sábado, 19 de diciembre de 2020

CARTAS A MI QUERIDA AMIGA PUTÓFOBA 1

 



Lucía Barbudo

 Querida amiga putófoba,

 perdona que no te haya escrito antes, ¡ahora tenemos muchodemasiado sobre lo que ponernos al día!

 Hoy es el Día Internacional contra la violencia hacia las Trabajadoras Sexuales y me ha parecido una fecha lo suficientemente reseñable como para sacudirme la pereza que a veces me invade cuando tengo que escribirte. Perdóname la pereza, hablar es importante, de hecho, la política, básicamente, consiste en dialogarnos.

 Me gustaría retomar esto que te he oído y leído, en tus días no-violentos (ojalá tengas más) y más diplomáticos, de que tú «no estás en contra de las putas», que tú «de lo que estás en contra es de la prostitución».

 Desgraciadamente, mientras que la prostitución puede ser debatida a nivel de idea/situación o sustantivo abstracto o discurso político sobre el que teorizar forever, las putas son seres humanos bien concretos y tangibles, la realidad de las trabajadoras sexuales se materializa en cosas tan poco abstractas como llenar el frigorífico, pagar las facturas y tener listos y forrados los libros del cole al principio de cada curso. No es de teorías en el aire de lo que estamos hablando, es de personas aterrizadas en los devenires de lo práctico, nena, como tú y como yo. ¡Ay si vinieran a nosotras a teorizarnos la existencia! ¡No habría mierdas suficientes para todes a lxs que habría que mandar allí!

 Te digo esto para explicarte que tu frase es una memez sin sentido que ni dialécticamente se sostiene.

Estar en contra de la prostitución lleva, querida, a posicionarse en contra de que existan las putas. Efectivamente, sin putas no hay prostitución. Llegadas a este punto, no creo que proceda debatir la existencia de seres humanos; ni su existencia ni su exterminio, que si no estaríamos dándole al rewind y al play a las cintas de casette de las conversaciones chungas allende la Segunda Guerra Mundial y el Tercer Reich.

 Sin maricas ni bolleras (seres humanos) tampoco habría homosexualidad (como ideario/imaginario) y no se puede estar en contra de la homosexualidad (como régimen que atenta contra la familia y la extinción de la humanidad, que argumentan algunOs) apoyando a las maricas y a las bolleras. Hasta aquí creo que se entiende. ¿Te acuerdas del meme ese de «A mí me da igual que los gays tomen café y tostadas pero que no lo llamen desayuno»? Qué risa. Pues eso.

 No obstante, y aclarado que estar en contra de la prostitución comporta estar en contra de la existencia de las putas, me parece que el debate prostitución sí/prostitución no como mundo/horizonte deseable es un melón que me apetece muchísimo abrir.

 Lo dejó ahí para la siguiente misiva.

 Zorroridad, hermana.

lunes, 26 de octubre de 2020

La era del terror y la sospecha y los señalamientos ha llegado

 


Ojalá la gente se preocupara y se cuidara sus derechos fundamentales igual que su salud. 

El estado de alarma, los toques de queda, las restricciones en movilidad, la prohibición de reunión y manifestación, los confinamientos, la presencia y represión de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado como amenaza constante y garantía de cumplimiento de las normas son todos elementos que pertenecen a un mismo campo semántico: el de la dictadura.
Todxs somos potenciales terroristas víricos hasta que se demuestre lo contrario. La era del terror y la sospecha y los señalamientos ha llegado. 
  
Sí, ojalá más salud democrática. 
  
Ojalá el Gobierno no se valiera de la estrategia del miedo y la represión.
Y ojalá no funcionara.

Lucía Barbudo
Compañera de ARM


Os recomendamos la lectura de este artículo de Jaume Balboa, del que facilitamos su enlace:

Entre el Miedo y la Violencia Estrategias de Terror y de Represión para el Control Social

donde analiza el miedo como mecanismo ordinario que usa el Estado para el control social y propone un esquema explicativo del miedo, con sus efectos y consecuencias, tanto en los individuos como en los grupos sociales, para situarnos el mito de la Seguridad en el centro de este fenómeno.

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domingo, 11 de octubre de 2020

Me pone los pelos de la indignación de punta



Por Lucía Barbudo
(Coordinadora Anti Represión RM)

Venía escuchando en el coche en la cadena no-Ser al Señor Presidente de la Región de Murcia el señor Fernando López Miras Señor sí Señor decir que tanto el Gobierno central como los autonómicos tienen que escuchar a la comunidad científica, a los expertos virólogos y epidemiólogos (Fernando gusta del plural machista no-inclusivo que sistemáticamente invisibiliza el trabajo de las mujeres en el campo de la ciencia) para gestionar esta pandemia pues son ellos los que saben y los políticos están para escuchar a los expertos y hacerles caso y desde ahí gestionar. 
  
Pues bien, en educación las personas expertas somos las maestras y las profesoras y NADIE de ningún Gobierno ni de ningún partido nos ha pedido ni siquiera nuestra opinión para gestionar nada.
  
En la Consejería de Educación no hay docentes, el señor Fernando López Miras no es docente ni de lejos y la Ministra de Educación, me dice la Wikipedia que es docente pero ni se sabe de qué ni cuándo fue la última vez que pasó lista en su aula o se preparó una clase. Me dice la Wikipedia que su antecesor, un tal Íñigo Méndez de Vigo Montojo, es jurista (y barón, eso sí, aunque para un título nobiliario no hay que estudiar) y el antecesor del antecesor fue Wert, que de ese mejor ni acordarse. 

Es decir, los y las que piensan y deciden en educación no son expertos en educación, no tienen relación con las aulas ni tienen experiencia docente. Y, sin embargo, hacen y deshacen. 
  
Me pone los pelos de la indignación de punta que el periodista que lo estaba entrevistando no le haya preguntado al Señor López Miras por sus lógicas: por qué, si está convencido de que hay que escuchar a los epidemiólogos y virólogos para tomar decisiones de gobierno que no nos lleven al caos, por qué no se escucha la opinión de lxs docentes en materia de educación, por qué deciden lxs ignorantes, empezando por él mismo, sobre algo que no entienden, con lo que no trabajan y sobre cuya realidad se encuentran tan alejadxs. 

Me dan ganas de salirme en la primera curva cada vez que escucho entrevistas a estos señoros por la radio. Qué preguntas más malas, qué falta de rigor y honestidad en las respuestas, qué culebreo, qué de frases vacías que no dicen nada.
    
¿A qué colegio o Instituto lleva usted a sus hijxs, señor Fernando López Miras? ¿Cómo se está organizando usted con sus hijxs, su trabajo y su familia en este régimen de semipresencialidad? ¿Cómo se organiza su casa cuando sus hijxs no van al colegio o al instituto? ¿Qué impresión tienen sus hijxs sobre este improvisado modelo educativo? ¿Usted acusa la brecha digital, señor Fernando López Miras? ¿Qué plataformas o medios tecnológicos usan sus hijxs para hacer los deberes? ¿Y con qué soporte cuenta su familia para atender a las necesidades educativas de sus hijxs? 
    
A ninguna de estas preguntas podría contestar el Presidente de la Región de Murcia pues no tiene hijxs. Sus votantes sí, pero eso no importa. Lxs votantes no hacen ni deshacen. 
  
