lunes, 23 de agosto de 2021

HABLAN MUJERES MUSULMANAS

 Boushra Almutawakel fue honrada como la primera mujer fotógrafa yemení en 1999

Le damos voz a cuatro mujeres que coinciden en que son las mujeres musulmanas las que deben hablar de su situación y no otras arrogándose como 'sus salvadoras'.

Breve reflexión de Fatima Tahiri sobre la crisis política, humanitaria y la violación de derechos humanos que vive actualmente el pueblo afgano y de cómo está reaccionando el feminismo blanco occidental:

«La situación de crisis política, humanitaria y la violación de derechos humanos que vive actualmente, por desgracia, el pueblo afgano nos coloca en la vieja posición discursiva donde el islam se convierte en la fuente de todos los males. Las lecturas culturalistas basadas en prejuicios racistas e islamófobos no sólo nos coloca 20 años atrás, como Afganistán, sino que nos muestra que las cosas nunca han cambiado para lxs otrxs. Basar toda la problemática de la cuestión Afgana en el islam no es sólo islamófobo y racista sino que deniega la agencia política de los y las afganas como sujetxs politicxs. No son más que musulmanxs que lidian con una religión que les oprime sin tener en cuenta la historia, el colonialismo, la intervención internacional y las características sociales del pueblo afgano.

Nuevamente nos vemos inmersos en las dinámicas racistas e islamófobas donde se apunta a la comunidad musulmana y donde el discurso de la 'salvación de las mujeres musulmanas' se convierte en el eje principal tal y como sucedió en el colonialismo. El uso de la mujer musulmana y su cuerpo ha sido una estrategia colonial para someter a los pueblos y hacer un lavado a las atrocidades y crimines de guerra cometidos durante la colonización.

El mismo modus operandi se utilizó en la invasión de EEUU en Afganistán que más allá de mejorar la situación de la mujer, la empeoró.

Hablar por las mujeres musulmanas es violencia, anular su capacidad intelectual y política es violencia, posicionarte como blanca salvadora es violencia y es una opresión constante con la que muchas tenemos que lidiar. La variante racial y religiosa hace que se suspenda nuestro papel como mujeres y que seamos vistas sólo como pueblos inferiores que hay que salvar y civilizar, negando todo tipo de sororidad y exaltando todo un imaginario supremacista blanco.

La cuestión afgana salpica a toda la comunidad musulmana debido a que el racismo hace que todo sea considerado como un bloque homogéneo, nada más lejos de la realidad. Solo somos [para ellxs] musulmanxs y no somos personas.»




  • Puedes oírla recitar su poema 'Yo soy la otra, que solo quiere ser' y ver las imágenes que lo ilustran en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=rQJUEff0iwI
Fatima Tahiri, española de padres marroquíes. Licenciada en Estudios Árabes e islámicos por la Universidad Autónoma de Madrid. Máster en estudios árabes e islámicos contemporáneos en la misma universidad. Actualmente desarrollando su tesis doctoral sobre 'Religiosidad y prácticas religiosas en los jóvenes musulmanes de España: el caso de los jóvenes de origen marroquí'.
Ha sido investigadora pre doctoral en el Departamento de estudios árabes e islámicos de la UAM y ha trabajado también como investigadora en el Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos.
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Boushra Almutawakel, fotógrafa yemení, Su trabajo aborda la percepción internacional sobre árabes y musulmanes, centrándose en particular en la percepción internacional sobre los temas de género y en las representaciones de las mujeres musulmanas/árabes y su vestimenta.​​​
Es autora de la imagen que se ha viralizado con la llegada de los talibanes a Afganistan, una serie que muestra la transformación de una madre musulmana, su hija y una muñeca. La obra fue creada en 2010 y, 11 años después, en medio de la crisis de Kabul, ha vuelto a circular ampliamente.



En una reciente entrevista, si bien se alegra de que su trabajo tenga repercusión en el mundo, cree que ha sido mal interpretado y utilizado como una forma de criticar al islam y el uso del velo (o hiyab).
Se expresa así:

«Mi trabajo no es sobre el Islam, es sobre el extremismo. Se trata de la misoginia patriarcal, que no solo se encuentra en el mundo musulmán y árabe, está en todas partes.Y yo no estoy hablando por las mujeres afganas. Ellas pueden hablar por sí mismas. Creo que la gente debe escuchar y no hablar en su nombre.»

Y continúa: «Y eso es lo que pasa con Occidente. Sé que es por buena voluntad, pero también queremos salvarnos a nosotros mismos y tenemos voces. Occidente no puede seguir hablando por nosotras. Las mujeres afganas necesitan hablar. Y estoy segura de que lo harán. Ellas tienen voces, son fuertes.»

Sobre el papel de Occidente es contundente y reitera: «Occidente no necesita salvarnos. Y, en todo caso, Occidente nos ha destruido. Los talibanes fueron creados por Estados Unidos para que pudieran luchar contra los soviéticos. Y le dejaron a los talibanes al pueblo afgano. ¿Quién los necesita? ¿Qué clase de mundo es este? Ojalá Occidente se mantuviera fuera de nuestros países, incluido el mío. Han destruido el Medio Oriente en todos los aspectos.»

Puedes leer la entrevista completa en este enlace:
Afganistán | "No todas las mujeres que usan el hiyab están oprimidas": Boushra Almutawakel, autora de la imagen que se viralizó tras la irrupción del Talibán

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Leyendo a estas mujeres nos damos cuenta de que las feministas blancas tenemos grabado a fuego que nosotras nos ponemos bikinis porque queremos y las musulmanas se visten así porque las obligan. El «ellas» y el «nosotras» son los pronombres básicos que constituyen la sintaxis destinada al pensamiento racista/ imperialista/ colonial y que muchas veces se airean con la soberbia y la arrogancia de quien cree estar en el lado adecuado del feminismo (uno, blanco y libre).
   
