domingo, 5 de diciembre de 2021

'Mommy’ de Xavier Dolan. Palabras clave: maternidad, salud mental, violencia, instituciones, Estado, legislación, psiquiatrización


'Mommy' de Xavier Dolan

Creo que resulta fácil estar de acuerdo en que mientras el mundo sea un lugar capitalista y patriarcal ser madre soltera es ocupar un lugar de violencia. Las madres son leídas como fracasos si sus hijes no aprueban el examen social tras ser sometidos a escrutinio y juicio. El examen social es simple y sólo uno, normalmente sin repesca: hay que encajar. Encajar significa no salirse de la fila de muchas cosas, y la fila es el marco hegemónico en el que se moldea y domestica a la infancia y a la adolescencia para fabricar futuros ciudadanos obedientes y productivos. Para tener un trabajo (estar sentado 8 horas o doblando el lomo más de 10, aguantar humillaciones salariales, tragar con incumplimiento de contrato y derechos) no se puede ser un insubordinado. El aprendizaje de la subordinación a cualquier forma de autoridad y la aceptación de jerarquías son vitales para ser considerado «normal» en los marcos capitalistas y productivistas en los que nos movemos.
  
El quinto largometraje del director, guionista, productor y actor canadiense Xavier Dolan se estrena en 2014 con la premisa de un escenario legislativo ficticio: la promulgación de una nueva ley en Canadá (Ley S-14) que estipula que los padres de hijos con problemas de conducta en una situación de apuro económico, peligro físico o psíquico, tienen el derecho legal y moral de confiar a sus hijos a un hospital público, sin un proceso judicial.
  
Steve (Antoine Olivier Pilon) es un adolescente que se ha salido de la fila. Poco importa que se haya visto desbordado psico-emocionalmente y que la respuesta pública de las instituciones para «ocuparse de él» haya sido violenta y deshumanizada; bienvenides al bucle de la violencia que se aprende y luego se reproduce. En la foto también salen la medicalización y psiquiatrización para, a través del diagnóstico, patologizar, medicalizar y criminalizar enseguida el dolor. Quién necesita entender nada más cuando tienes un cuadro clínico, recetas médicas, una ley y toda una serie de instituciones haciendo caja con tus problemas. Disciplinar y drogar el cuerpo es, todas las veces, disciplinar y aniquilar a la persona. Diane Després (Anne Dorval) es la madre que quiere cuidar a su hijo pero siendo núcleo monomarental, precaria y sin red de apoyo, resulta una tarea titánica a la altura de los imposibles trabajos de Hércules. Tendría que estar sentada encima de una buena montaña de privilegios o ser una súperwoman y Diane ni tiene lo uno ni es lo otro. Ella es la anti-madre, malhablada y gritona, histriónica, con demasiada plataforma como para ser una buena madre, y su look choni de mechas, ropa ajustada y chicle mareado permanentemente en la boca la encasillan desde los primeros minutos de la película, durante la entrevista con la directora del internado, fuera del Club Vip de las Maternidades Hegemónicas, de las maternidades socialmente bien vistas, de las buenas madres. Acompañando a esta pequeña familia de dos se forja una alianza insospechada con Kyla (Suzanne Clément), la vecina de la casa de enfrente. Su tartamudez y algún detalle de la cámara que se detiene sutilmente durante algunos segundos en una foto deja entrever algún trauma fuerte, pero la historia personal de Kyla se pierde y diluye para pasar a ser un personaje-vértice fundamental en las vidas de Diane y Steve. Juntes les tres nos harán participar en escenas hilarantes, también otras llenas de ternura y amor. Son estas alianzas inesperadas las que crean los vínculos que nos dejan, aunque sea a ratos, respirar profundo y ser un poco felices. Con la presencia de Kyla, madre e hijo están menos crispados, las escenas son más tranquilas: su habla y las vidas de Steve y Diane parecen estar restituyéndose poco a poco, cogiendo ritmo.
  