Alejado de la realidad como docente, como alumno y como padre, señor Fernando López Miras, voy a hacerle unas preguntas que sí sabrá contestar pues me dice la Wikipedia que es usted abogado, dígame, ¿se está vulnerando el artículo 27 de la Constitución que vela por el derecho a la educación? Desarrolle su respuesta.
En el Pacto Internacional de Derechos Económicos Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, ¿se está violando el artículo 13? Desarrolle su respuesta.
Más allá de la mera gestión, ¿ cómo se están garantizando los puntos contenidos en el marco del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (disponibilidad, aceptabilidad, adaptabilidad y accesibilidad)? Desarrolle su respuesta.
    
Sí, señor, es una pandemia, es todo muy complicado, es todo muy excepcional, es todo muy trabajoso y es muy bonito que estemos todos arrimando el hombro, como usted dice. Me encanta que me reconozca mi trabajo como docente, Señor Fernando López Miras, sí, gracias por aplaudirme el esfuerzo. 
    
Me gustaría devolverle el aplauso, hábleme de cómo arrima usted el hombro. Hábleme de un día en su jornada laboral.
Ahí tiene usted el micro, todo suyo. Sin frases vacías, por favor. Concretando. Gracias.

Repercusión en Prensa



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viernes, 25 de septiembre de 2020

La única violencia que es, para ellos evidentemente, legítima: la violencia del Estado


Como soy traductora, voy a empezar a traducir: la OMS recomienda una mayor individualización (por si el capitalismo no se hubiera encargado y esforzado ya lo suficiente en machacar(nos) en esta línea) y la atomización de las sociedades en esto del relacionarnos y el vivirnos. Por supuesto, esto tiene repercusiones en cómo nos pensamos personalmente (todes podemos hacer enfermar o incluso matar a cualquiera) y cómo nos organizamos políticamente (harto complicado con las reuniones reducidas como en época franquista).    

Supongo que en tiempos de crisis se hace muy necesario que las instituciones que gozan de prestigio y reconocimiento se esfuercen por «poner orden» y prescribir soluciones. Si encima la crisis es de salud pública, blanco y en botella, amiguis: semen. 

Hay que decir ya, o recordar más bien, que la medicina jamás ha estado exenta de ideología. Esto lo saben bien las comunidades maricas, trans y bolleras, históricamente patologizadas y con todo tipo de tratamientos a su disposición para «curar» sus anomalías (la anomalía se parafrasea en esta sencilla línea: salirse de la caja cisheterosexual).

También lo saben las comunidades no-blancas: de lxs negrxs se decía hasta antes de ayer que tenían el cerebro más pequeño (esclavizar y humillar a una persona de dudosas capacidades intelectuales parece menos grave y mucho más fácil de hacer que infringir ese daño y someter a ese proceso de deshumanización a alguien a quien podemos considerar un igual intelectual). Otro tanto se ha encargado la ciencia y la medicina de hacer con las biomujeres: leí una vez que teníamos una glándula en la amígdala que es la que nos empujaba a casarnos y a creer y querer el matrimonio. Sobre maternidad y lactancia mejor me callo que me va a quedar esto muy largo. 

Así pues, con las conclusiones, estudios, libros, artículos, ponencias y conferencias de renombrados expertos (el masculino es concreto, no genérico) biohombresheteros y, por supuesto, blancos, se podrían llenar infinidad de capazos con infinidad de gilipolleces. Algunos capazos ya han sido felizmente desmontados y vaciados, pero otros siguen llenos justificando todo tipo de violencias, abusos, posiciones de poder que sigan manteniendo en la subalternidad a los grupos interesados. 

Hablaba más arriba de «poner orden» y es así de literal la traducción: de las posiciones de dominio (arriba) se desprenden posiciones de subordinación (abajo); se «ordena». Y los de arriba siempre tienen a los expertos, a las instituciones que gozan de prestigio y validación y a la única violencia que es, para ellos evidentemente, legítima:
la violencia del Estado. 

No es la primera vez que se mezcla la política con las ciencias de la salud, pero quizás por el telón de fondo pandémico a mí es que esto me parece ya demasiado descarao. El confinamiento de los Barrios del Sur de Madrid, los tests covid-covad-cadadíatequieromás a la población que vive en esos barrios no obedecen a motivos de salud pública, obedecen a motivos políticos y a intereses partidistas que son marcadamente racistas, clasistas, criminalizadores y estigmatizantes. 

La opresión se mueve y opera alrededor de los ejes Sur-Norte a distintos niveles: el Sur Global, el Sur del Norte (países como Portugal, Italia, Grecia y España -los PIGS, por sus siglas en inglés), y los Barrios del Sur en esos países del sur de Europa. Los altos niveles de represión/desprotección se aplican proporcionalmente y obedecen a lógicas de clase, marginalización y pobreza, lógicas de raza, lógicas de género; las violencias de nuevo son transversales e interseccionales. 

Si no vives en Vallecas o en Carabanchel o en Usera y te crees que por ello las violencias no te tocan, piensa que estás en Expaña, uno de los países más precarizados de Europa y, no casualmente, uno de los países con mayores restricciones de movilidad, confinamientos más bestias, y uso de mascarillas más restrictivos (en otros países del centro de Europa la vuelta al cole se ha hecho sin mascarillas y tampoco hay obligatoriedad de usarla en el espacio público).

Por salud pública refuerzas los centros de salud de los barrios, no mandas a los Playmobil psicópatas de los antidisturbios a apalear a les vecines. Por salud pública, se toman decisiones destinadas a cuidar de la población (especialmente a cuidar a la población más vulnerable) y esto se hace invirtiendo en lo público, no castrando derechos y libertades fundamentales.

Esto no es un asunto de velar por la seguridad ni la salud de nadie; se desmonta en la infancia que los Reyes son lxs mpadres pero todavía hay mucha gente adulta dejándole galletas y un vaso de leche a la labor de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. A ver si leemos despacio para traducir bien y que podamos tener una acertada lectura del mensaje y una comunicación efectiva: Seguridad del Estado. Del Estado. Es el Estado el que se blinda y beneficia. El Estado antidemocrático, autoritario (sí, con un gobierno de izquierdas) y violento al que las subalternidades, lxs subordinadxs, y no digamos la población migrante que ni siquiera vota, les importamos una soberana shit. 

Esto no es una cuestión de salud pública, lo que está pasando en los Barrios del Sur de Madrid, lo que están haciendo con las personas que viven allí, traduzco, se llama control de plagas.
¡Fuerza y resistencia a los Barrios del Sur! 

Lucía Barbudo (Coordinadora Anti Represión RM)

#violencialadelEstado #brutalidadpolicial #NoesSaludSonPolíticas #covidcovad











Repercusión en prensa:

- Kaos en la red

- La Haine Contrainfo



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jueves, 17 de septiembre de 2020

Es hora de hermanarse y acuerparse y no simplemente llamarse «feminista» en las redes sociales



Pregúntale a cualquier madre del planeta qué es lo que le da más miedo del mundo y todas te contestarán sin excepción:
que les hagan daño a mis hijxs,
que mis hijxs sufran. 

Que el daño venga del propio padre es aterrador pero que el daño se reproduzca a través de los canales donde operan las instituciones que están para, se supone, proteger a las criaturas, es una pesadilla de dimensiones insoportables. Es tortura. 

