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jueves, 21 de julio de 2022

Las escuelas de la masculinidad y la feminidad son un thriller de terror psicológico en ‘Homicidio’ de William Castle




Inquietante fotograma de HOMICIDIO, de William Castle

Por Carla Boyera

Este film del año 1961 vio la luz en Hollywood tan sólo un año después de que se estrenara 'Psicosis', obra magna del cine de suspense que marcó un antes y un después en las posibilidades cinematográficas de los trastornos de personalidad para crear guiones altamente perturbadores. Junto con el estreno en 1964 de ‘El caso de Lucy Harbin’, liderada por la interpretación de una Joan Crawford que, una vez más, se come la pantalla, (‘Straitjacket’ en su título original y también del director que hoy nos ocupa, el grandísimo William Castle) estas tres películas son clave para reflexionar sobre qué entramados y narrativas patriarcales puede haber detrás de la enfermedad mental. En los tres largometrajes, el matrimonio, la familia, los traumas infantiles y las herencias van a tener un papel central y serán el hilo conductor de todas las tramas.

Los primeros cuarenta y cinco segundos son de lo más friki: vemos al director, William Castle, vestido de traje y corbata, sentado en un setting de lo más hogareño, de espaldas a una chimenea bordando aguja en mano mientras se fuma un puro. De fondo suena esa clásica música instrumental de cuando Hollywood quiere evocar lo doméstico. William comienza a hablar a cámara dirigiéndose directamente a nosotres, les espectadores, sonriendo ligeramente mientras abre un campo semántico en torno a las narrativas de lo sobrenatural. Mientras la aguja sube y baja perforando el telar, William nos pasea por sus películas anteriores (‘La mansión de los horrores’ y ‘Escalofrío’ de 1959 y ‘Los trece fantasmas’ de 1960), para acabar, cómicamente y con un aire de entrañable abuelo cuentacuentos, presentando este film.

La película se ubica un par de años antes de que se inaugure la década de los 50 en Solvang, un pueblo de California fundado por daneses a principios del siglo XX; un detalle geográfico nada gratuito teniendo en cuenta que Helga, testigo mudo durante toda la película, es oriunda de Dinamarca y es allí donde inexplicablemente lleva al recién nacido Warren tras la muerte de sus padres y donde va a conocer a la inquietante Emily. La película comienza donde empiezan todos los traumas infantiles: en la casa paterna, más concretamente, en el cuarto de juegos donde vemos en un breve flashback a les hermanes Warren y Miriam Webster.


Emily, la protagonista, mucho más que una femme fatale


El entrenamiento en la masculinidad y en la feminidad hegemónicas se va a ver ejemplificado en los personajes de Warren y Miriam: dos hermanes del mismo padre, pero de distinta madre, de quienes se esperan cosas muy diferentes en la vida porque así lo ha querido el destino que viene determinado por la entrepierna. En los regímenes patrilineales la herencia y la entrepierna guardan una estrecha relación.

Las estructuras que se activan en las escuelas de la masculinidad y la feminidad son de dominación y subordinación respectivamente y operan en el afuera y en el adentro en dos niveles diferentes: el afuera sería el discurso social concretado en la educación físicoemocional (en este film la institutriz Helga, siguiendo las órdenes del pater familias, alecciona a Warren para que ‘sea un hombre’). En el régimen heterosexual, este comportarse ‘como un hombre’ (en inglés se expresa con el elocuente y visual verbo “man up”) comporta no sólo el cuerpo (gestos, maneras de estar en el mundo) sino también el carácter: la hombría es hábitat natural de la seriedad, la disciplina, el ceño fruncido y estar a la altura de una herencia de diez millones de dólares exige una masculinidad bien concreta, una que sea consciente de su poder y estatus de autoridad. Quebradizo hilo patrilineal que puede romperse en el momento en el que Warren, como vemos al comienzo del film, le quita la muñeca a su hermana para jugar con ella. ¿Cómo interviene la escuela de la masculinidad con Warren? Fácil: a base de palos; es así como se hace (que no nace) un hombre.

Por otro lado, la hermana se ajusta perfectamente al canon femenino: es dulce, naive, amorosa, sonríe constantemente y es infinitamente comprensiva. Miriam (Patricia Breslin) es infantilizada y apartada de las decisiones de hasta su propio negocio (ya deciden por ella su hermano o su futuro marido). Ella es un personaje condescendiente, blandito, asustadizo y obediente. La feminidad buena, la que no desafía al statu quo en el régimen patriarcal.