Las mujeres feministas musulmanas son de obligada lectura para empezar a pensar(nos) desde un lugar menos asqueroso como femiListas. También nos sirve para aprender leer las publicaciones y destellos de lucidez de Wadia N Duhni sobre qué podemos hacer las blancas con toda esta bola de violencia que en realidad nos pilla bien de cerca en nuestras ciudades, barrios, edificios y ascensores. Las que tenemos hijxs tenemos trabajo para que en nuestras semillas no crezca ni se perpetúe el odio hacia la otredad. 

Lo escribe así Wadia en su muro de facebook: «Muchas me habéis escrito en los últimos días preguntándome, desde vuestra posición de privilegio, cómo podéis apoyarnos. Yo siempre digo lo mismo: USANDO ese privilegio. Si presenciáis cualquier tipo de ataque o agresión racista a cualquier persona migrante o racializada, en CUALQUIER espacio (en el trabajo, en la cola del supermercado, en la plaza, en el banco, en el bar con los colegas, en la uni, en las playas; donde toque); MOJAROS. Señalad con el dedo. Que todo el mundo lo vea. Que el agresor o la agresora queden abiertamente identificados y rechazados. Si no tienen vergüenza, hacédsela sentir. Sin tapujos. Sin medias tintas. Con total parcialidad. Mirad a los ojos. Grabad los hechos. Ofreceros como testigos. Acompañad. Denunciad. ¿Hasta cuándo? Hasta que los paremos. Hasta que este aparato racista colonial sea desmantelado por completo. Abrazadnos. Sostenednos. Nada en el mundo es más empoderador ni más electrizante que alentarnos unas a otras. Que sentirnos. Que estar. Protejámonos. Amémonos luchando por lo justo desde nuestro lugar en el mundo. Bailemos al son de esta –nuestra– revolución.»

Y en otro momento: «¿Podéis dejar de compartir las imágenes en minifalda de las mujeres afganas como símbolo de progreso? Y revisaros un poco de paso. Ni desvelarse ni occidentalizarse son un símbolo de progreso. Tener libertad para hacerlo –si se quiere–, sí; pero nada que ver con esto». 

En Instagram, de @princesayleonadelatlas queremos compartiros su acierto al señalar que el odio hacia las personas trans viene del mismo lugar que el odio hacia un hiyab y que aunque se vista de morado, fascista queda. Ella habla de 'dogmatismo neocolonial' y alerta del peligro de 'predicar odio' hacia la otredad desde un discurso supuestamente feminista.
Mujeres que necesitan protección, ayuda, mujeres desvalidas, mujeres-víctimas, mujeres que necesitan unx salvadorx (por supuesto blancx) son maneras de nombrar(nos) sacadas del Manual del Patriarcado. No repitamos con nuestras compañeras las mismas lógicas que tiene el patriarcado con nosotras, las feministas blancas occidentales, las empoderadas y liberadas por antonomasia. Abandonemos esa actitud infantilizante y paternalista, ese feminismo asistencialista y oenegero.

Gracias de verdad a todas las feministas musulmanas que están publicando estos días (y no sólo) para explicarnos incansablemente todo lo que todavía no entendemos.

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miércoles, 18 de agosto de 2021

Frente al ecocidio en el Mar Menor es la hora de actuar: Llamamiento al boicot de la agroindustria murciana

 


Ante el nuevo episodio de anoxia (falta de oxígeno) en la laguna del Mar Menor con la aparición de miles de peces muertos volvemos a asistir perplejos e indignados ante el ruido y confusión originados por la intoxicación mediática respecto a las posibles causas y el enfrentamiento político entre los diferentes grupos de la partitocracia que desde las diferentes administraciones pretenden responsabilizar hipócritamente al adversario político mientras su gestión política demuestra reiteradamente que son cómplices por acción u omisión, corrupción incluida, del ecocidio perpetrado en el complejo y frágil ecosistema marmenorense.

Como títeres al servicio de los poderes fácticos, los oligarcas, la agroindustria y las multinacionales, continúan mareando la perdiz con vacíos y falaces argumentarios políticos mientras unos pocos se lucran destruyendo el patrimonio natural de la Región de Murcia.

Unas pocas empresas en el campo de Cartagena explotan intensiva y, muchas veces, ilegalmente, los recursos naturales produciendo frutas y verduras a gran escala mediante fertilizantes y plaguicidas. Esta es la principal razón de que el acuífero y la laguna reciban cantidades ingentes de nitratos y otros productos sintéticos, tóxicos y cancerígenos que ponen a la laguna al borde de su virtual destrucción infligiendo daños probablemente ya irreversibles.

Por otro lado, nos enteramos de que el probable cacique mayor de la Región de Murcia, la intocable familia-saga de los Fuertes con su buque insignia El Pozo Alimentación radicado en Alhama, ha adquirido la isla Perdiguera, en pleno centro del Mar Menor.  No nos parece descabellado que prevea que cuando la laguna haya colapsado totalmente tal y como está, se proyecte sobre su área-entorno  un megapelotazo urbanístico con la expansión insostenible y antisocial del modelo de negocio de los infames y absurdos campos de golf, esos mismos que en una tierra con grandes limitaciones hídricas crecieron como setas de forma irracional y antieconómica y que ahora muchos de ellos quedaron fallidos.