El del padre fue el primer maltrato, pero no el último. El padre abusó sexualmente de su hija (así lo dicen las pruebas), pero siguieron abusando de ella todos los y las profesionales que pusieron su granito de arena para separar a G. de su hija; todos los y las profesionales que pusieron su granito de arena para que, finalmente, en 2017, el padre que abusó sexualmente de su hija acabara haciéndose con su custodia. ¿Y qué hay de la denuncia de G.? ¿Qué hay del testimonio de la niña? 

Fácil, se dictamina que la madre está loca, se la obliga a someterse a tratamiento psicológico y psiquiátrico (a pesar de los numerosos informes que sostienen y demuestran que G. está bien cuerda y que es este proceso la que está dañándola psicológicamente), se dicen las palabras mágicas «Síndrome de Alienación Parental», se concluye que la madre es un peligro para la niña (perversa vuelta de tuerca) y se las aleja para siempre. Esto fue hace tres años. Tres años en los que G. no ha dejado de luchar y en los que G. no ha conseguido absolutamente nada. Tres años sin un papel que la autorice a ver a su hija.
La niña tenía un año y cinco meses cuando empezó todo.
Ahora tiene ocho. 

Tal vez debería decir ya, para empezar a explicar y entender las cosas, que G. es latinoamericana y que el padre que enrojeció reiteradas veces la zona genital de su hija es de Cartagena. ¿Una sudaca acusando a un cartagenero de bien? ¿Una migrante con cara de india denunciando a un miembro respetable de la cofradía? Sí, hombres de bien, padres de familia, cofrades, ciudadanos modélicos con redes sociales que son un escaparate impoluto que se puede usar, por ejemplo, en un juicio. Inquietante tanta perfección y tanto afán por mostrarla. ¿Acaso no se sabe que detrás del laberinto de la pederastia y el abuso infantil están eyaculando impunidad los miembros con sus miembros de nuestra Santa Madre Iglesia? Hay demasiados violadores con demasiado poder. 

El corporativismo en torno al macho es el corporativismo que cierra filas con el Pater familias y es el corporativismo que blinda al Estado y a todo «su aparato» de poder.
Por eso es todo tan difícil. 

Nos toca denunciar y visibilizar sistemáticamente que las instituciones encargadas de llegar a la verdad y hacer justicia son racistas, xenófobas y machistas, y que se mueven y operan en ejes de violencia patriarcal y colonial.

Nos toca denunciar y visibilizar sistemáticamente que, consecuentemente, hay que tener muy claro que no habrá jamás justicia para la madre migrante.
Nos toca denunciar y visibilizar sistemáticamente -porque es también sistemáticamente por muy enrojecidos que estén los genitales de la hija- que la justicia ve y castiga a la mujer migrante de rasgos indígenas, no ve la vulva enrojecida ni castiga lo que se deriva de la explicación de una niña de un año y cinco meses. La justicia nunca escucha a nuestrxs hijxs.
Es también sistemáticamente que se castiga a las madres que denuncian.
Es también sistemáticamente que se aleja y separa a las madres que denuncian de sus hijxs maltratadxs y abusadxs.
Sistemáticamente es un adverbio que hace referencia a la frecuencia pero también a la estructura, al Sistema. 

Este martes 22 de septiembre a las 10.00 en el Juzgado de Instancia número 1 de Cartagena (c/Ángel Bruna) estamos convocadas todas las personas que pensamos que esto es una aberración, una locura, un absurdo, una monstruosidad, una injusticia que ninguna madre tendría que soportar.
No podemos permitir que G. se sienta sola.

Se me agrieta el corazón para siempre al recordar las calles llenas el 25N contra las violencias machistas o el 8M petándolo fuerte mientras no acompañamos lo suficiente a estas madres a transitar sus dolorosos procesos en las instituciones, en los juzgados, en sus casas, en sus vidas. ¡Qué NADA significa salir a la calle dos veces al año porque lo manda el calendario! ¡Cuánto vacío político! ¡Escribir y no hacer! ¡Hacerse fotos y no hacer! ¡Desfilar y no hacer!
Es hora de hermanarse y acuerparse y no simplemente llamarse «feminista» en las redes sociales.
La camiseta no basta con ponérsela, hay que sudarla. 

TODAS CON NUESTRA HERMANA G.
Martes 22 de septiembre, 10.00h
Juzgado 1 Instancia N 1
C/ Ángel Bruna, 21
Cartagena
  Compartid y difundid entre vuestros contactos. Venir es muy importante, que se sepa lo que está pasando es imprescindible. 

Reparar(nos) sostener(nos) y cuidar(nos) la vida es nuestra única responsabilidad

SOLAS, NUNCA


                                                Fotos de la Rueda de Prensa de 2016

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jueves, 27 de agosto de 2020

CARTAS A MI QUERIDA AMIGA BIOVULVA 3


Lucía Barbudo

Querida amiga biovulva:
Esta noche no he podido dormir pensando en esto que viene siendo tu pesadilla, aún estando despierta. Piensas una y otra vez en el borrado de las biomujeres, ¡es perverso! Me preocupa tu preocupación.
No entiendo que te sientas amenazada por un grupo que, como vienes diciendo de manera insistente y bastante despreciativa, es minoritario. 
  
Quitando la cosa de que las minorías se vean discriminadas sólo por ser minorías, argumento harto discutible (convendrás conmigo) en un Estado de Derecho, ¿no es un poco locurón, en esa lógica tuya, repito, de minusvalorar minorías, pensar que cuatro gates van a amenazar la súper bioestructura de gran poder hegemónico de larguísima tradición histórica que ostenta el cissistema?
   
Intento entender tu miedo y no puedo. 
  ¿No estamos las biovaginas y los biopenes sobradamente representadxs en todos los libros de texto donde subliminalmente se enseña y reproduce la bionorma? ¿No está el cisheteropatriarcado en todas las fichas del cole, en todos los anuncios de la tele, en todas las mamparas de los autobuses, en todas las pelis que vemos, en todos los libros que leemos? 
  
Intento entender tu miedo y no puedo.
¿Qué te van a borrar a ti, nena, si tienes de tu lado el tremendo altavoz mediático del biofeminismo blanco institucional con biohembras tan potentes como Amelia Valcárcel, Lidia Falcón o Yolanda Besteiro (como vacas sagradas de la «intelectualidad académica feminista») o las Towanda Rebels y Barbiejaputa (estas ya a un nivel más de márketing torticero, con mensajes feministas como las tazas del Tiger tienen mensajes de autoayuda)? 
  
Muchacha, despreocúpate. A ti no te borra ni dios.
 
Me haces acordarme de lxs fachas que dicen que lxs inmigrantes vienen a quitarnos los derechos y de esos machos sobre los que tanto hemos hablado juntas que también están nerviosos porque se están dando cuenta de que los feminismos están desmontando su chiringuito patriarcal. A ver si va a ser esa tu preocupación y no otra, bioamiga querida, piénsalo. 
  
Igualmente te confieso que me tienes enganchada con las cosas que te leo; en la película que te has montado, tus pesadillas son mis palomitas. 
  
Me despido ya, que esta tarde mi hijo tiene cumpleaños y ya sabes que le gusta vestirse de Blancanieves, ¡qué maravillosa es la infancia sin prejuicios! Ya sabes, donde no hay violencia, hay libertad. 
  