Nadie va a discutir que no sea violencia gritarle a tu madre, romper los muebles de tu casa o ejercer una fuerza física descontrolada para agredir y dañar a otres. Pero lo que rara vez se discute y está social y terroríficamente normalizado es que un tubo de pastillas, una camisa de fuerza, un centro de menores, un hospital psiquiátrico o un diagnóstico sean violencia. Un diagnóstico es muchas veces un acrónimo que desglosa como si fuera un diccionario la capa más superficial de nuestros problemas pero no habla de las causas de nuestro fracaso como sociedad. A Steve le diagnostican TDAH y nuestro fracaso como sociedad que toma las píldoras del Sistema es haber asumido que un acrónimo es una identidad, que un trastorno es una identidad, que una enfermedad es una identidad. La clave del éxito de las violencias legitimadas por el Estado y sus instituciones es y será que los problemas de salud mental siempre se actualizan en ese diccionario de términos perversos como individuales, nunca sociales, ni estructurales ni sistémicos (muy típico, por cierto, de sistemas primermundistas, blancos y occidentales). Los problemas individuales son responsabilidad del individuo, nunca de la sociedad, nunca culpa de cómo organiza el Sistema las vidas que llevamos. Lo podrido así se sitúa en el adentro y se mira para dirigir el dedo acusador al entorno más inmediato, en este caso a la madre. Cuando la madre soltera no puede (‘soltera’ como explica Raquel Manchado (Antorcha Ediciones) no proviene de ‘sola’, sino de ‘suelta’, de mujer ‘no atada’) ahí está el Estado para ayudar, para asistir, para ofrecer alternativas. Y menudas alternativas . Las instituciones del Estado ponen de manifiesto nuestra carencia de redes afectivas y efectivas de apoyo y solidaridad características de las sociedades fuertemente individualizadas, nuestra manera enferma de haber asumido la existencia de esos centros que tienen más de cárcel y castigo que de protección y cuidados. Cuando falla el hijo como si estuviera roto se mira y culpa a la madre. Cuando fallan las instituciones y el Estado, ¿a quién miramos?

Carla Boyera

jueves, 25 de noviembre de 2021

25N: La manera más eficaz de vaciar de contenido político los proyectos feministas es asimilarlos e incluirlos en las agendas del Poder


Libro de texto para nivel B1-inglés usado en las Escuelas Oficiales de Idiomas de la Región de Murcia, supongo que también en otras escuelas del Estado.
  
#25N y análisis sobre el género a partir de 1) las propuestas de debate para la práctica del inglés en el aula, 2) el texto para comprensión escrita y 3) las imágenes que refuerzan y acompañan el tema presentado en la unidad.
    
Llevar a debate los estereotipos hombre/mujer refuerza el binarismo de género e invisibiliza otras formas de existir. Seguir llevando a debate eso de «las mujeres son de venus» y «los hombres son de marte» nos imbeciliza como sociedad con ideas manidas y retrógradas que ya han sido rebatidas, puestas en cuestionamiento y desechadas hace décadas. Sólo demuestra pensamiento obsoleto, falta de información y que la editorial se ha quedado maricastaña.
  
Damos por finalizada la guerra o el pulsito sexy y erotizante (como se ve en la desacertada imagen) entre el rosa y el azul. Queremos hablar sobre el género planteando otras cuestiones vitales y políticas más profundas y trascendentes, no queremos convertir una conversación en un angosto pasillo capitalista con juguetes con camiones y coches a un lado y cocinitas y bebés de plástico a otro.
Los debates que son pasillos estrechos con ideas maniqueas a ambos lados ya no interesan.
Es muy peligroso hacer pasar un argumento por científico cuando no lo es. La ciencia, como cualquier otra disciplina desarrollada por el ser humano, no está exenta de ideología. La Ciencia Macha extrae conclusiones (tanto me da si son naturales como hermenéuticas) que con el paso del tiempo han demostrado ser muy parecidas en cuanto a contenido y forma a lo que desaparece cuando tiro de la cadena del váter. Grandes verdades inapelables han sido no sólo cuestionadas, sino dilapidadas a raíz de la luz vertida por las distintas corrientes de los centros de producción de conocimiento feminista, gracias a los cuales ya no decimos «biología», decimos «patriarcado»; ya no decimos «genética», decimos «educación». Lo «natural» y la «naturaleza» son ahora palabras-resorte que nos disparan una o dos cejas y nos liberan del paraíso edénico, ahora ya identificado como maldición y cárcel (el origen judeo-cristiano de muchos de nuestros males) permitiéndonos a nosotras mismas ser socio-culturalmente antinaturales y monstruosas.
    