Estos negocios con la complicidad de la mafia política y bancaria coadyuvaron en el colapso de entidades bancarias como Caja Murcia, rescatada posteriormente como Banco Mare Nostrum, absorbida por Bankia que, a su vez, fue  rescatada por el Estado con la consiguiente pérdida estimada de unos 22.426 millones de euros solo para reflotar esta última, y la CAM, Caja de Ahorros del Mediterráneo, también malvendida y absorbida por el Banco Sabadell por un precio simbólico de 1 euro después de haber sido saneada y rescatada a través del Fondo de Garantía de Depósitos y del Frob con unos 26.302 millones de euros.

También, esta familia-saga pretende ampliar su negocio con la implantación de una nueva macrogranja en los aledaños de Yecla. Ante la movilización social del pueblo, los permisos para la instalación de este modelo de negocio depredador y sumamente contaminante están a punto de concederse en territorio de la provincia limítrofe. El mercado chino demanda cerdo en grandes cantidades y los Fuertes amplían su producción para satisfacer dichas necesidades. Mientras, los Fuertes se enriquecen, contaminan por encima de nuestras posibilidades, maltratan animales y esclavizan a sus trabajadores en su megafábrica de Alhama de Murcia.

Volviendo al campo de Cartagena -sabiendo algunas de las interrelaciones de negocio en la Región de Murcia- podemos pensar que cuando toda esta zona quede improductiva por la erosión, contaminación y degradación medioambiental, estas multinacionales trasladarán sus explotaciones a otras latitudes habiendo arrasado el territorio y la costa con sus obsoletas prácticas agrícolas. No les importa. Entonces, ya vendrán otras  iniciativas quizá de los campos de golf que apuntábamos, para seguir la explotación insostenible y degradante de la zona.

Mientras perpetran estos crímenes ecológicos con la aquiescencia de los diferentes poderes políticos, administraciones, entes e instituciones, incluida parte de la comunidad científica, fondos de inversión están ya invirtiendo e implantándose por todo el Noroeste para despojar a los pueblos de la comarca y sus pobladores de sus codiciados recursos naturales y fertilidad. Una vez amortizado y abandonado el campo de Cartagena, el turno siguiente le toca al norte de la Región para continuar depredando y monetizando el patrimonio común.

Ante este estado actual de las cosas, solo nos dejan una alternativa: pasar a la acción, señalar al Grupo Fuertes y las multinacionales de la agroindustria como los culpables de los mencionados crímenes con el colofón del ecocidio del Mar Menor.  Estos caciques deberían confesar ante la opinión pública sus perversas intenciones de enladrillar y “engolfar” la contaminada laguna y  renunciar a su depredación económica, cambiar de rumbo, aplicar el conocimiento científico acumulado e implantar un modelo de desarrollo agroecológico sostenible medioambiental y socialmente. No pensamos que vayan a hacerlo, por tanto la sociedad civil tendremos que  someterlos  como consumidores a un boicot permanente de sus productos, una persecución implacable en los tribunales y una respuesta social contundente confrontando a los verdugos que por su avaricia sin límites pretenden destruir toda la Región de Murcia con la inestimable colaboración del poder político, mediático, policial y judicial de esta actual corrupta democracia.

Finalmente, desde la sociedad civil autoorganizada al margen de siglas políticas mafiosas afirmamos que los únicos cerdos que merecen terminar en el matadero son los culpables arriba mencionados: empresaurios, banqueros y politicuchos a su servicio. Y advertimos que sin justicia ecosocial no habrá paz.

Colectivo de Liberación Agroecológica de la Región de Murcia

Isla Perdiguera 

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miércoles, 4 de agosto de 2021

La varita mágica del miedo y su combo ganador: miedo+represión



Sin duda alguna el éxito rotundo del cumplimiento de las medidas COVID19 se debe a la exhaustiva, precisa, meditada y perfecta campaña del miedo que se ha orquestado desde los distintos gobiernos globales y sus tentáculos televisivos.
    
La varita mágica del miedo y su combo ganador: miedo+represión.
     
Sin miedo no se hubiera obedecido sin argumentos como se ha hecho. (No había argumentos porque no había información, así de sencillo). Sin miedo no se hubieran obedecido las contradicciones ni las incoherencias. Sin miedo no hubiéramos aceptado jamás que nuestrxs hijxs hubieran sido maltratadxs por el Estado, como ha pasado. Sin miedo no hubiéramos consentido jamás que se criminalizara a nuestrxs adolescentes y jóvenes. Sin miedo no nos habríamos alejado o enemistado con personas de nuestro entorno analógico o virtual.
    
El miedo trajo la presión social. Personas que nunca hubieran opositado para policías (otras muchas sí lo hubieran hecho con gusto) se dedicaron a policiar las vidas de lxs demás. La presión social se empezó a hacer selfucks con mascarillas fashion que se mostraban en las redes sociales donde el autobombo empezó a generar un relato fotográfico de la responsabilidad, el archivo visual de las buenas personas: la invitación estaba hecha para compartir e imitar la correcta higiene personal por la salud social, muchos likes para la perfecta visualización de la campaña narcisista-individualista pero esta vez maquillado y usando los filtros de belleza por el bien común y lo colectivo.
     
La presión luego trajo una segunda convocatoria a examen social: la de las vacunas. Las redes empezaron (y siguen) inundándose de personas haciéndose fotos poniéndose esos chutes en fase experimental, que la prensa rosa del cotilleo del Poder ha convenido llamar «vacunas».
Las buenas personas,
las personas responsables,
las personas solidarias,
las personas modélicas,
lxs candidatxs a ser ciudadanxs del mes.
    
Sin miedo al señalamiento social no se haría nada de esto, no se tendría nada que (de)mostrar, nada que probar, nada que justificar. Sin señalamiento yo no tendría la sensación de vivir como si fuera un personaje de la película 'La invasión de los ultracuerpos'.
     