Abrazos sororos.

Image by Charles Hutchins 

Nota: Dirigida a la amiga Terf (Trans Exclusionary Radical Feminist, feministas radicales que consideran que las mujeres trans no son parte del movimiento feminista, por sus siglas en ingles.
Feminista Radical Trans-Excluyente.

Si quieres seguir la serie, la puedes encontrar aq mismo:


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sábado, 22 de agosto de 2020

Reforzando el estigma de las trabajadoras sexuales con antiguos argumentarios higienistas


Lucía Barbudo

El 13 de enero de 2020 se refundó el Ministerio de Igualdad con esta línea en sus bases: «la prevención y erradicación de cualquier forma de violencia contra la mujer» y esta otra línea también: [...] «la eliminación de toda forma de discriminación por razón de sexo, origen racial o étnico, religión o ideología, orientación sexual, identidad de género, edad, discapacidad o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. » 

La Ministra de Igualdad no sólo incumple lo exigido a su propio Ministerio sino que ella misma ejerce, con declaraciones como las de hoy, violencia contra las mujeres trabajadoras sexuales. Una violencia que pasa por seguir ignorando los derechos de las trabajadoras sexuales en tanto que trabajadoras. 

Una violencia que comporta más precariedad, más discriminación y más desigualdades. Una violencia que refuerza aún más el estigma y que reaviva antiguos argumentarios higienistas poniendo a las trabajadoras sexuales en el punto de mira como foco descontrolado de infección y contagio. 

Batiburrillo de discursos que vuelven a entremezclar lo moral con lo sanitario; lo sano con lo sucio. En plena pandemia y con los ya más que presagiados rebrotes de septiembre-octubre, Irene Montero pone hoy convenientemente sobre la mesa el trabajo sexual y lo expone como un problema de salud pública relacionado con la higiene de la población. 

Convenientemente, además, cuando el trabajo sexual sigue siendo, a pesar de los increíbles esfuerzos del activismo político de las trabajadoras sexuales, el talón de Aquiles de los movimientos feministas. 

Le vamos a dar la vuelta al sintagma «hacer la calle». Te vamos a hacer una escuela en la calle, Irene, putas y aliadas, para que aprendas que los derechos y las vidas de las mujeres no son negociables ni cuestionables mientras tú pierdes el tiempo en seguir jugando a Barbie Ministero. 

Con derechos, no hay desigualdad.

 #conlasputas #TrabajoSexualEsTrabajo #sexworkiswork #conderechos #sinputasnohayfeminismos



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lunes, 17 de agosto de 2020

LAS NARRATIVAS DEL MIEDO


Asger Jorn. Letter to my Son (1956)

Lucía Barbudo

Dos personas caminan juntas cogidas de la mano. De una de las manos sale una correa y de la correa sale un perro. Van en dirección a un sendero que marca una ruta de 1.3km. Las dos personas llevan mascarilla. 
 
Semáforo en rojo. En el coche de al lado va una persona conduciendo. Esa persona lleva mascarilla. 
 
En una carretera comarcal de Galicia, entre dos pueblos, una persona de unos setenta u ochenta años empuja un carro de la compra por el borde de la carretera. La adelanto con el coche. Lleva mascarilla. 
 
A unos veinte metros de mí, con una parcela entre medias vacía que no se va a ocupar, veo a una familia montando su tienda en el camping. Todxs llevan mascarilla. 
 
Podría seguir así y rellenar varios folios. 
 
No te puedes acercar a ninguna de estas personas a preguntarles por qué llevan la mascarilla porque lo que te van a dar no son razones. Una persona sola o una familia que en un entorno seguro lleva mascarilla lo que tiene no son razones, lo que tiene es miedo. 
 
No creo que yo esté por encima de las narrativas del miedo, simplemente he visto menos la televisión. Si hubiese seguido las mismas horas de película de terror que esas personas, seguramente yo habría pasado el confinamiento en mi casa abriendo los pomos de las puertas con los codos, lavando los cartones de leche con lejía a la vuelta del supermercado y mi hijo no habría visto a su abuela por miedo a matarla. ¿Se puede pensar algo más perverso que un nieto matando a su abuela? ¿Hay algún relato más espeluznante? Y sin embargo, así ha sido para muchas personas. 
 
Creo que de una verdad se han utilizado un sin fin de figuras retóricas para hacer mucha literatura. Un virus una enfermedad un contagio una muerte es real. Las personas que he descrito más arriba viven una amenaza irreal. Me parece deleznable que se resuciten estrategias político-cognitivas de 1945 para teledirigir personas a base de buenas dosis de miedo. Es inmoral. Me da muchísima tristeza el miedo gratis y más inoculado en personas mayores, quizás porque se vive más de cerca con eso de que la muerte sea algo más que una simple posiblidad. Ser parte de la estadística es más terrorífico que ser parte de la posibilidad. 
 
Me gustaría escribir más sobre el miedo, contrariamente a lo que se pueda pensar (incluso conociéndome) soy una persona muy miedosa, pero he aprendido a vivir con el miedo como otro sentimiento más, natural y humano, pero no castrante ni discapacitante. Eso jamás. 
 
Podría resumir mi relación con el miedo de esta manera:
Una vez en el tren camino a Alicante para ir a ver a mi amiga Reme, mi hijo de 8 años me preguntó, a raíz de una conversación que estábamos teniendo: «Mami, ¿y si tengo miedo qué hago?», pensé en mí misma porque creo que a lxs niñxs les debemos honestidad y le dije: «Lo mismo, pero con miedo».
 
He tenido muchas veces mucho miedo de irme sola con mi mochila a viajar lejos. He llorado en la cola del check-in esperando mi billete y pensando en la posibilidad REAL de ser robada, violada, asesinada, de caer enferma estando sola. He tenido diálogos conmigo misma en los que me decía frases como: «A quién se le ocurre», «Qué irresponsable», «Esto es una locura» porque son muchos los guiones que las mujeres llevamos aprendidos sobre las cosas que nos pasan «por nuestra culpa» y es muy difícil trasladar las narrativas del miedo ligadas a la responsabilidad personal e identificar que las violencias no dependen de ti y hay que repetirse muchas veces, hasta creérselo, que no debemos esperar por eso que ningún castigo nos aleccione las ganas de hacer cosas. Que eso no es ser irresponsable, que eso es algo tan sencillo como vivir. 
 
Mucha gente pensará que estoy mezclando miedos; yo creo que las aguas subterráneas que corren por los miedos que vivimos en paralelo son comunes. Con amenazas reales se construyen relatos que nos paralizan o que nos angustian el día a día. 
 
Creo que estaría bien dialogarnos el miedo y darle una vuelta a los guiones sobre la responsabilidad, tantas veces equivocados.

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viernes, 14 de agosto de 2020

CARTAS A MI QUERIDA AMIGA BIOVULVA 2

                            
   
Lucía Barbudo

CARTAS A MI QUERIDA AMIGA BIOVULVA 2

Querida amiga biovulva:

En mi anterior misiva mencionaba a las mujeres masculinas y a las butch como ideal a alcanzar en esa lógica tuya contradictoria de que es la feminidad la que nos trae violencias y me urge la necesidad de analizar un poco más esto, porque la cuestión me parece mollar. Cuestionas y criticas la feminidad y los roles performados por las mujeres trans, pero queda fuera de toda crítica la feminidad y los roles performados por las mujeres cis; me parece un argumento el tuyo bastante cogido por los pelos. 
Criminalizar la feminidad ajena y no la propia no es de recibo. 
 