Y por último, la imagen. La mujer y el hombre blancxs como símbolo universal que representa «EL hombre» y «LA mujer». Difícilmente podremos hablar de violencia machista sin hablar de violencia racista. La asimilación de los cuerpos y pieles hegemónicos para elaborar un discurso pretendidamente universal es violencia mayúscula y transversal. La editorial es británica, supongo que la normalización de las lógicas imperialistas y coloniales quedan sobradamente explicadas bajo este simple dato.
Reflexionando sobre los centros de poder de conocimiento hegemónico que son las universidades y escuelas europeas y occidentales, me gustaría decir que la propuesta educativa para la erradicación de las violencias (siempre plurales) jamás saldrá de estas casas editoriales, como jamás se acabará con el machismo desde un ayuntamiento o con el patriarcado desde un gobierno. 
  
Dejemos de apelar a las instituciones para encontrar soluciones pues éstas sólo serán soluciones-promo, el Black Friday de los votos morados, la eterna instrumentalización de las luchas sociales, el photocall del feminismo cómodo y el lucimiento del pin que se ponen las partidas y las sindicatas cuando lo manda el calendario.
    
La manera más eficaz de vaciar de contenido político los proyectos feministas es asimilarlos e incluirlos en las agendas del Poder.

miércoles, 24 de noviembre de 2021

#CádizRESISTE Cuantos más privilegios tienes, más empatizas y justificas la violencia ejercida por el Estado




Esta mañana en la cadena no-Ser un tertuliano-ano decía que la policía no es de izquierdas ni de derechas, y estoy de acuerdo. La policía es del Poder, da igual el color del cubilete de quien esté tirando los dados del parchís en ese momento.
  
La autoridad y la violencia del más fuerte se la pone dura a todo tipo de personas.
La Ley de Seguridad Ciudadana nunca fue una ley elaborada pensando en la seguridad de la masa ciudadana. Al contrario, siempre fue una herramienta para 1) garantizar la impunidad de aquellos legitimados para ejercer violencia (las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado) y 2) garantizar el blindaje de las instituciones en el Poder, gracias, precisamente, a la impunidad de la que goza su brazo armado.
    
Que a los trabajadores no se les escucha con pelotas de goma ni con gas lacrimógeno es algo que cualquiera que tenga algo de experiencia en el diálogo (y no en la violencia) puede fácilmente comprender. Que con el Poder nunca hay diálogo sino sólo monólogos es algo sobre lo que ya se ha vivido y escrito mucho.
    
El diálogo es una fuerza comunicativa horizontal que, por definición, se da entre iguales. La violencia, en cambio, siempre es vertical y deja ver las jerarquías que componen su columna vertebral; es el esqueleto que sostiene el cuerpo del Poder.
    
Cuantos más privilegios tienes, más empatizas y justificas la violencia ejercida por el Estado, más monólogo quieres. Lo escucho cada mañana en la radio cuando los tertulianos-anos dicen muchas veces «orden y seguridad» y no dicen nunca «abuso de poder», «incumplimiento de contrato» o «miseria». Hay que estar muy arriba en la pirámide socioeconómica darwiniana para ver violencia en un trabajador y no ver violencia en un policía mandado por el gobierno más progresista de la historia, para ver violencia en una okupación y no ver violencia en un desahucio.
    
Siempre están quienes dan las órdenes y quienes las reciben. Y en medio de todo eso, además de un colegio y muchas casas con familias y vecines, hay personas que resisten.
Apoyo y fuerza a los trabajadores del metal en Cádiz.

Lucía Barbudo

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jueves, 11 de noviembre de 2021

Oasis político-activista feminista, María Galindo, nunca decepcionas.

 


Oasis político-activista feminista, María Galindo, querida, nunca decepcionas.

Ayer fue la presentación de su libro FEMINISMO BASTARDO que promete ser, como con todos sus textos, otro ejercicio masturbatorio de neuronas.

Me reconforta y me alivia y me hace terapia y me lubrica oírla hablar de desobediencia, verla mantener hasta el final su discurso anti-autoritario, anti-fascista aún en un escenario pandémico donde ha sido muy complicado y emocionalmente costoso verbalizar una actitud y un pensamiento críticos.