El contrapunto a esta feminidad lo va a proporcionar el personaje de Emily (Joan Marshall), una danesa fría de expresión seria y mandibulosa que encarna la otra. Es cruel y villana, la feminidad mala, la vagina dentata, la que finge amar por interés, la que quiere el poder que ambiciona y sin embargo no le corresponde por haber nacido con vulva. Pero Emily va mucho más allá de la simple y estereotipada femme fatale: el entramado psicoemocional que despliega vendrá a complejizar su personaje hasta límites insospechados.
 
Fotograma de Helga descendiendo imponente las escaleras al encuentro de Emily


Por último, la tercera mujer en torno a la cual gira la trama es la misteriosa Helga (Eugenie Leontovich), una mujer que se nos presenta simbólica y literalmente atrapada (va en silla de ruedas) entre el pasado y el presente y cuya imponente figura conservaremos para siempre grabada a fuego en nuestra memoria descendiendo sobre una plataforma por esas escaleras a medida que se va acercando a su cuidadora, la sádica Emily. Aunque inválida en su silla de ruedas e incapaz de articular palabra por un ictus que sufrió hace años, su rostro impasible, su rigidez corporal y su fuerte y altiva mirada hablan más de su carácter que de su condición física; estamos ante lo opuesto a una persona desvalida: su atroz participación en aquello que no se nos revelará hasta el final de la película, cuando finalmente abrimos los ojos a toda la historia, no nos deja espacio para sentir compasión por ella.

Finalmente, un desenlace apoteósico (con otra cómica incursión del director en un momento de máxima tensión) consigue que caigan las máscaras al mismo tiempo que se nos descuelga la mandíbula. La revelación de la trama haría que le creciera el pelo de espanto al mismísimo Hitchcock. De esos finales que te obligan a ir para atrás a reconstruir toda la película. Sorpresivo y paralizante, un relato de más de 60 años de total actualidad y vigencia que cobra valor ante los inexplicablemente remasterizados discursos esencialistas sobre el género. Una película para pensar sobre la educación, la identidad y los traumas que derivan de experiencias vividas en el núcleo familiar que pueden resultar altamente violentas, como violento es, sin ninguna duda, que no te dejen ser quien eres.

viernes, 8 de julio de 2022

NO NACEMOS MACHOS


Foto de portada del libro No nacemos macho

 Por Lucía Barbudo

NO NACEMOS MACHOS

Cinco ensayos sobre la deconstrucción de la masculinidad patriarcal para repensar y analizar qué pueden hacer LOS HOMBRES en su proceso hacia una convivencia estructuralmente no violenta y sistémicamente no privilegiada. La ideología de género (patriarcal, la de toda la vida) se ha usado para la naturalización y socialización de la masculinidad hegemónica, para hacer, como lúcidamente expresa Robert Kazandjian, el «equipaje de género» que transportamos. Me gusta especialmente cómo Kali Halloway explica las nefastas consecuencias de la construcción del hombre no sólo para nosotras, sino para ellos mismos: asesinatos, suicidios, muertes en guerras, salud mental, población penitenciaria, «comportamientos destructivos que abarcan desde lo socialmente permitido, como la adicción al trabajo, a lo punible, a las drogas o a la violencia».


De entre los cinco textos destaco, por alusiones, el de Cecilia Winterfox: «Las feministas no son responsables de educar a los hombres» porque a veces yo tampoco tengo el c0ñ0 pedagógico y responder con la serenidad buenista de profesora devenida azafata de congresos 24/7 a las agresiones no sólo no es posible, sino que es una pérdida de tiempo: «Los hombres no tienen el derecho de esperar que las feministas los eduquen. [... ] El feminismo amable no sólo no funciona, sino que es, realidad, contraproducente [... ], sirve para reforzar las estructuras de poder existentes y nos aleja de promulgar el cambio real». Un hombre que se revuelve molesto ante conversaciones que lo ponen contra las cuerdas y acaba usando el argumento de la Policía del Tono es una pérdida de oxígeno. No se puede accionar políticamente el cambio desde la condescendencia, y cada uno tiene la obligación ética de hacerse responsable de su ignorancia. Ahora con google, la wifi y los datos ilimitados no tenéis excusas, amigos.
Ahora bien, tampoco creo que se pueda ambicionar esa transformación profunda y global desde la exclusividad de espacios no-mixtos o desde nombrar a los hombres como 'aliados', como si fueran feministas de segunda.
Ojalá más hombres realmente enfadados y jodidos con y por el patriarcado. Con ellos sí estoy dispuesta a hablar y a escuchar. No de lo que tengo que hacer yo, sino ellos.
A menudo me genera cierta urticaria políticomental pensar en los hombres como 'víctimas' del patriarcado. Leí esos análisis en Mercedes Juliano y más recientemente en bell hooks y no termino de verlo. Esta mañana he entendido por qué. Como acertadamente señala Klaudio Duarte: «Si bien el patriarcado oprime a los hombres, conservamos intactos los privilegios que nos otorga. Mientras los varones no soltemos esos privilegios, esa idea de que somos víctimas del patriarcado no va a poder ser asumida por nosotros».
Después de ver, año tras año, campañas supuestamente feministas contra la violencia machista que van destinadas a mujeres, después de ver cómo las campañas de prevención de embarazos iban casi exclusivamente destinadas a nosotras,
POR FIN unos textos que reflexionan sobre las tareas pendientes de los tíos y su responsabilidad a la hora de organizar y participar de una transformación que nos libere a todes.
Termino citando a Klaudio Duarte otra vez para reflexionar sobre el binarismo de género: «Se puede ser hombre, colaborativo, solidario, tierno y no hay que desarrollar el lado femenino de la masculinidad, sino que hay que desarrollar ese aspecto de la masculinidad que ancestralmente parece que tuvimos los seres humanos y que por esta evolución del patriarcado se instaló como una negación para los varones».
La lluvia fresca de las teorías y existencias queer con su promesa y amenaza de destruir los géneros abre paso, tal y como yo lo veo, a una rambla en cuyo caudal embarrado y turbio se irán felizmente a la mierda todo el imaginario y los estereotipos de género asociados a la imbecilidad última que supone hablar de 'lo masculino' y 'lo femenino'. A quién hay que rezarle para que llegue el temido «borrado» de mujeres y, por supuesto, el de hombres.