Una dosis, otra, ahora dicen que si una cepa nueva, una tercera variante para la ensaladilla y habrá una tercera dosis, por qué no una cuarta. Me parece estar oyendo desde aquí la caja registradora, clin-clin, de las farmacológicas, me parece estar oyendo desde aquí las lógicas castigadoras, fascistas y punitivistas que nunca tienen suficiente, they just can't get enough, necesitando renovar la dosis para esta nueva cepa de fascismo.
    
Ya no se puede hablar de libertad porque Ayuso ha hecho una reapropiación del sustantivo y vivimos en ese momento de la historia en el que todo parece ser un meme. La ultraderecha se ha apropiado de la palabra «libertad» convirtiéndola en un hashtag vacío de contenido político y lleno de memez. Lo peor de todo es que ha sido «la izquierda» la que lo ha hecho viral. Lo peor de todo es que si se nos rompieran las comillas de los teclados de los móviles y de los ordenadores, ya no podríamos hablar de «la izquierda» sin mentir. Lo peor es que estemos revisitando una y otra vez, como en la peli esa del día de la marmota, la frase que popularizó la fascista de Margaret Thatcher de que «No hay alternativa».
  
Estamos atrapados en el tiempo de los miedos y las amenazas que se repiten. El miedo -y su consecuente amenaza- son la base de las fobias que funcionan construyendo un enemigo gracias al cual se crea el sentimiento de pertenencia a un grupo. O estás dentro o estás fuera. Sucede así con el racismo también. Esas mismas lógicas están operando en los relatos coronavíricos donde las personas que manifestamos nuestro rechazo frontal a las medidas COVID estamos siendo construidas como terroristas víricos, sembrando la sospecha de peligrosidad y atentando contra la salud de lxs demás (o contra el sistema sanitario). Al igual que pasa con el terrorismo, se busca como solución la reducción del espacio de movilidad implementando fuertes políticas de control, vigilancia y seguridad. Esto es el pasaporte COVID: la prohibición del libre tránsito en los distintos espacios.
   
Tampoco se puede levantar una ceja porque vivimos en ese momento de la historia en el que el meme eres tú, sin importar lo que argumentes o razones porque ya todo el mundo ve salir platillos volantes de tu boca donde tú crees estar articulando un pensamiento crítico, una crítica al Sistema, una duda razonable, incluso, diría, un miedo.
    
El miedo es territorio COVID y yo no puedo tener miedo porque dicen que soy como la protagonista reptiliana de la serie de los años noventa «V» y yo quiero reapropiarme del miedo y decir:
me da miedo que mis hijxs y lxs hijxs de lxs demás tengan que no-respirar dentro de una mascarilla,
me da miedo la vacuna con todas sus dosis, me dan miedo las personas que llevan un pequeño fascista sentado en el hombro y repiten todo lo que el pequeño fascista les susurra,
me dan miedo las medidas COVID que atentan contra la salud de mis derechos y libertades,
me da miedo que las ocurrencias del fascista Macron sean altamente contagiosas,
me da miedo la gente que ha dejado de vivir para no morir,
me dan miedo lxs activistas de los márgenes políticos y la disidencia con distintos estampados de mascarillas y fotolog de vacunas,
me dan miedo las feministas calladas porque papá Estado está hablando y no hay que interrumpir,
me dan miedo las personas antirracistas sin articular discurso contra Estado covid-colonial,
me da miedo el hashtag #QuédateEnCasa como un horóscopo perverso que vaticinara esta parálisis político-social,
me dan miedo las madres que confinan a sus hijxs,
me da miedo que no se hagan autopsias desde marzo 2020,
me da miedo la iatrogenia,
me da miedo el pasaporte COVID como un marcaje, un número tatuado en Auschwitz, un nuevo triángulo, una nueva forma de segregar, un apartheid, un requisito para transitar el espacio público, quién sabe si un requisito para transitar las relaciones personales.
    
Me da miedo todo eso pero me doy cuenta de que mi miedo no está legitimado, el miedo no es mío, yo sólo soy la caricatura, la burla, el insulto, con suerte la indiferencia o el silencio. El miedo es copyright de la gente que se pone la mascarilla, que encerró a sus hijxs durante el confinamiento, que hace cola para ponerse la vacuna y fotos que lo testimonien. La foto es el certificado mientras esperan que se imponga la obligatoriedad del otro certificado.
    
Pero no dicen «tengo miedo» dando así la razón y el éxito a la campaña del terror que lleva presagiando la muerte de todxs lxs que todavía no nos hemos muerto desde marzo de 2020. No. Dicen «por mí y por todos mis compañeros» y juegan a ser solidarixs y buenas personas mientras se sigue oyendo el clin-clin de la caja registradora y los votos de papel mojado caer dentro de las urnas. No dicen «tengo miedo» porque dicen «soy responsable» y llenan sus redes sociales de responsabilidad. También se han apropiado de eso y la responsabilidad ya tampoco es mía.
    
Llevo un tiempo pensando en cómo los políticos utilizan el término inmunidad «de grupo» para hablar en los medios. Muy al principio decían inmunidad «de rebaño».
Alguien tuvo que decirles que dejaran de usar eso.
Llevo un tiempo pensando en el terrible acierto del término inmunidad «de rebaño».

Lucía Barbudo
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Artículos que reflexionan en la misma línea:

Pase sanitario, una barbarie inaceptable. Por Giorgio Agamben (1943), filósofo y jurista italiano, autor de innumerables libros como Estado de excepción, Homo Sacer. El poder soberano y la vida desnuda, etc. Se ha mostrado muy crítico con la gestión de la crisis del coronavirus, y en su libro La epidemia como política (julio, 2020) expone sus reflexiones al respecto.

mpr21: Comunicado de las juventudes comunistas de Marsella contra el pasaporte sanitario


Libro recomendado: Covid-19 La respuesta autoritaria y la estrategia del miedo



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miércoles, 21 de julio de 2021

¿HAN SIDO LAS PERSONAS MIGRANTES HOMENAJEADAS COMO VÍCTIMAS DEL COVID?



