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martes, 29 de noviembre de 2022

MUJER CONTRA MUJER


Mujeres musulmanas feministas activistas de Elche (G Chime) el 25N de 2019

Lucía Barbudo

Me enferma personal y políticamente ver por redes la cartelería para las convocatorias del 25N por todo el territorio expañol que expulsan de las luchas feministas a las personas trans y a las trabajadoras sexuales. Llevo ya muchos años enfadada con este feminismo hegemónico: asquerosamente biologicista, mayoritariamente hetero, aplastantemente blanco, clasemedieroacomodado, muy muy nazional. Me resulta muy paradójico que en la fecha internacional que visibiliza y denuncia las violencias contra las mujeres, sean precisamente mujeres las que arremetan contra otras mujeres y, ni más ni menos, en nombre del feminismo. Se me hincha y me late la vena del cuello más morada que de costumbre. La jerarquización identitaria que posiciona a algunas mujeres por encima de otras en un eje de dominación/subordinación representa un marco teórico político, cuando menos, violento. Una estructura piramidal que coloca a determinadas mujeres en la cúspide de lo que sería un verdadero feminismo para a partir de ahí considerar todo lo demás como no válido es segregacionismo o, dicho de otra manera, una forma de ejercer autoridad y poder unas sobre otras. Y qué casualidad que el perfil de la feminista hegemónica esté tan bien definido, joder. Observen si no los grupos feministas que tienen más altavoz y lideran las fechas fetiche del 8M y del 25N. Bien pijas, bien heteras, bien blancas.

Nunca he sabido muy bien qué hacer con esto de ser blanca y trozo vivo de memoria histórica de un país orgulloso de su pasado colonial, genocida y violador. Mi cultura es de las que se sitúan arriba para mirar hacia abajo a otras con condescendencia, victimismo o desdén. Soy dueña y señora de todos mis prejuicios, legítima heredera de un buen montón de lógicas racistas, por la parte de Europa donde me ha tocado nacer, especializada en islamofobia y antigitanismo. Mi conclusión es esta: nadie piensa sola. Si no leemos, escuchamos o aprendemos de alguna manera de feministas no-blancas, no podremos salir nunca del bucle racista y colonial. Nos falta formación, amiguis, y darle a la sinhueso bien acompañadas. Una opinión sin (in)formación tiene todas las papeletas de ser un prejuicio.

Sirin Adlbi Sibai tituló su libro 'La cárcel del feminismo. Hacia un pensamiento islámico decolonial' y me parece bastante rotundo que alguien decida escribir la palabra ‘cárcel’ al lado de la palabra ‘feminismo’. Si pienso en los disparates epistémicos que se cometen en nombre del feminismo con el tutelaje, ninguneamiento, humillación o desautorización de la capacidad de agencia de otros sujetos políticos (como son las putas, las personas trans y no binarias y, más recientemente, las mujeres del mundo arabo-musulmán) creo que el nivel de violencia alcanzado por ese feminismo (que me asquea profundamente) le hace justicia a la metáfora de la prisión.

Efectivamente, esas formas de feminismo que son excluyentes, racistas, clasistas y asquerosa y supremacistamente blancas distan mucho de ser liberadoras para muchas.