Gracias Linda Pornsánchez, amiga y referenta, por el préstamo; tus libros y tus enseñanzas nunca decepcionan.
Me encanta cuando coincidimos en el feminismo que ya perdió la paciencia.
«No nacemos machos», ediciones La Social
(2017, Ciudad de México)

Puedes descargar el texto del libro




Este artículo fue publicado en primer lugar en Kaosenlared.net : NO NACEMOS MACHOS

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lunes, 20 de junio de 2022

La Yelo: “Trabajar en el drag te ayuda a deconstruir la identidad, la sexualidad y la expresión de género”

 

La Yelo. VENTANAGORA de la serie Perfiles 2020 2022 

En la infancia y entrada a la adolescencia, la Yelo sufrió seis años de bullying chungo desde el último año de primaria hasta 4º de la ESO: “Me han tirado mandarinas, me han metido colillas encendidas en la capucha de la sudadera, me han escupido, por supuesto insultado y alguna paliza así tonta también me he llevado”. Curiosamente, los mecanismos psicológicos de nuestra travesti murciana la llevan a desentrañar el porqué de las agresiones por los caminos de la empatía: “A mí me tranquiliza ponerme a pensar qué es lo que ha llevado a una persona a insultarme y a tratarme así. La homofobia en ese momento pasa de ser algo contra mí a ser algo que yo entiendo desde la empatía. Es la persona que insulta la que tiene un problema y no yo”. Esto es lo que suele contestar por Tik Tok o Instagram a las maris que le escriben pidiéndole consejo y que quieren dejar de sentirse mal por cómo las tratan. Las redes sociales son espacios de odio y recriminación pero también son espacios de comprensión y de construcción de redes de apoyo, afortunadamente. A los mensajes de odio la Yelo contesta pedagógica: “Léete un libro”. “Todo esto que me lleva pasando durante años lo he transformado en pensamiento crítico. Todo esto es quien soy”, concluye.

¿Cómo empiezas en esto del drag?

Pues empecé a partir de la fotografía. Estaba en la escuela de arte experimentando con el autorretrato y un poco con mi estética, la escenificación y mi expresión de género. Un año y medio después de empezar con todo esto, se me cruzó en la vida Drag Race y me di cuenta de que esto del transformismo no eran maricones con pelucas drogándose… solamente (risas). En este programa vi por primera vez a una drag fuera de todos esos prejuicios que yo tenía (mi imagen del transformismo estaba ligada a la noche) y pensé que yo también quería hacer eso. Podría decir que yo estaba en la imagen fija como obra artística final y me planteé pasar a arte en movimiento. Y así surgió la Yelo. En aquel momento, yo había solicitado una beca en Factoría Cultural en el centro Párraga que era de emprendimiento y cambié mi proyecto inicial por otro que consistía en crear un personaje drag e intentar monetizarlo como marca. Así que se podría decir que la Yelo es una empresa.

¿De qué manera cambia el drag la forma de autopercibirse?