Hace un año (19.07.20) se convocaron concentraciones por todo el Estado expañol* para exigir la #regularizaciónYA de las personas migrantes, personas que nos recordaron a la población blanca confinada y aterrorizada que ellxs no habían dejado de trabajar a pesar de estar también aterrorizadxs por el virus y con más razones, pues las medidas sanitarias no habían llegado a los barracones de condiciones infrahumanas donde vivían. «Trabajar» es un verbo usado por la neolengua del Poder para evitar decir vivir explotadxs en un régimen de semiesclavitud que sacaría los colores de la vergüenza a cualquier país que se vanagloriara de tener un Estado de Derecho o una democracia avanzada.
Efectivamente, la policía (la de verdad, no mi vecino ilusionado durante la pandemia con su recientemente adquirida autoridá) se paseaba con sus coches y motos por las playas donde se bronceaba la blanquitud para comprobar que llevábamos las mascarillas puestas pero no fueron a apatrullar el campo de Cartagena ni los invernaderos de Almería a ver cómo vivían o trabajaban esas personas.
Estoy francamente hasta el coño de que constantemente se resignifiquen palabras como «responsabilidad» o «solidaridad» y que se las vacíe de su contenido político para llenarlas con manipulación baratera y sensiblera.
    
El otro día se televisó un evento esperpéntico que llevaba por título 'HOMENAJE A LAS VÍCTIMAS DEL COVID' donde se volvía a machacar con el lenguaje machobélico que las instituciones del Poder llevan usando como un mantra desde el principio: «ganar la batalla» al virus y «los héroes» de la pandemia son frases que ni en el imaginario colectivo (blanco, racista) ni en los altavoces mediáticos (blancos, racistas) se han referido ni por un segundo a las personas migrantes ni a la imprescindible labor que desempeñan en nuestras vidas y en nuestro bienestar.
    
El Estado expañol, que todavía hoy NO VACUNA a la población migrante sin papeles y que deja morir personas en el Mar Mediterráneo y que tiene vigente una Ley de Extranjería que es criminal y contraria a todo lo que tiene que ver con la solidaridad entre fronteras, es el que se erige como máximo altavoz para dar lecciones sobre solidaridad. ¿Te imaginas a todos los expañoles solidarios, a todos los expañoles indignados por la negativa a vacunarnos de algunxs de nosotrxs haciendo campañas desde sus redes sociales para que vacunen a la población sin papeles? ¿Te imaginas los comentarios de los murcianos solidarios, los murcianos pro-vacunas con los centros de salud y los hospitales públicos con las salas de espera llenas de migrantes esperando su dosis? Con la Región de Murcia a la cabeza de agresiones racistas, es fácil imaginar lo que un racista entiende por «solidaridad». Aún con una pandemia, aún con las desigualdades y la discriminación más patentes que nunca, todavía habría indignación y malestar y hasta protestas y más violencia si los «solidarios» se sintieran «invadidos» en sus centros de salud por «los otros». Son los neosolidarios los que manipulan el concepto de solidaridad para vomitarlo en sus redes sociales de la indignación desde parámetros racistas, xenófobos y clasistas. Porque la solidaridad y los héroes de la pandemia ya sabemos cómo se articulan en el imaginario colectivo y por si alguien no lo ha pensado sólo tiene que encender la tele y ver de quién se habla, a quién se nombra para que exista, hacia quiénes van las gracias y quiénes son merecedores de los aplausos.
    
Como colofón final, el teleñeco del rey tuvo también su participación en ese lavado de cara televisado a la sanidad pública para performar un discurso aparentemente sentío y de paso ir limpiando también poco a poco los robos de la corona. A ver si se nos olvida que se hereda el Reino pero no se heredan las deudas, hasta eso es privilegio de la monarquía; la impunidad es el verdadero sello de la Casa Real.
No hay manera de ver la televisión cinco minutos sin sentir verdadera vergüenza y asco por este país.
#1año #regularizaciónya #solidarios #provacunas

Lucía Barbudo

*Nota aclaratoria de Lucía Barbudo: frase-pensamiento de la lingüista Yásnara Elena Aguilar Gil: «lo lingüístico es político»."Escribo expaña en minúscula porque así me parece que son las patrias: minúsculas. Escribo expaña porque no le tengo respeto a este país de pasado y presente colono que sigue rindiendo homenaje al expolio y al genocidio. Escribo expaña porque me divorcio de aquí y de todos los expañolos. Escribo expaña como una manera de hacerme extranjera de todo lo que no me representa."
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domingo, 18 de julio de 2021

Intento que el capitalismo ocupe sólo contenido crítico y que la masculinidad hegemónica se entienda como lo que es: un acting performativo, un chiste.


El día de la mani del Orgullo Crítico en Murcia fui, como no podía ser de otra manera, con mi hijo de 12 años.