Agrupación feminista musulmana G Chime en la manifestación 25N de 2020

Llegó septiembre y murió Isabel II plácidamente, para sorpresa de nadie, sin ser juzgada y unos días más tarde, enmarcado en el contexto de lucha del pueblo iraní, se volvieron a reavivar los debates en torno al uso del hiyab. Escribía Natalia Andújar Chevrollier en su muro: “Los asesinatos de Mahsa Amini en Irán y Marwa El Sherbini en Alemania tienen que ver con el control de los cuerpos de las mujeres. A Mahsa la han asesinado después de que la policía la detuviera por ir demasiado descubierta y a Marwa la asesinaron por llevar hiyab y ser musulmana. Sobre el doble rasero en función del estatuto de la víctima, según si se adapta o no a nuestras expectativas racistas. Siempre hay que recordar que lo feminista no te quita lo racista.” Wadia N Duhni nos señalaba las incoherencias: “¿Celebráis el derecho a elegir o que se quiten el velo? Y si es lo primero, ¿por qué compartís fotos de mujeres iraníes en minifalda en los 70 como un ”triunfo“, cuando en esa época la policía iraní arrancaba el velo a las mujeres que lo llevaban por la calle?”, y agregaba, recientemente: “Algún día tendremos que hablar de las chicas hijabíes que terminan quitándose el velo por no poder soportar la VIOLENCIA estructural que atraviesa sus cuerpos en Occidente.” Fatima Tahiri advierte sobre el reduccionismo y simplismo que hay detrás de la cuestión velo sí/velo no y nos recuerda que “hay muchas formas de feminismo, tantas como mujeres y esa pluralidad tiene que ser vista también entre las mujeres musulmanas.” Hind El Fadli, integrante de la asociación feminista de mujeres musulmanas G-Chime en Elche, en este artículo nos explicaba por qué las feministas musulmanas no necesitaban que las salvásemos de llevar el velo. Sobre el complejo industrial del salvador blanco (y otra infinidad de cuestiones) publicó recientemente la pakistaní Rafia Zakaria su libro 'Contra el feminismo blanco' con la editorial Continta me tienes un texto del que acompañarse para entender el epistemicidio cometido contra los centros de conocimiento fuera de los circuitos reconocidos de la blanquitud como canon feminista.

Más recientemente, las personas blancas hemos vuelto a inundar nuestras redes sociales de indignación por el mundial en Qatar. Muches se han puesto a asumir el hashtag #boicotaQatar sin haberle dado una vuelta a las lógicas racistas que hay detrás. Mi compañero Imad Boussif publicaba hace unos días en este mismo diario de la hipocresía que supone postear sobre derechos humanos sólo cuando parece que la cosa va de ser trending topic. No hay que irse tan lejos para darse golpes en el pecho por los derechos humanos: en expaña hay vallas y hay CIEs y hay Ley de Extranjería y hay detenciones por perfil racial y hay redadas racistas y hay deportaciones hay jornalerxs maltrabajando y malviviendo mientras se violan a diario derechos humanos. El Mar Mediterráneo sigue acumulando cadáveres que desmienten que migrar sea un derecho. Escribía Farah Gutiérrez: “Os prometo que no puedo con la doble moral que habita en este mundo. Gente famosa que se niega a ir a Qatar por la vulneración de derechos humanos pero oye, cuando se celebró Eurovisión en Israel -estado genocida desde hace 70 años- se volvieron sordas y mudas todas. No sé, la hipocresía de occidente, supongo.” “No somos más que marionetas, instrumentos de la vanidad blanca”, decía la franco-argelina Houria Bouteldja en una obra letal para la fragilidad blanca que se te mete dentro y te estalla como si fuera metralla. Para saber y pensar más sobre el racismo institucional y la islamofobia de Estado que campa a sus anchas dentro de nuestro país, debemos acercarnos a la obra de investigación de Ainhoa Nadia Douhaibi y Salma Amazian, texto que llegó a mis manos gracias a la recomendación de mi amiga mexicana latrabajadoras sexuales incombustible Linda Porn, artista, activista, puta y migra a la que no podré nunca agradecer lo suficiente la paciencia que tiene para deconstruirme las mierdas.

Sin duda son altamente generosas las personas que nos comparten sus saberes y conocimientos para ayudarnos a las demás a pensar, pero no se nos puede olvidar nunca que de la ignorancia de una, y de las violencias que de ella se derivan, sólo una es responsable. Ojalá poder algún día celebrar el fin de la violencia de las mujeres contra las mujeres.