Por otra parte, y volviendo a las mujeres masculinas y a las butch (no sé si te has leído la obra imprescindible de la Judith Halberstam pero te la recomiendo a morir, nena), decirte que son mujeres apestadas por el patriarcado, precisamente, oh sorpresa, por no ser consideradas mujeres-mujeres. Y mira que tienen biorajita. ¡Qué sorpresiva coincidencia que el patriarcado castigue a las mujeres que no performan la feminidad hegemónica del mismo modo que tú castigas a las mujeres trans que la performan! Con el mismo argumento, además: no son mujeres, son monstruos, engendros, material risible. ¡Menudo plot twist! 
 
Pero, agárrate, no sólo hay violencias para las que no son Barbies, el cisheteropatriarcado también tiene odios y estigma a repartir para las maricas con pluma porque tampoco son hombres-hombres, dignos representantes de la virilidad ni la masculinidad de macho dominante. De las personas no binarias, mejor ni hablamos, que a ti te gusta meter las identidades en cajas bien compartimentadas y para estas no hay caja que valga. Menudo cacao este de defender que el feminismo es cosa de biomujeres, como si fuésemos las únicas oprimidas por los guiones de género establecidos. 
 
Querida amiga biovulva, una línea para resumir todo esto parafraseando a las compañeras chilenas:
el patriarcado eres tú. 

Antes de despedirme, querida Feminista de la Entrepierna, me gustaría plantearte una cuestión, y es la siguiente: si las TERF (1)  no consideráis a las mujeres trans dignas miembras de vuestro club de Avon feminista por (quizás) portar pene y no ser por ello, como repites hasta la saciedad, mujeres-mujeres, pregunto: los hombres trans que, sin duda alguna según vuestra lógica de las ingles padentro son mujeres, ¿sí formarían parte de vuestra zona VIP feminista? ¿O qué giro? 

Me surge la duda porque algunos son cuerpos que portan biocoño, como vosotras. 

Saludos sororos.

(1) Trans Exclusionary Radical Feminist, feministas radicales que consideran que las mujeres trans no son parte del movimiento feminista, por sus siglas en ingles.
Feminista Radical Trans-Excluyente.


Si quieres seguir toda la serie, la puedes encontrar aq mismo:

                                            

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jueves, 13 de agosto de 2020

LEALTADES Y CORPORATIVISMO DE «IZQUIERDAS»

 


Lucía Barbudo

LEALTADES Y CORPORATIVISMO DE «IZQUIERDAS»

Cada vez me parece más obsoleta y de poca precisión y seriedad política la distinción entre la derecha y la izquierda. Creo que las narrativas que polarizaban y distinguían las líneas políticas de los dos principales partidos políticos que hemos tenido hasta hace poco se entremezclan y confunden cada vez más (ahora cuajados en otras formaciones que suman en número, pero no en contenido), hasta el punto de que ya resulta absurdo hablar de unos u otros partidos en esos términos: los de derechas y los de izquierdas como si defendieran o representaran cosas opuestas. 

Se piensa que la derecha mira más por lo privado que por lo público, sin embargo la modificación del artículo 135 de la Constitución que priorizaba el bienestar de los bancos al bienestar de las personas se hizo bajo gobierno «socialista», ¿no era la derecha la que defendía los intereses de las finanzas privadas, las élites del Poder y la izquierda la que velaba por el interés del bolsillo del ciudadano de a pie? 

Con un gobierno de derechas se impuso el mayor atentado vía democrática a los derechos y libertades ciudadanas, la Ley Mordaza, modificación que fue muy criticada por la izquierda en la oposición (ah, qué fácil es estar en la oposición, vacaciones pagadas en Punta Cana para la oligarquía!) y que fue equiparada con la antigua ley franquista de Vagos y Maleantes. Sin embargo, con una coalición de «izquierdas» en el gobierno, esa misma ley que decían propia de estados totalitarios sigue vigente.
Con la crisis-estafa de 2008, y con la «izquierda» en el gobierno, se produjeron recortes, fundamentalmente en sanidad y educación y ayudas sociales, y se acusó al gobierno de ser súbdito del FMI, de gobernar para las grandes multinacionales y no para las personas y de hacernos pagar una deuda que no era nuestra.

  Que no se nos olvide jamás que el 15M se levantó en la calle con un partido de «izquierdas» en el Poder. 

Hoy, con la nueva crisis covid19, resulta que tenemos un gobierno de «izquierdas» que sigue acumulando deuda y que ya anda anunciando nuevos recortes, adivinen dónde. 

Me dicen que me ponga la mascarilla por mi bien y el de lxs demás pero no hay medidas ni decisiones encaminadas a hacer nada que yo vea que es realmente por mi bien y el de lxs demás. Por mi bien y el de lxs demás se estarían abriendo procesos de oposiciones para el cuerpo de maestros y profesores, no generando texto en el BOE para que lxs críxs se pongan la mascarilla en septiembre y lleven todes una bolsita de aseo con gel hidroalcohólico y otra mascarilla de repuesto. Esto, perdonadme que lo diga, es una chapuza de medida, una cutrez y una mierda gigante que significa no estar a la altura del estado de alarmante pandemia en el que estamos. Y que nuestrxs peques no vuelvan al cole y que eso suponga que las familias tenemos que hacer UNA VEZ MÁS de amortiguador, es algo por lo que muchas madres no estamos dispuestas a pasar. Por mi bien y el de lxs demás, esas nuevas plazas posibilitarían una bajada de las ratios por curso y un desdoblamiento de los grupos en distintas franjas horarias: a menos alumnxs por aula, más distancia de seguridad y menos posibilidades de contagio. Por mi bien y el de lxs demás, también habría muchos más puestos habilitándose para médicxs y enfermerxs y una inversión mucho más bestia en sanidad e infraestructuras que no estoy viendo. Esas, creo, serían un par de cosas así a vuelapluma por mi bien y por nuestro bienestar. 

 Tengo la impresión, por el nivel de hostilidad en torno al tema covid que se viene levantando de un tiempo a esta parte por parte de la «gente de izquierdas», de que existe un corporativismo de «izquierdas» muy fuerte porque esta crisis nos ha pillado (qué mala suerte) con un gobierno de «izquierdas» en el poder, y claro, en esa dicotomía simplista de estar de un lado o de otro, no vas a criticar a tu equipo, ¿no? Ese es el nivel. El pensamiento crítico por lo visto se muere porque hay un gobierno de izquierdas gestionando la pandemia y criticar la gestión de un gobierno de izquierdas te convierte en
a) facha
b) terraplanista
c) conspiranoico y/o
d) negacionista
porque, claro, la inteligencia es de izquierdas y criticar la izquierda entonces computa para que te den créditos de tonta del culo, ¿no? ¿Es esa la lógica que se maneja? 

Criticar la gestión del gobierno (me da exactamente igual que sea de derechas que de «izquierdas» porque como ya he explicado con un par de ejemplos más arriba, las categorías de derecha e izquierda son para mí compartimentos vacíos, narrativas con olor a alcanfor de las que sólo han permanecido las palabras y no los hechos) no es negar la existencia del covid19, ni negar los muertos, ni negar la enfermedad, ni negar el contagio, ni me convierte en reptiliana, ni me da puntos extra para presentarme a un casting de la mítica serie de los 80 V remasterizada. 