Desde la legitimidad que se auto-otorga el Estado, vivimos una exarcebada violencia institucional contra las trabajadoras sexuales y las personas trans. El partido que encabeza el -abro comillas- Gobierno más Progresista de la Historia -cierro comillas-, también conocido por sus siglas (ya ordenadas) POSE, sigue en su duatlón violento mientras miembras destacadas de entre sus filas posan frente a muros en Archena que dicen ser -abro comillas- feministas -cierro comillas-. Como dice la Galindo, las cuotas ideológicas de poder que cubren úteros, vaginas y vulvas son en realidad cuotas biológicas de poder.
Con este teatrillo-panorama pseudomorado escuchar hablar de feminismos incluyentes, plurales e inclusivos es no sólo urgente sino políticamente sanador.
Esta tarde a las 18h en el Hemiciclo de la Facultad de Letras seguiremos hablando de desobediencia y resistencia frente a la represión estatal-patriarcal.
Muchas gracias, María, por seguir resistiendo de la manera en la que lo haces.

Lucía Barbudo



Podéis ver todo el vídeo del evento gracias a la colaboración de Cecilio Cean:
https://www.youtube.com/watch?v=R0iA4BKfuL8&t=97s

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domingo, 7 de noviembre de 2021

El fin de la humanidad empieza en «El Pueblo de los Malditos», un clásico del terror del ‘pater familias’



En el apacible pueblo de Midwich se sucede una estampa tranquila e idílica: un pastor pasea a sus ovejas, un campesino siega sus tierras subido a su tractor y, dentro de la mansión Kyle, el profesor Gordon Zellaby se nos presenta de lo más hogareño con fuego encendido en la chimenea y perro fiel tumbado enfrente. El pueblo ideal, las personas intachables, los hogares perfectos. La magra con tomate empieza pronto: todos y cada uno de los habitantes sufren un desplome extrañamente sincronizado. Las campanas de la iglesia nos dicen que son las once de la mañana y el pueblo entero ha colapsado; toda persona que se acerque a él, por tierra o aire, caerá también. No hay manera de entrar, nadie parece moverse para salir.
   
El profesor Gordon Zellaby (George Sanders) se configura como el macho alfa del pueblo y de la trama: es hombre de ciencia, el que busca las respuestas, a él le corresponde pensar y hacer. A su mujer, Anthea (Barbara Shelley), le toca llorar, sufrir y no aportar absolutamente nada salvo nervios y preocupación. La división sexual de los personajes de la película sigue las lógicas aristotélicas en las que ellos son la razón y ellas la emoción: ellos son centrales en el análisis, desarrollo y resolución de la trama; ellas son personajes satélite, parte del attrezzo necesario para la película, en este caso, por ser vasijas indispensables portadoras de la semilla del mal. Como escribía Ursula K. Le Guin: «los actos de los hombres revisten interés universal, mientras que las ocupaciones de las mujeres son triviales, de modo que los hombres son el foco apropiado de la historia y las mujeres son periféricas».Concéntricos al macho alfa se articulan otros importantes representantes del imperio masculino: serán el cuñado de Gordon, el Comandante Bernard, el General Leighton y el médico del pueblo; los otros hombres en torno a los cuales se despliegan las narrativas de dominio, protección y salvación. El círculo de las autoridades machas se cierra en torno a los padres-maridos, el ejército-Estado y los hombres de ciencia/medicina. Incluso la pequeña masculinidad extraterrestre (un niño de cuatro años expulsa a la madre-mujer del salón y de la conversación) será la única válida como interlocutora en la lucha por la supervivencia de las especies.
   
La sospecha de la paternidad, principal escollo en las sociedades de jerarquización patrilineal, se solventó con la invención del matrimonio o, dicho de otro modo, el matrimonio fue originalmente sin pecado concebido como una cárcel sexual para las mujeres (las honradas, decentes y dignas) para asegurar que la descendencia pertenecía-a/era-propiedad-de ese único macho: el futuro ‘pater familias’ a través del cual la prole heredará bienes y con suerte afecto y cuidados. El maridaje entre patriarcado y capital tiene, históricamente hablando, más años que el amor como creación romántica. La empresa del matrimonio, pues, se terminó de edulcorar (con un poco de azúcar esa píldora que nos dan bajará mejor) con las narrativas del amor romántico de finales del S.XVIII, principios del S.XIX y todas esas vainas de monogamia y exclusividad ligadas al amor y al deseo.
   


¿Cómo viven entonces las mujeres del pueblo sus embarazos? La alegría del embarazo viene condicionada por la legitimidad del heteroparejo; mientras que Anthea va a tener la cara iluminada por la dicha como si se hubiese tragado una bombilla, otras esposas que tenían a sus maridos en misión colonial fuera de casa no saben cómo explicarles que fueron honradas, que su comportamiento estuvo en todo momento a la altura del cuello alto de sus camisas y su virtud nunca por encima de las rodillas.