Digo «como no podía ser de otra manera» porque esa es la educación que le estoy dando, ese es el edificio que estamos construyendo y estas son las conversaciones que tenemos. No somos socixs del Real Murcia, ni seguimos la Eurocopa, ni vamos a misa los domingos, ni transitamos escolarmente por colegios privados ni concertados ni escuelas neolibres. Tampoco vamos al Corte Inglés ni a los centros comerciales a pasar nuestro tiempo libre. Intento que el capitalismo ocupe sólo contenido crítico y que la masculinidad hegemónica se entienda como lo que es: un acting performativo, un chiste.
Algunxs dicen «lavado de cabeza» sin ver lavado de cabeza en comprar un uniforme del Real Madrid o en ir a clase de religión o en comprar una muñeca y un carrito o en decir «campeón» o «machote» o «princesa». Algunxs dicen «ideología» con algunas cosas y no con otras.
Quien quiera ver ideología en una cosa y no la vea en la otra es une imbécil, así de claro, una persona a la que se le da mal pensar.
El caso es, decía, que fuimos a la mani del Orgullo Crítico y le escribí por wasap a la madre de su mejor amiga para ver si la dejaba acompañarnos. La respuesta (negativa) fue, literalmente, que «no estaba de acuerdo con esas ideas».
Debí contestarle que no eran ideas, que eran PERSONAS y que es imposible, desde un punto de vista estrictamente humanitario, no estar de acuerdo con que existan determinadas personas.
Debí hacer pedagogía,
debí insistir,
debí argumentar.
A veces es que tengo la certeza de que al otro lado hay una pared. Y no hay nada peor que saber que al otro lado hay una pared.
El año que viene mentiré, porque la cría quería venir y su madre no la dejó, no la escuchó. El año que viene mentiré porque ninguna hija se merece un padre ausente de la educación de su hija y una madre que sea una pared.
Me traigo las palabras de Kim Pérez para señalar que el esencialismo es basura de la peor y que han pasado ya más de 20 años y hay peña que todavía no lo entiende.
«El mismo nombre de trans significa una bandera que no debe ceder el movimiento feminista en su más profunda expresión. Porque somos personas que visiblemente hemos transitado de una condición aún peor, más opresora, la clandestinidad, hasta esta mucho más tranquila. Nos hemos liberado. Somos mujeres que hemos tenido que ser reconocidas o nacionalizadas.

Somos un paradigma de la condición humana que todos pueden ver. Personas en proceso, en transición. Personas trans. Y este derecho al cambio social liberador, al no esencialismo, es lo que reivindica el feminismo para todo ser humano.»
Kim Pérez «¿Mujeres o trans? La inserción de las transexuales en el movimiento feminista». Ponencia presentada en las Jornadas Feministas Estatales de Córdoba de 2000.
(Cita extraída de «Transfeminismos. Epistemes, fricciones y flujos» compilado por Míriam Solá y Elena Urko)

Lucía Barbudo

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martes, 6 de julio de 2021

‘Boys don’t cry’: la violencia tránsfoba que no dejó a Teena Brandon ser Brandon Teena

 


El espejo es la primera prueba que hay que pasar cuando nos movemos en un sistema binario de género hombre/mujer. El espejo también son los ojos que tenemos enfrente, la mirada ajena en torno a la cual construimos sistemas sociales de pertenencia y validación. Esto lo sabe bien la veinteañera Teena Brandon (increíble la transmutación de Hilary Swank, que le procuró un Globo de Oro y un Óscar por su interpretación en esta película) que está intentando cambiar la mirada ajena para ser reconocido, legitimado y leído como Brandon Teena: en la oposición masculino/femenino, el binomio nombre/apellido también forma parte del juego del espejo donde el (des)orden sí afecta al producto. Como iniciado en el ritual de performar la masculinidad, Brandon Teena se corta el pelo, lleva un código de ropa masculino y adopta los movimientos y comportamientos asociados a la masculinidad hegemónica (cómo se sujeta un cigarro, cómo se bebe cerveza de la botella): cada gesto es un examen social, y esto incluye meterse en peleas para impresionar o defender a las chicas (son los noventa). La masculinidad, nota a pie de página, no sólo se performa desde los cuerpos con biopene ni desde los cuerpos trans FTM*, las biomujeres también podemos ser masculinas.

Resulta revelador observar cómo dialogan la homofobia y la transfobia cuando en la metamorfosis de Teena Brandon a Brandon Teena, su primo Lonny le dice: "Si fueras un tío de verdad, te follaría" y Brandon le responde: "Querrás decir que si tú fueras un tío de verdad, me follarías". Sencillamente sublime.

¿Qué es lo que hay que hacer si uno quiere empezar la andadura de un nuevo yo? Sin duda alguna cambiar de pueblo, y más si los pueblos son como nos lo muestra la directora y guionista lesbiana Kimberly Peirce en su ópera prima: circuitos cerrados donde las posibilidades de hacer prosperar los lazos sexo-afectivos se parecen bastante a cuando los perros corretean como en círculos tratando de morderse la cola. Son esos pueblos-jaula de los que todes les adolescentes sueñan con escapar. Los pueblos son normas y sistemas de pensamiento, son rutinas y costumbres que riman con herrumbre.

Mientras se desarrolla la película y avanza la historia vemos en qué consiste la comunidad/familia que conforman los personajes principales; ¿a qué grupúsculo socio-familiar ha ido a parar Brandon? Candace es madre soltera y performa la mística de la feminidad y la maternidad, John es la masculinidad que lidera, es el jefe, el macho alfa, es el portero que está en la puerta de la masculinidad pidiendo los carnés y vigilando la masculinidad ajena. Su papel es de padre/marido/hermano-mayor de Lana y con la madre de Lana, Juliet, mantiene una relación ambigua: cuando juega a ser el padre de Lana, se permite encuentros cargados de erotismo con la madre, mientras que cuando se piensa hermano mayor o novio puede operar como hijo adoptivo en la relación con la madre.