Criticar la gestión del gobierno es mostrar desacuerdo con las decisiones tomadas, es estar en contra de las vergonzosas medidas que sólo son parches, es ser crítica con la información que nos dan y que se te levanten las dos cejas por las incoherencias. Criticar la gestión del gobierno es abandonar el enfermizo, loco y neurótico discurso del miedo para pedir más salud democrática. Criticar la gestión del gobierno es buscar puntos y afinidades desde donde articular una respuesta colectiva que a mí, personalmente, me deje dormir tranquila por las noches sabiendo que lo estoy intentando. Porque, y esto sí que me suicida las neuronas, escuchar que con un gobierno de derechas nos iría aún peor no es un argumento para comulgar con lo que hay. Eso es derrota y es fracaso. 

 A mí me mosquea bastante que si llegan a estar, ponte, PP y Ciudadanos gobernando con el covid19 y tomando, ponte, exactamente las mismas medidas que Ken Sánchez y su gobierno de coalición de «izquierdas» en el power, serían precisamente los del POSE y Pablo et al los que estarían diciendo exactamente lo que dicen los fachas de la derecha. 

 Me imagino perfectamente al Pablo Mesías de su Iglesia con la Constitución en la mano diciendo que el confinamiento se pasa por el forro varios derechos constitucionales. Me imagino perfectamente a la izquierda diciéndole a la derecha lo que la derecha está diciéndole a la izquierda. 

 Me imagino a la «izquierda» haciendo manis contra el gobierno (sin tanta bandera de Expaña, eso sí) y organizando la calle ante la perspectiva de un nuevo y antidemocrático confinamiento. Me imagino los gritos en el cielo, la de cejas que estarían levantadas con cada declaración de la OMS que contradice y no justifica cada decisión del gobierno. 

Me imagino a la derecha en el gobierno con el covid19 aprovechando la coyuntura para dar más poder a la policía racista, aprovechando la coyuntura para desmantelar todavía más los servicios públicos de sanidad, no moviendo un dedo por la escuela pública ni por la infancia, me imagino a la derecha viendo impasible cómo se contagian los trabajadores migrantes en nuestros campos sin importarles tres mierdas sus vidas al tiempo que refuerzan las políticas migratorias y alimentan un discurso de odio racista y xenófobo, criminalizando la pobreza y desmarcándose de su responsabilidad de hacer cumplir los derechos humanos, me imagino a la derecha mirando impasible la huída del emérito intocable, la primera gran estafa y la primera transacción (que no transición) de nuestra recién nacida democracia. 

Me imagino a la derecha en el gobierno haciendo todo eso sólo que no es la derecha, es la «izquierda». También me imagino a la derecha sacando a los militares a la calle y a dar ruedas de prensa, pero eso tampoco lo ha hecho la derecha, lo ha hecho la «izquierda».

 Nos dijeron en 2008 que no se podía hacer otra cosa, que estaban con las manos atadas por las deudas en Europa, y que había que «arrimar el hombro» (una de mis frases top favo) cuando empezaron los recortes para salvar a la banca. 

Que los gobiernos nos mienten en la gestión de nuestras crisis y en defensa de sus intereses y de la gentuza para la que trabajan, creo que es algo incontestable por estar sobradamente demostrado.
Me pregunto cuánto queda para que se empiece a repetir ese mantra otra vez, aunque ya lleva varios meses sonando este otro que parece pergeñado por los hinchas del Liverpool: «esto lo paramos entre todos». De lo creadores del «You'll never walk alone», nos llega la traducción más acertada: «No vamos a dejar a nadie atrás». Manda pelotas. Para lxs aficionadxs que no lo sepan, cuando gana tu equipo, queridx hincha comprador compulsivo del merchandising, tú no ganas absolutamente nada. 

Ya lo dije cuando nos encerraron en nuestras casas: #yomequedoencasa, #peromequedopensando y ahora lo repito: yo me pongo la mascarilla, pero detrás de ella seguiré hablando. 

La izquierda y la derecha no sirven ya como categorías políticas, no significan nada en la agenda. Ya no. Ahora la derecha y la izquierda sólo sirven para sacarse el carnet de conducir y para bailar coreografías. Para hablar del resto de cuestiones que nos atañen, sólo podremos hablar de privilegio, de élite y de posiciones de poder.


Publicado en eldiario.es/murcia: Murcia y aparte


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lunes, 10 de agosto de 2020

CARTAS A MI QUERIDA AMIGA BIOVULVA 1



Lucía Barbudo

Querida amiga biovulva:
Te escribo porque hoy he leído en tu muro que tú eres una mujer «a secas», no una mujer «cis», sino una mujer «y punto».
Los términos que se utilizan para marcar en este caso las identidades (y consecuentemente el privilegio o la discriminación) son de ida y vuelta. No hay mujeres trans sin mujeres cis, igual que no existen lxs negrxs, sin la aceptación de que existan lxs blancxs. 
 
Ni el género y sus violencias es patrimonio de las biomujeres ni las reivindicaciones en torno a las razas o comunidades no-blancas existirían si no hubiese un maltrato manifiesto por parte de los privilegios blancos. Nadie diría: «¡Mira, un negrx!» si no tuviera con qué contrastar la otredad respecto al color de su piel igual que nadie diría: ¡Mira, esa es trans!» si no existiéramos las cis. 
 
Si te molesta ser mujer cis, no deberías hablar de las mujeres trans como «lo que no es mujer-mujer» ni, desde luego, sacarlas del saco de las violencias machistas pensando (verbo muy generoso en este caso) que éstas sólo se producen por nacer con vulva o vagina. 

Las biomujeres llevan AÑOS perpetuando roles de género, y operándose las biovulvas y las biotetas para encajar en el canon y en el estereotipo de «sentirse mujer», aunque no se habla de canon, se habla de «reforzar la autoestima» y de «sentirse bien» y de «sentirse deseada» y de «poner fin a los complejos». Las biomujeres se hacen todo tipo de intervenciones quirúrgicas sin que ninguna feminista haga un post levantando una ceja. Ni mucho menos cuestionando su feminidad, pues sucede justo lo contrario, así la refuerza.
   
Viendo las fotos personales en los perfiles de las redes sociales de las biomujeres, observo grandes dosis de feminidad. Así pues, querida bioamiga, me pregunto: ¿es la feminidad el gran caballo de Troya contra el que estás luchando? Porque de ser así, podríamos empezar a discutir la tuya, y la de tu amiga, y la de tu hermana, y la de tu madre, y la de tu abuela. Podríamos empezar a discutir qué es una biomujer femenina y si la queremos o la deseamos como proyección política rupturista o no. Si la queremos, amiga, si la abrazamos con sus mechas, sus tintes, sus uñas, su maquillaje y sus tacones, entonces, nena, te tienes que callar. Si no la queremos, entonces podríamos empezar a hablar de si nos va a ir mejor en la vida con la cabeza rapada y unas camisas anchas. Si no la queremos, podríamos empezar a pensar en un horizonte butch como ideal feminista, en un horizonte de mujeres masculinas, mujeres solas sin macho, mujeres quizás lesbianas (porque también las violencias que denuncias muy terfamente son del régimen heterosexual), mujeres sin matrimonios ni hijxs (porque muchos de los roles de género que denuncias muy terfamente nacen, crecen y se desarrollan y no sé si mueren en el matrimonio, la familia y en la maternidad).
 