Las consecuencias no se hacen esperar y es que nos han repetido tantas veces que antes muerta que mancillada que pronto llegan el suicidio, la desesperación y la locura: una mujer indigna/sucia/usada no quiere vivir o si lo hace será fuera de sí, fuera de los márgenes de la razón del mundo patriarcal. En una reunión VIP patriarcal a la que sólo la crema machista está invitada, el futuro padre Alfa, el médico del pueblo y el cura se reúnen para darle una explicación al suicidio y la locura que tiene rostro de mujer. Pronto los embarazos se convierten en un problema colectivo/una incógnita colectiva: todas las mujeres en edad fértil del pueblo están embarazadas. La sospecha se ha instalado. La señora Zellaby ya no brilla: «No sé qué tipo de vida llevo dentro (…) De dónde viene» hace referencia no al planeta, sino al portador del misterioso semen.

Los hombres, que no saben tampoco, se dan al insomnio y a los bares: no hay alegría alguna en esperar un hijo que sabes que no es tuyo. «Espero que no viva ninguno» es el deseo articulado de un futuro no-padre visiblemente ebrio y frustrado en la barra del bar. Todos callados, cabizbajos, dudosos de su biopaternidad y por ende de la legitimidad de su herencia biológica. «No tengo pruebas de que el hijo sea mío», escuchamos que dice Gordon para (quizás) explicar su aproximación científica y cero afectivo-paternal hacia la criatura. Pero la inteligencia superior lleva aparejada la inexistencia de sentimientos; lxs horripilantes niñxs arios no muestran cariño ni afecto ni, lo que es más atroz, dependencia de sus madres, son niños y niñas autosuficientes. Cuando una madre configura su valía en torno a la co-dependencia, esta forma de exagerada autonomía en la infancia también forma parte del relato de terror de las madres patriarcales, ¿quién soy yo y para qué valgo, si mi hijx no me necesita?

La legión de niños y niñas arios, los pequeños genocidas, todos rubios, todos de una inteligencia superior, todos con una capacidad de crecimiento y desarrollo extraordinaria, con súper poderes mentales, no han venido a hacer algo diferente de lo que hiciera el Imperio Británico más allá de sus fronteras: dispersarse y multiplicarse por el mundo para tomar el poder, para, como dice el pequeño e inquietante David, «formar nuevas colonias». Esta es la película, pues, donde Gran Bretaña podría encontrar el espejo donde mirarse si reflexionara sobre la ética y moral inexistentes imbricadas en su política exterior. El imperialismo alienígena somos todas las potencias europeas que algún día mandamos al exterior nuestras legiones de exterminadores.

Carla Boyera




lunes, 23 de agosto de 2021

HABLAN MUJERES MUSULMANAS

 Boushra Almutawakel fue honrada como la primera mujer fotógrafa yemení en 1999

Le damos voz a cuatro mujeres que coinciden en que son las mujeres musulmanas las que deben hablar de su situación y no otras arrogándose como 'sus salvadoras'.

Breve reflexión de Fatima Tahiri sobre la crisis política, humanitaria y la violación de derechos humanos que vive actualmente el pueblo afgano y de cómo está reaccionando el feminismo blanco occidental:

«La situación de crisis política, humanitaria y la violación de derechos humanos que vive actualmente, por desgracia, el pueblo afgano nos coloca en la vieja posición discursiva donde el islam se convierte en la fuente de todos los males. Las lecturas culturalistas basadas en prejuicios racistas e islamófobos no sólo nos coloca 20 años atrás, como Afganistán, sino que nos muestra que las cosas nunca han cambiado para lxs otrxs. Basar toda la problemática de la cuestión Afgana en el islam no es sólo islamófobo y racista sino que deniega la agencia política de los y las afganas como sujetxs politicxs. No son más que musulmanxs que lidian con una religión que les oprime sin tener en cuenta la historia, el colonialismo, la intervención internacional y las características sociales del pueblo afgano.

Nuevamente nos vemos inmersos en las dinámicas racistas e islamófobas donde se apunta a la comunidad musulmana y donde el discurso de la 'salvación de las mujeres musulmanas' se convierte en el eje principal tal y como sucedió en el colonialismo. El uso de la mujer musulmana y su cuerpo ha sido una estrategia colonial para someter a los pueblos y hacer un lavado a las atrocidades y crimines de guerra cometidos durante la colonización.