Pues supongo que a cada una le habrá pasado algo distinto, pero a mí me ha dado un susto… una vuelta que flipas. A mí la Yelo me ha comido. Yo empecé diferenciando lo que era la Yelo de Jesús, y ahora soy Yelo y en el escenario la Yelo, pero al final es lo mismo todo el rato. Me ha ayudado a explorar mi identidad y cómo me siento. Para mí el drag es una herramienta para indagar sobre la feminidad o la masculinidad. El personaje drag te da impunidad porque la gente te entiende como personaje y entonces no te juzga porque las acciones que estás haciendo o la forma en la que te estás comportando parten del personaje. No es lo mismo el juicio social que sufro yo en la calle cuando voy en drag (que en mi caso es cero) que cuando soy Jesús y soy un maricón femenino. No tiene nada que ver. El drag empodera mucho.

 

La Yelo. VENTANAGORA de la serie Perfiles 2020 2022

Gracias a las luchas de las personas que son disidentes de género (trans, gays, bi, lesbianas, etc) sabemos que la feminidad no es territorio de mujeres de la misma manera que la masculinidad no tiene por qué ser performada exclusivamente por hombres, pero dime, ¿qué diferencia hay entre la feminidad performada por un hombre gay y la de una drag queen?

La feminidad, la performe quien la performe, está castigada. El drag es algo escénico, algo efímero. Cuando terminas el espectáculo te desmontas y puede ser que esa drag no sea femenina. Sin embargo, el mariquita con pluma es el mariquita con pluma todos los días. Por otra parte, cuando vas en drag, la gente entiende que estás actuando y, como decía antes, eso te da cierta impunidad, de alguna manera te da legitimidad para “comportarte como una mujer”, algo que no pasa (por lo menos en mi caso) cuando vas por el espacio público siendo marica. Ahí sí hay juicio, por, imagínate, ir con los ojos pintados y colgarte dos pendientes. Muchas veces ese juicio, esa manera que tienen algunas personas de deslegitimar o castigar tu feminidad, se traduce en agresiones. Es homofobia.

También puede suceder que cierta expresión de la feminidad (por ejemplo, labios rojos, medias de rejilla, falda corta: un clásico) se fetichice, ahí no se castiga u oprime en forma de agresión, porque lo que sucede es que hay un proceso de objetualización. Ten en cuenta que el drag es algo amplísimo; hay drag queens que no utilizan la feminidad o no hacen una exaltación de la feminidad, hay drags que la exageran para hacer una crítica a la feminidad hegemónica o hay drags que sólo actúan con lo que saben que funciona que va a hacer reír a la gente pero no hay un objetivo político detrás. Es que realmente hay tanta cosa…yo sólo puedo hablar de mi experiencia.

¿Cómo interactúa el drag con la orientación sexual?

Inevitablemente, en el momento en el que trabajas la modificación estética, para la feminidad o la masculinidad (performada o no), si tú eres una chica cis y performas la masculinidad y empiezas a trabajar, como fue mi caso, en un local nocturno, a lo mejor empiezas a atraerle a un perfil de persona que nunca le habías atraído y este hecho te lleva a reflexionar sobre muchas cosas. De repente, la línea para jugar con el género se vuelve muy fina. Yo interpreto eso como que la sexualidad es súper fluida. ¿Y por qué iba yo a rechazar a alguien por su genitalidad? El entorno del drag también te da la oportunidad de rodearte de gente más diversa, así que el drag te abre una puerta a un poquito más de deconstrucción en torno a la identidad, a la sexualidad, a la expresión de género, a todo. De repente te ves jugando con algo. Estás jugando a la confusión. Yo un día puedo interpretar a una macha, otro día a una tía súper femenina o una extraterrestra y me doy cuenta de cómo reacciona la gente a raíz del cambio de aspecto. También puedo dejarme la barba y ponerme una sudadera para ir a hacer algún trámite o si estoy en un espacio de burocracia y sé que así me van a hacer más caso.

Y ya para finalizar, vamos a hablar del último evento drag de Murcia: Huertavisión, (exitazo total y rompedor en Murcia) nos ha dejado con sensación de orfandad ahora que ya se acabaron los domingos en La Cítrica. Allí hemos estado yendo durante más de dos meses a veros actuar a algunas travestis integrantas de El Bancal de Candanga (casa travesti murciana) y a seguir los episodios de Drag Race España. ¿Cómo ha sido esa experiencia?

Una fantasía. Ha sido muy difícil porque era un proyecto autogestionado, pero hemos conseguido hacernos con un público objetivo muy guachi. Nos sentimos muy apoyadas por el público que ha ido viniendo y por el espacio en La Cítrica, que nos ha ofrecido muy buenas condiciones, algo que en el mundo drag no siempre pasa. Aunque hubiera visionado del programa de Drag Race, la gente al final ya no venía por eso, venían porque querían ver a las travestis de Murcia. Personalmente, he aprendido un montón.

Entrevista por Lucía Barbudo


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