Entonces yo te preguntaría, amigadatecuenta, si eso es lo que eres tú, que tanto predicas contra las mujeres trans: una mujer masculina, lesbiana o sola, sin hijxs y aborrecida de la familia.
¿Es esa la lucha? ¿O la lucha es erradicar las violencias de las que las mujeres son diana? ¿Es tu lucha dejar de ser «mujer», pues en eso entiendes que están las múltiples opresiones?
Creeré entonces, amiga terf (1), que, paradójicamente, tú eres la que quiere «borrar a las mujeres».
Pd: otro día hablamos de los hombres femeninos, de la pluma y de cómo, además de tránsfoba e incongruente, eres homófoba y terriblemente misógina.
Saludos sororos.

(1) Trans Exclusionary Radical Feminist, feministas radicales que consideran que las mujeres trans no son parte del movimiento feminista, por sus siglas en ingles.
Feminista Radical Trans-Excluyente.

Publicado en el diario digital  La Haine  


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martes, 4 de agosto de 2020

CONEXIÓN EN DIRECTO CON LO RIDÍCULO


Lucía Barbudo
CONEXIÓN EN DIRECTO CON LO RIDÍCULO
Una persona-periodista sola con mascarilla delante de una cámara que sale en el Telediario dando una noticia está mandando un mensaje. No tiene a nadie delante, salvo a la persona-cámara detrás de la lente que la está filmando. No tiene a nadie alrededor. No hay riesgo de contagio. Pero lleva mascarilla. No está siendo responsable, está mandando un mensaje; no está cuidando su salud ni la de lxs demás, está mandando un mensaje. Está transmitiendo una noticia en directo (no recuerdo ahora de qué hablaba), pero sobre todo está mandando un mensaje con su mascarilla inútil puesta.
Está repitiendo una consigna.
La consigna del miedo, la consigna de la amenaza, la consigna del contagio, la consigna de la enfermedad, la consigna de la responsabilidad individual. 

Veo genialidad en ponerle mascarillas a las estatuas. A las estatuas muertas, que no respiran, que no se mueven, que no tienen saliva, que no hablan, que no tosen, que no estornudan, que no se tocan los ojos, que no se llevan las manos a la boca, que no tocan nada, claro que sí, a las estatuas muertas con el pensamiento hecho piedra hay que ponerles la mascarilla también.
Veo genialidad porque la persona-periodista que sale en nuestra pantalla nos está mandando un mensaje y la estatua muerta está contestándolo, forzando y creando así una suerte de diálogo. 

Porque el Poder lo que hace, lo que le gusta, son los monólogos y la estatua muerta lo que está haciendo es proponer una conversación o, dicho de otra manera, está mandando el mensaje del cuestionamiento de las incoherencias, está confrontando a través del arte, está performando la incoherencia, el sinsentido; está haciendo una acción crítica de la pro-puesta en escena dialéctica frente al miedo, a la amenaza, la enfermedad y el contagio. Frente al monólogo, una conversación tiene necesariamente fuerza política contestataria. Cuando llegue el siguiente confinamiento, además, la estatua muerta seguirá ahí, rebelde, impertérrita, inconfinable. 

Casi siempre sabemos quién talló la piedra, casi nunca sabemos quién talla el pensamiento de piedra, monolítico y aparentemente sólido. No sabemos quién colocó las mascarillas, no son tiempos los que corren con esto de la represión para reclamar autorías. 

Estatua de un señor que sostiene al Señor, Zamora y
Estatua Carmen Martín Gaite, Salamanca, agosto 2020.
Puesta en escena de mascarillas, artista anónimx.
(En la mascarilla se puede leer un mensaje de amor frente a la violencia: te debo un abrazo)





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jueves, 30 de julio de 2020

La gente culpando a la gente son las palomitas y el cine de verano con proyección de la peli favorita del Poder

La crisis de 2008 y la pandemia coviddiecinueve actual es el énfasis que, en la gestión de ambas cosas, se puso/ se está poniendo en la responsabilidad individual, el empeño en culpar a la gente, y, con esa fijación por encontrar culpables en la gente, transmitir paralelamente el mensaje de que «la solución» está, de manera reversible, en nosotrxs.
Así se abona el terreno de la responsabilidad individual, se señala la culpa (algo convenientemente arraigado en nuestra cultura cristiana) y se cierra el círculo perfecto de las narrativas que se fabrican así de perversas y así de perfectas:
nosotrxs somos el problema pero como seres humanos plagados de errores (la ignorancia, el egoísmo, etc) estamos condenados a no ser la solución.
En este bien montado escenario es cuando entra el Estado en acción; el Estado tiene el poder porque el Estado tienen las armas, así de sencillo. Sin armas (Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y capacidad para formular y reformular leyes) el Estado no podría ejercer la única violencia que es legal (la suya), ni podría obligarnos a nada:
sin represión, no hay obediencia.
La población cristiana que se ha tragado lo de que somos unos pecadores, entiende, justifica y pide que haya más y más medidas represivas para meter a las ovejas negras en cintura. Si es que no tenemos remedio. Si es que somos imbéciles. Lxs partidarixs de la letra con sangre entra just can't get enough: multas, confinamiento, DNI, cartillas, carnets, tests ¿por qué no? ¿Qué hay de malo en que nos controlen y vigilen? Y así la conversación sobre derechos civiles/políticos y las libertades individuales/colectivas se diluye en un 'nos merecemos que nos quiten todo' redentor, aleccionador, autoritario y controlador, catártico.
El mantra-greatest hit del vía crucis «vivimos por encima de nuestras posibilidades» es la penitencia del verano mix 2020 «nos van a volver a confinar por no llevar mascarillas». El fontanero que trabajaba en negro y era el culpable de la economía sumergida -y por ende de la crisis- es ahora el vecino que no lleva la mascarilla o el inmigrante contaminado. Las personas que veían bien que desahuciaran a las familias por no pagar la hipoteca, son las mismas que se alegran de que te multen por no llevar mascarilla o de que nos encierren como a ganado porque hay rebrotes.
Las personas que ven bien la autoridad son las que también la ejercen o les gustaría ejercerla; son las del golpe en la mesa y la mano dura, y siempre van a justificar una buena hostia a tiempo porque priorizan el control y la vigilancia y hasta la violencia antes que pararse a pensar sobre las consecuencias que determinadas decisiones pueden tener sobre nuestra libertad y nuestros derechos o, incluso a largo plazo, sobre nuestras vidas.
La diferencia fundamental entre el tratamiento mediático de la crisis-estafa de 2008 y el del coviddiecinueve es que en 2008 había que ser Licenciado en Economía y tener tres Másters del Universo para entender la cosa (aunque luego resultó que no, que todo era bien fácil de entender) y sin embargo ahora en cualquier conversación uno de cada cuatro hablantes dice varias veces 'asintomático', todo el mundo sabe cómo actúa el gel hidroalcohólico, que el calor y el jabón matan la película adiposa del coviddiecinueve, la retahíla de síntomas de la enfermedad, qué pruebas se hacen, cómo se contagia, qué mascarillas protegen al sano y cuáles no contagian desde el enfermo. Todo el mundo se ha leído por lo menos tres o cuatro artículos de la OMS (algunos en inglés), varias revistas científicas, consultado varixs expertxs, hablado con médicxs o tratado con la situación de primera mano en los hospitales.
Estamos tan informades que somos ya todes virólogxs y cómo será esto de saber tanto y aún así tener la permanente sensación (yo diría que es la única certeza) de no saber hacia dónde carajo nos están llevando.
Por lo menos podríamos, no sé, abandonar la arrogancia de pretender saber qué está pasando o por qué. Podríamos dejar de dar lecciones sobre lo conveniente o no de nuestras acciones y empezar a decir la simple y sencilla verdad, que es que nos las ponemos porque
1) nos lo han dicho y ya y
2) nos multan y ya.
Reconocer que no sabemos el alcance científico que justifica las medidas y reconocer la represión a la que nos sometemos por miedo a la autoridad del Estado creo que podría ser la vía de escape más honesta para no entrar en el centrifugado pseudoneuronal de repetir lo que no entendemos.
Y todo lo demás se parece bastante a lo que veo antes de tirar de la cadena del váter.
La gente culpando a la gente son las palomitas y el cine de verano con proyección de la peli favorita del Poder.
La gente culpando a la gente es el Poder subiendo a lo más alto del podio para recoger la medalla de oro y hacerle una paja a una carísima botella de champán mientras el público-ciudadano aplaude y se emociona con una victoria que jamás será suya.
La gente culpando a la gente es lo que mantiene a la población bizca mientras el Poder se escapa del ángulo de visión y de la conversación.

