésta, feliz por primera vez, nos confiesa por fin, el motivo de su predilección por las narrativas del pecado: ella disfrutó sexualmente cuando Carrie fue concebida y es su hija por lo tanto el recuerdo vivo del placer de la carne que la atormenta. De hecho, una creencia popular, transmitida por las monjas con frecuencia a las niñas en colegios religiosos, era que sólo podías quedarte embarazada si en la experiencia sexual, la mujer experimentaba placer.

Lo verdaderamente fascinante del asunto es que dos personas de genitalidad masculina, Stephen y Brian, que presuponemos nunca han menstruado, se hayan lanzado a contar cómo se desarrolla la narrativa partiendo del hecho biológico de que a una adolescente le venga la regla. Y no una narrativa cualquiera; una historia de terror, de violencia, de misoginia y de baile de fin de curso con, naturalmente, mucha sangre. Cuerpos menstruantes que me lean, no dejen de ver este clásico de terror patriarcal, si es en un día fuerte de regla mejor, no tiene desperdicio.


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