El mismo modus operandi se utilizó en la invasión de EEUU en Afganistán que más allá de mejorar la situación de la mujer, la empeoró.

Hablar por las mujeres musulmanas es violencia, anular su capacidad intelectual y política es violencia, posicionarte como blanca salvadora es violencia y es una opresión constante con la que muchas tenemos que lidiar. La variante racial y religiosa hace que se suspenda nuestro papel como mujeres y que seamos vistas sólo como pueblos inferiores que hay que salvar y civilizar, negando todo tipo de sororidad y exaltando todo un imaginario supremacista blanco.

La cuestión afgana salpica a toda la comunidad musulmana debido a que el racismo hace que todo sea considerado como un bloque homogéneo, nada más lejos de la realidad. Solo somos [para ellxs] musulmanxs y no somos personas.»




  • Puedes oírla recitar su poema 'Yo soy la otra, que solo quiere ser' y ver las imágenes que lo ilustran en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=rQJUEff0iwI
Fatima Tahiri, española de padres marroquíes. Licenciada en Estudios Árabes e islámicos por la Universidad Autónoma de Madrid. Máster en estudios árabes e islámicos contemporáneos en la misma universidad. Actualmente desarrollando su tesis doctoral sobre 'Religiosidad y prácticas religiosas en los jóvenes musulmanes de España: el caso de los jóvenes de origen marroquí'.
Ha sido investigadora pre doctoral en el Departamento de estudios árabes e islámicos de la UAM y ha trabajado también como investigadora en el Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos.
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Boushra Almutawakel, fotógrafa yemení, Su trabajo aborda la percepción internacional sobre árabes y musulmanes, centrándose en particular en la percepción internacional sobre los temas de género y en las representaciones de las mujeres musulmanas/árabes y su vestimenta.​​​
Es autora de la imagen que se ha viralizado con la llegada de los talibanes a Afganistan, una serie que muestra la transformación de una madre musulmana, su hija y una muñeca. La obra fue creada en 2010 y, 11 años después, en medio de la crisis de Kabul, ha vuelto a circular ampliamente.



En una reciente entrevista, si bien se alegra de que su trabajo tenga repercusión en el mundo, cree que ha sido mal interpretado y utilizado como una forma de criticar al islam y el uso del velo (o hiyab).
Se expresa así:

«Mi trabajo no es sobre el Islam, es sobre el extremismo. Se trata de la misoginia patriarcal, que no solo se encuentra en el mundo musulmán y árabe, está en todas partes.Y yo no estoy hablando por las mujeres afganas. Ellas pueden hablar por sí mismas. Creo que la gente debe escuchar y no hablar en su nombre.»

Y continúa: «Y eso es lo que pasa con Occidente. Sé que es por buena voluntad, pero también queremos salvarnos a nosotros mismos y tenemos voces. Occidente no puede seguir hablando por nosotras. Las mujeres afganas necesitan hablar. Y estoy segura de que lo harán. Ellas tienen voces, son fuertes.»

Sobre el papel de Occidente es contundente y reitera: «Occidente no necesita salvarnos. Y, en todo caso, Occidente nos ha destruido. Los talibanes fueron creados por Estados Unidos para que pudieran luchar contra los soviéticos. Y le dejaron a los talibanes al pueblo afgano. ¿Quién los necesita? ¿Qué clase de mundo es este? Ojalá Occidente se mantuviera fuera de nuestros países, incluido el mío. Han destruido el Medio Oriente en todos los aspectos.»

Puedes leer la entrevista completa en este enlace:
Afganistán | "No todas las mujeres que usan el hiyab están oprimidas": Boushra Almutawakel, autora de la imagen que se viralizó tras la irrupción del Talibán

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Leyendo a estas mujeres nos damos cuenta de que las feministas blancas tenemos grabado a fuego que nosotras nos ponemos bikinis porque queremos y las musulmanas se visten así porque las obligan. El «ellas» y el «nosotras» son los pronombres básicos que constituyen la sintaxis destinada al pensamiento racista/ imperialista/ colonial y que muchas veces se airean con la soberbia y la arrogancia de quien cree estar en el lado adecuado del feminismo (uno, blanco y libre).
   