Lucía Barbudo
Coordinadora Anti Represión RM
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miércoles, 29 de julio de 2020

Que el miedo sea una verdad y la represión un ejercicio de responsabilidad es algo que debería preocuparnos y bastante

HACE TRES VERANOS, EN VIETNAM, ME ASOMBRÓ el uso generalizado de mascarillas. Algunos, me dijeron, la llevaban por la contaminación; otras, por razones estéticas. Nunca se me ocurrió preguntar si había alguna ley que obligara su uso.
Hoy, me maravillo por el uso de las mascarillas, pero no en otro país, sino en el mío.
Fuera o dentro de mi pasaporte, me siento igualmente extranjera en las normas. No tengo la capacidad de entender lo que antes no me ha sido explicado.
Me maravilla la rapidez con la que se deglute y se regurgita lo que no se entiende, lo que no se sabe. Me maravilla lo bien que funciona el miedo cuando se toma por verdad y la represión cuando se toma por responsabilidad. Que el miedo sea una verdad y la represión un ejercicio de responsabilidad es algo que debería preocuparnos y bastante, no algo a difundir ni mucho menos a celebrar.
Me maravilla cómo normalizamos la presencia de los vigilantes de la playa subidos encima de un distópico tractorcillo con altavoces que dicen con voz de teleoperadora robótica tarada: 'Si tienes fiebre, no vayas a la playa' (sic), 'Por favor, no compartan las toallas' (sic).
Me maravilla la total falta de horror cuando decimos frases como 'Totana vuelve a la fase uno' o 'Parece que van a cerrar Cartagena' o 'En septiembre nos van a encerrar otra vez'. Parece que se nos ha quedado la alegría de vivir blanda en las venas. ¿Seremos ya zombies?
Me maravilla que no nos maraville la policía chulesca en motos insonoras por calles peatonales deseosa de poner multas. 'Nos han dado órdenes de clavar (sic) 100€ a todos los que no llevéis mascarillas', 'y yo encantado' (sic) 'cuantas más multas pongo, más feliz soy' (sic). Ah, las órdenes. Me cae instantáneamente bien la gente a la que las órdenes no se la pone dura.
Me maravilla que un señor random le chille a un niño que va sobre patines que por qué no lleva mascarilla y el niño le diga que porque es asmático y que el señor random le chille igual que va a llamar a la policía.
Me maravilla que se planee con entusiasmo wasapiano un encuentro entre tu hijo y el mío en el parque después de meses y que, al acercarse los críos, digas: Tsch, Dani, acuérdate de los dos metros.
El mensaje es, sin duda alguna, el de que tenemos que vivir entre la enfermedad y el miedo a la enfermedad. Será por eso que la sensación que tengo andando por la calle es la de transitar por los pasillos de una especie de hospital social al aire libre.
No entiendo por qué la gente se fotografía con material de hospital en la cara, con look de enfermxs, sin expresión en la cara, sin cara.
No entiendo por qué coleccionan material de enfermedad y eligen estampados y diseños para su material de enfermedad y llevan a sus menores de seis años con material de enfermedad y luego suben sus fotos a sus redes sociales como para guardar un recuerdo de estar viviendo la enfermedad o el miedo a la enfermedad. ¿Es el material de enfermedad fashion? ¿Es el material de enfermedad un juguete? ¿Algo divertido? ¿Es sexy la enfermedad? ¿Puede aceptarse el posado falso de la enfermedad sin que pensemos, aunque sea por un nanosegundo, que hay algo efectivamente enfermo y efectivamente estúpido en eso de hacerse fotos con la mascarilla? ¿Cuánta gente con covid se ha hecho una foto con la mascarilla puesta?
Llevo muchos años viendo cine de zombies, es uno de mis géneros favoritos. En las pelis de zombies, creo recordar, nunca se dice la palabra 'zombie'. Debe ser alguna especie de acuerdo, un pacto inviolable. Se dice 'esa cosa', 'los no-muertos' (the undead, término precioso en inglés, difícilmente traducible), 'los muertos vivientes', y así. Supongo que los creadores siguen la lógica de que no se sabe bien lo que son, y lo que no se sabe lo que es, no se puede nombrar. Hay mucho desconcierto, pánico, lotería, suerte, y, hasta pasado un buen rato, no se sabe por qué pasan las cosas; muchas personas (se) mueren sin saber. Hay mucha injusticia en eso. Por supuesto, los zombies nunca jamás saben que son zombies: la persona pasa a ser la cosa. Desde el otro lado de la pantalla, nosotrxs sí los nombramos, pero no tiene ninguna relevancia para la trama ni supone un spoiler, qué cosas, ¿no? Vivimos las pelis de zombies como esa otra peli del día de la marmota que siempre es igual una y otra vez una y otra vez, pero las seguimos viendo porque a las personas que nos gustan estas pelis no nos importa el qué, sino el cómo. Sólo queremos observar cómo lo van a hacer lxs protas mientras no entienden nada. Cómo se van a salvar. Mientras, especulamos sobre lo que haríamos nosotrxs en esa situación tan excepcional, cómo nos haríamos lxs héroes/inas, fantaseamos con ser lxs alfas y detestamos o nos dan pena lxs omega. Yo siempre pienso que moriría la primera, así me relajo y observo cómo sobreviven lxs no-yo, cómo sufren para sobrevivir. Hay muchísimo trabajo en la cosa de sobrevivir.
A mí me ha dado por pensar últimamente que sí me gustaría seguir estando viva cuando se sepa lo que está pasando hoy; pensamiento que me encanta y me horroriza a la vez. Como dijo aquél, la verdad es hija del tiempo.
Se puede pensar mucho viendo una peli de zombies.

Lucía Barbudo
Coordinadora Anti Represión RM

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