En el grupo va siempre Tom, no conocemos mucho de su historia pero sabemos que se autolesiona y es un personaje fundamental para reforzar y validar la masculinidad de John; Tom es el aplauso social que jalea todos los trucos y ocurrencias del circo de la masculinidad que John representa. Finalmente está Lana, una adolescente decadente y autodestructiva que odia su vida, tontea con el alcohol y las drogas y se mantiene precariamente trabajando en una fábrica de empaquetado de espinacas. Lana será la historia de amor romántico de Brandon, a través de ella nos llega la heterosexualidad de Brandon de manera inequívoca, alejándonos de una historia o drama bollero. Veintiún años antes de que se publicara la obra clásica sobre estudios queer de Judith/Jack Halberstam y diecisiete antes de que 'El manifiesto contrasexual' de Paul B. Preciado viera la luz, la frase "los verdaderos penes no son sino dildos", cobra sentido y consistencia en los encuentros sexuales de Brandon y Lana.

Brandon no es masculinidad macho-guionada y John es consciente de ello cuando le dice a Lana "¿Qué ves en él?" Entendemos que al macho le cueste ver qué hay de sexy en una masculinidad no-macha. Todavía hoy hay muchos intentando descifrar esas preguntas y todavía hoy la respuesta sigue siendo patologizar todo aquello que no se entiende. La transfobia tiene infinitas maneras de manifestarse a través de situaciones que se articulan como instituciones tanto sociales y culturales, como judiciales, policiales y médicas.

En el momento del film que desencadena el drama final suena de fondo Boys don’t cry de The Cure y pensamos que el amor todo lo puede y nuestro lado transfeminista quiere darle las gracias a Lana y besarle la frente por entenderlo todo tan rápido sin necesidad de haberse leído una línea, porque a veces ser un ser humano y respetar al otro no necesita de lecturas academicistas, pero en el entorno de Lana, por desgracia, las alarmas saltan de una manera mucho más trans-odiante y violenta: con la masculinidad de Brandon bajo sospecha, asistimos al juicio que se desarrolla entre el salón y el cuarto de baño de la casa de Juliet y su hija Lana. Como conclusión del mismo, las masculinidades de Tom y John se ven traicionadas y humilladas: una vez roto el pacto patriarcal entre hombres, la misoginia, la homofobia y la transfobia salen a borbotones en una escena de alta violencia donde la directora no nos quiere ahorrar nada como espectadorxs. En los códigos de honor entre machos, se lucha y se compite entre iguales, pero, ¿qué competición es esa contra un dildo de plástico que para colmo siempre está duro y erecto? Sucede así que las lógicas TERF confluyen con las lógicas machopatriarcales: el pene de verdad es el macho de verdad y lo demás son sucedáneos. "Todo esto es culpa mía" dice el labio roto de Brandon y podríamos decirle, colectivamente, como cantaron Las Tesis, que la culpa no era tuya, Brandon, ni de dónde estabas ni de cómo vestías. "Tengo una crisis de identidad sexual" es otra manera de decir: este pueblo y estas personas no están preparadas para asimilar mi libertad sexual ni corporal.

La película tiene algo de road trip y de Bildungsroman y nos muestra lo complejo que es buscar nuestro camino en la época convulsa de la post-adolescencia, máxime si eres un joven trans de apenas 21 años en el marco de una Norteamérica rural retrógrada, ignorante y cateta. Una película dura sobre todo porque no es una película, es una historia real**. Han pasado casi treinta años desde la violencia contra Brandon Teena y los discursos de odio contra las personas trans siguen intactos.

Por Carla Boyera

*FTM: female to male (de chica a chico por sus siglas en inglés)

** Para escuchar los testimonios reales de las personas que inspiraron los personajes en la película podéis verlo aquí (está en inglés y sin subtitular)

 


miércoles, 30 de junio de 2021

Las luchas feministas son TRANSversales

Feminismo transversal

Por Lucía Barbudo
AntiRepresiónRM

En los feminismos no todo vale. Y no se trata del discurso ese simplón y farfullero de oh, me vas a quitar el carnet de feminista, no. Se trata de entender y asimilar epistemológicamente el recorrido histórico-político de las luchas feministas y dejarnos este hábito que tenemos de, bajo el falso pretexto del buenismo de la pluralidad, aceptar lo inaceptable. Con la intolerancia, tolerancia cero, deduce el filósofo con interesante apellido, Karl Popper. La activista feminista negra Bell Hooks escribió: «Tomemos el caso del aborto (…), no se puede estar en contra del derecho a decidir y ser feminista. No se puede ser antiabortista y defensora del feminismo. Asimismo, no puede existir un feminismo del poder si la imagen del poder que se evoca es el que se obtiene mediante la explotación y opresión de otras personas.» Y sigue, hablando del feminismo del poder: «Su usurpación hegemónica de la retórica feminista sobre la igualdad ha ayudado a enmascarar su alianza con las clases dominantes dentro del patriarcado capitalista supremacista blanco», aquí añadiría yo ‘cisheterosexual’ porque es exactamente lo que está pasando con el TERFismo, nombre que propongo para dejar de llamar feminismo a lo que no es: el feminismo no puede ser excluyente, ni violento ni opresor respecto a otras identidades y cuerpos. Es una contradicción terminológica, un imposible. El feminismo trans-excluyente, TERFismo de ahora en adelante, es el cerdo que vuela, el perro verde, son los cinco pies del gato: no los busques que no están.