Las mujeres feministas musulmanas son de obligada lectura para empezar a pensar(nos) desde un lugar menos asqueroso como femiListas. También nos sirve para aprender leer las publicaciones y destellos de lucidez de Wadia N Duhni sobre qué podemos hacer las blancas con toda esta bola de violencia que en realidad nos pilla bien de cerca en nuestras ciudades, barrios, edificios y ascensores. Las que tenemos hijxs tenemos trabajo para que en nuestras semillas no crezca ni se perpetúe el odio hacia la otredad. 

Lo escribe así Wadia en su muro de facebook: «Muchas me habéis escrito en los últimos días preguntándome, desde vuestra posición de privilegio, cómo podéis apoyarnos. Yo siempre digo lo mismo: USANDO ese privilegio. Si presenciáis cualquier tipo de ataque o agresión racista a cualquier persona migrante o racializada, en CUALQUIER espacio (en el trabajo, en la cola del supermercado, en la plaza, en el banco, en el bar con los colegas, en la uni, en las playas; donde toque); MOJAROS. Señalad con el dedo. Que todo el mundo lo vea. Que el agresor o la agresora queden abiertamente identificados y rechazados. Si no tienen vergüenza, hacédsela sentir. Sin tapujos. Sin medias tintas. Con total parcialidad. Mirad a los ojos. Grabad los hechos. Ofreceros como testigos. Acompañad. Denunciad. ¿Hasta cuándo? Hasta que los paremos. Hasta que este aparato racista colonial sea desmantelado por completo. Abrazadnos. Sostenednos. Nada en el mundo es más empoderador ni más electrizante que alentarnos unas a otras. Que sentirnos. Que estar. Protejámonos. Amémonos luchando por lo justo desde nuestro lugar en el mundo. Bailemos al son de esta –nuestra– revolución.»

Y en otro momento: «¿Podéis dejar de compartir las imágenes en minifalda de las mujeres afganas como símbolo de progreso? Y revisaros un poco de paso. Ni desvelarse ni occidentalizarse son un símbolo de progreso. Tener libertad para hacerlo –si se quiere–, sí; pero nada que ver con esto». 

En Instagram, de @princesayleonadelatlas queremos compartiros su acierto al señalar que el odio hacia las personas trans viene del mismo lugar que el odio hacia un hiyab y que aunque se vista de morado, fascista queda. Ella habla de 'dogmatismo neocolonial' y alerta del peligro de 'predicar odio' hacia la otredad desde un discurso supuestamente feminista.
Mujeres que necesitan protección, ayuda, mujeres desvalidas, mujeres-víctimas, mujeres que necesitan unx salvadorx (por supuesto blancx) son maneras de nombrar(nos) sacadas del Manual del Patriarcado. No repitamos con nuestras compañeras las mismas lógicas que tiene el patriarcado con nosotras, las feministas blancas occidentales, las empoderadas y liberadas por antonomasia. Abandonemos esa actitud infantilizante y paternalista, ese feminismo asistencialista y oenegero.

Gracias de verdad a todas las feministas musulmanas que están publicando estos días (y no sólo) para explicarnos incansablemente todo lo que todavía no entendemos.

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miércoles, 18 de agosto de 2021

Frente al ecocidio en el Mar Menor es la hora de actuar: Llamamiento al boicot de la agroindustria murciana

 


Ante el nuevo episodio de anoxia (falta de oxígeno) en la laguna del Mar Menor con la aparición de miles de peces muertos volvemos a asistir perplejos e indignados ante el ruido y confusión originados por la intoxicación mediática respecto a las posibles causas y el enfrentamiento político entre los diferentes grupos de la partitocracia que desde las diferentes administraciones pretenden responsabilizar hipócritamente al adversario político mientras su gestión política demuestra reiteradamente que son cómplices por acción u omisión, corrupción incluida, del ecocidio perpetrado en el complejo y frágil ecosistema marmenorense.

Como títeres al servicio de los poderes fácticos, los oligarcas, la agroindustria y las multinacionales, continúan mareando la perdiz con vacíos y falaces argumentarios políticos mientras unos pocos se lucran destruyendo el patrimonio natural de la Región de Murcia.

Unas pocas empresas en el campo de Cartagena explotan intensiva y, muchas veces, ilegalmente, los recursos naturales produciendo frutas y verduras a gran escala mediante fertilizantes y plaguicidas. Esta es la principal razón de que el acuífero y la laguna reciban cantidades ingentes de nitratos y otros productos sintéticos, tóxicos y cancerígenos que ponen a la laguna al borde de su virtual destrucción infligiendo daños probablemente ya irreversibles.

Por otro lado, nos enteramos de que el probable cacique mayor de la Región de Murcia, la intocable familia-saga de los Fuertes con su buque insignia El Pozo Alimentación radicado en Alhama, ha adquirido la isla Perdiguera, en pleno centro del Mar Menor.  No nos parece descabellado que prevea que cuando la laguna haya colapsado totalmente tal y como está, se proyecte sobre su área-entorno  un megapelotazo urbanístico con la expansión insostenible y antisocial del modelo de negocio de los infames y absurdos campos de golf, esos mismos que en una tierra con grandes limitaciones hídricas crecieron como setas de forma irracional y antieconómica y que ahora muchos de ellos quedaron fallidos.

Estos negocios con la complicidad de la mafia política y bancaria coadyuvaron en el colapso de entidades bancarias como Caja Murcia, rescatada posteriormente como Banco Mare Nostrum, absorbida por Bankia que, a su vez, fue  rescatada por el Estado con la consiguiente pérdida estimada de unos 22.426 millones de euros solo para reflotar esta última, y la CAM, Caja de Ahorros del Mediterráneo, también malvendida y absorbida por el Banco Sabadell por un precio simbólico de 1 euro después de haber sido saneada y rescatada a través del Fondo de Garantía de Depósitos y del Frob con unos 26.302 millones de euros.

También, esta familia-saga pretende ampliar su negocio con la implantación de una nueva macrogranja en los aledaños de Yecla. Ante la movilización social del pueblo, los permisos para la instalación de este modelo de negocio depredador y sumamente contaminante están a punto de concederse en territorio de la provincia limítrofe. El mercado chino demanda cerdo en grandes cantidades y los Fuertes amplían su producción para satisfacer dichas necesidades. Mientras, los Fuertes se enriquecen, contaminan por encima de nuestras posibilidades, maltratan animales y esclavizan a sus trabajadores en su megafábrica de Alhama de Murcia.

Volviendo al campo de Cartagena -sabiendo algunas de las interrelaciones de negocio en la Región de Murcia- podemos pensar que cuando toda esta zona quede improductiva por la erosión, contaminación y degradación medioambiental, estas multinacionales trasladarán sus explotaciones a otras latitudes habiendo arrasado el territorio y la costa con sus obsoletas prácticas agrícolas. No les importa. Entonces, ya vendrán otras  iniciativas quizá de los campos de golf que apuntábamos, para seguir la explotación insostenible y degradante de la zona.

Mientras perpetran estos crímenes ecológicos con la aquiescencia de los diferentes poderes políticos, administraciones, entes e instituciones, incluida parte de la comunidad científica, fondos de inversión están ya invirtiendo e implantándose por todo el Noroeste para despojar a los pueblos de la comarca y sus pobladores de sus codiciados recursos naturales y fertilidad. Una vez amortizado y abandonado el campo de Cartagena, el turno siguiente le toca al norte de la Región para continuar depredando y monetizando el patrimonio común.

Ante este estado actual de las cosas, solo nos dejan una alternativa: pasar a la acción, señalar al Grupo Fuertes y las multinacionales de la agroindustria como los culpables de los mencionados crímenes con el colofón del ecocidio del Mar Menor.  Estos caciques deberían confesar ante la opinión pública sus perversas intenciones de enladrillar y “engolfar” la contaminada laguna y  renunciar a su depredación económica, cambiar de rumbo, aplicar el conocimiento científico acumulado e implantar un modelo de desarrollo agroecológico sostenible medioambiental y socialmente. No pensamos que vayan a hacerlo, por tanto la sociedad civil tendremos que  someterlos  como consumidores a un boicot permanente de sus productos, una persecución implacable en los tribunales y una respuesta social contundente confrontando a los verdugos que por su avaricia sin límites pretenden destruir toda la Región de Murcia con la inestimable colaboración del poder político, mediático, policial y judicial de esta actual corrupta democracia.

Finalmente, desde la sociedad civil autoorganizada al margen de siglas políticas mafiosas afirmamos que los únicos cerdos que merecen terminar en el matadero son los culpables arriba mencionados: empresaurios, banqueros y politicuchos a su servicio. Y advertimos que sin justicia ecosocial no habrá paz.

Colectivo de Liberación Agroecológica de la Región de Murcia

Isla Perdiguera 

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