Las lógicas terfistas (ya saben, las mismas que las del autobús naranja de la ultraderecha que podían haber conducido perfectamente Amelia Valcárcel y Lidia Falcón) se extienden en el contexto de las luchas interseccionales salpicando la cuestión colonial, migratoria y racializada. Se crea así un TERFismo ario, opuesto en sus planteamientos políticos a la interseccionalidad de las corrientes transfeministas, que deja fuera del análisis a la clase (ahí está el SWERFismo, que también pretende expulsar a las trabajadoras sexuales de los movimientos feministas aludiendo tener la Verdad Absoluta sobre lo que es trabajo y lo que no, tergiversando lo que es explotación laboral fuera de la vulva e ignorando e invisibilizando formas de precarización femenina por las que no se les levanta ni una católica ceja) y a la raza, es decir, a otros grupos feministas no-blancos. Como razona la pensadora y activista feminista gitana Pastora Filigrana: «Cuando se exige a las gitanas feministas que primero acaben con las prácticas de opresión de género dentro de su comunidad y después hablen de patriarcado mundial y antigitanismo, se les está pidiendo un imposible, porque son dos caras de la misma moneda. (…) Mientras existan el racismo y el patriarcado a escala mundial, ninguna gitana será libre, por más igualitario que sea su contexto. Mientras que el 31% de la población penitenciaria femenina sea gitana, no podrá hablarse de igualdad de género, por más feministas que hayan conseguido ser las condiciones en casa de cada gitana.»
   
Hay muchas maneras de segregar cuerpos y generar apartheids y el TERFismo lo hace con los genitales. ¿No es el cuerpo un territorio, como defendía la feminista chicana y bollera Gloria Anzaldúa? No he encontrado discursos TERF entre las filas de ningún activismo feminista que tenga en su ideario y agenda activista la lucha contra las cárceles, la pobreza, el racismo estructural, etc.
       
Que un colectivo marginal consiga derechos (como está pasando con el intento por que se apruebe una ley trans) jamás puede suponer un retroceso para nadie excepto para aquellas personas que ostensiblemente detenten fuertes niveles de privilegio. Sólo la hidra del patriarcado, en cualquiera de sus múltiples brazos y cabezas, puede sentirse amenazada por el transfeminismo. Al igual que podemos leer en el análisis histórico del feminismo estadounidense que desarrolla Angela Davis que las sufragistas (ostensiblemente racistas) vieron en la consecución del voto femenino una manera de preservar la supremacía blanca, las TERFas ven en su oposición frontal a que las personas trans sean sujetos políticos feministas de pleno derecho una manera de preservar la supremacía de la vulva, y con ella todos los discursos victimizantes que son los que mantienen el negocio de sus subvenciones y el reparto de sus sillones de poder en las bioinstituciones. Es el discurso de la exclusión que viene patrocinado por el lobby de la vulva.

El hecho de que la comunidad negra consiguiera derechos civiles no supuso una pérdida de nada para la población blanca, aunque sin duda, que una persona negra tenga derechos estorba, por ejemplo, al blanco capitalista neoesclavista que la quiera explotar. Que las disidencias de género adquieran derechos y los grupos marginales no-heterocentrados tengan voz sólo puede estorbar a quien gana un sueldo y poder usando su cisheterosexualidad. Para el resto de personas, las conquistas de cualquier grupo minoritario revierten para bien en la comunidad en su totalidad (lo dijo Audre Lorde), en el mundo como un lugar más amable y más habitable a niveles político-planetarios.

Mucha gente sabe que el 28 de junio se sigue recordando que es necesario seguir articulando lucha y reivindicación para las maricas, las bolleras y las personas trans, intersexuales, asexuales y no binarias. Nótese que no digo homosexuales. Como decía antes, usar correctamente las palabras es importante. Los y las homosexuales dejaron los márgenes al conseguir asimilarse al heterocentro para pasar desapercibides, para no molestar, para no incomodar. Los y las homosexuales adoptaron como estrategia de supervivencia adaptarse al heterosexismo. Consecuentemente, hay homosexuales con poder, como Beatriz Gimeno. El Poder busca y selecciona minuciosamente en su casting al porcentaje de homosexuales a los que va a dar altavoz para cubrir su cuota LGTBI. Los y las homosexuales son el ejemplo perfecto de asimilación e integración que el discurso racista-colonial escupe a las personas que no se adaptan, que no se integran, o como dice brillantemente Cristina Morales, que no se desintegran. La desintegración como requisito sine qua non para el goce y disfrute de derechos. Los derechos pueden también constituirse peaje para salir del margen y pillar butaca en el centro, así, como argumenta la activista transfeminista boliviana María Galindo, se refuerza la figura del Estado como interlocutor central al tiempo que, paradójicamente, se apuntalan las estructuras capitalistas y patriarcales: los derechos del matrimonio homosexual, por ejemplo, fortalecen a la familia como institución. «Deberíamos detenernos a preguntarnos», nos reta controvertidamente María, «por lo que estos circuitos de derechos suponen políticamente.»

Mucha gente desconoce que el 28 de junio también se recuerda otra lucha, la de otra minoría que se resiste a desintegrarse por mucho que el Estado expañol se ha empeñado durante cinco siglos en su exterminio: el pueblo gitano. «Quien quiera beneficiarse del principio de igualdad ante la ley, deberá ser lo más igual posible al ideal de ciudadano que el poder instaura. En todo caso, las diferencias respecto a este deben ser comedidas y poco profundas si se quiere gozar del reconocimiento de derechos en igualdad de condiciones.», escribe brillantemente Pastora Filigrana en su libro imprescindible. El 28 de junio de 1749 bajo el reinado del payo Fernando VI se dictó prisión general para todes les gitanes en lo que se conoció como La Gran Redada. De redadas también sabían mucho las maricas, trans, bolleras y trabajadoras sexuales racializadas que sufrieron el brutal ataque de la policía en lo que hoy conocemos como la Revuelta de Stonewall. Sirvan todas esas identidades y violencias sufridas para recordar hoy más que nunca, pero todos los días y no sólo hoy, que la lucha feminista será inclusiva, transfeminista, anticapitalista, anticarcelaria y antipunitivista, antirracista y decolonial o no será. Concluye Pastora: «Descentremos la mirada, corramos el riesgo de mirar a los márgenes. Gitanicémonos.» Queericemos las luchas.

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