Este artículo se publicó anteriormente en:

miércoles, 30 de junio de 2021

Las luchas feministas son TRANSversales

Feminismo transversal

Por Lucía Barbudo
AntiRepresiónRM

En los feminismos no todo vale. Y no se trata del discurso ese simplón y farfullero de oh, me vas a quitar el carnet de feminista, no. Se trata de entender y asimilar epistemológicamente el recorrido histórico-político de las luchas feministas y dejarnos este hábito que tenemos de, bajo el falso pretexto del buenismo de la pluralidad, aceptar lo inaceptable. Con la intolerancia, tolerancia cero, deduce el filósofo con interesante apellido, Karl Popper. La activista feminista negra Bell Hooks escribió: «Tomemos el caso del aborto (…), no se puede estar en contra del derecho a decidir y ser feminista. No se puede ser antiabortista y defensora del feminismo. Asimismo, no puede existir un feminismo del poder si la imagen del poder que se evoca es el que se obtiene mediante la explotación y opresión de otras personas.» Y sigue, hablando del feminismo del poder: «Su usurpación hegemónica de la retórica feminista sobre la igualdad ha ayudado a enmascarar su alianza con las clases dominantes dentro del patriarcado capitalista supremacista blanco», aquí añadiría yo ‘cisheterosexual’ porque es exactamente lo que está pasando con el TERFismo, nombre que propongo para dejar de llamar feminismo a lo que no es: el feminismo no puede ser excluyente, ni violento ni opresor respecto a otras identidades y cuerpos. Es una contradicción terminológica, un imposible. El feminismo trans-excluyente, TERFismo de ahora en adelante, es el cerdo que vuela, el perro verde, son los cinco pies del gato: no los busques que no están.


Las lógicas terfistas (ya saben, las mismas que las del autobús naranja de la ultraderecha que podían haber conducido perfectamente Amelia Valcárcel y Lidia Falcón) se extienden en el contexto de las luchas interseccionales salpicando la cuestión colonial, migratoria y racializada. Se crea así un TERFismo ario, opuesto en sus planteamientos políticos a la interseccionalidad de las corrientes transfeministas, que deja fuera del análisis a la clase (ahí está el SWERFismo, que también pretende expulsar a las trabajadoras sexuales de los movimientos feministas aludiendo tener la Verdad Absoluta sobre lo que es trabajo y lo que no, tergiversando lo que es explotación laboral fuera de la vulva e ignorando e invisibilizando formas de precarización femenina por las que no se les levanta ni una católica ceja) y a la raza, es decir, a otros grupos feministas no-blancos. Como razona la pensadora y activista feminista gitana Pastora Filigrana: «Cuando se exige a las gitanas feministas que primero acaben con las prácticas de opresión de género dentro de su comunidad y después hablen de patriarcado mundial y antigitanismo, se les está pidiendo un imposible, porque son dos caras de la misma moneda. (…) Mientras existan el racismo y el patriarcado a escala mundial, ninguna gitana será libre, por más igualitario que sea su contexto. Mientras que el 31% de la población penitenciaria femenina sea gitana, no podrá hablarse de igualdad de género, por más feministas que hayan conseguido ser las condiciones en casa de cada gitana.»
   
Hay muchas maneras de segregar cuerpos y generar apartheids y el TERFismo lo hace con los genitales. ¿No es el cuerpo un territorio, como defendía la feminista chicana y bollera Gloria Anzaldúa? No he encontrado discursos TERF entre las filas de ningún activismo feminista que tenga en su ideario y agenda activista la lucha contra las cárceles, la pobreza, el racismo estructural, etc.
       
Que un colectivo marginal consiga derechos (como está pasando con el intento por que se apruebe una ley trans) jamás puede suponer un retroceso para nadie excepto para aquellas personas que ostensiblemente detenten fuertes niveles de privilegio. Sólo la hidra del patriarcado, en cualquiera de sus múltiples brazos y cabezas, puede sentirse amenazada por el transfeminismo. Al igual que podemos leer en el análisis histórico del feminismo estadounidense que desarrolla Angela Davis que las sufragistas (ostensiblemente racistas) vieron en la consecución del voto femenino una manera de preservar la supremacía blanca, las TERFas ven en su oposición frontal a que las personas trans sean sujetos políticos feministas de pleno derecho una manera de preservar la supremacía de la vulva, y con ella todos los discursos victimizantes que son los que mantienen el negocio de sus subvenciones y el reparto de sus sillones de poder en las bioinstituciones. Es el discurso de la exclusión que viene patrocinado por el lobby de la vulva.

El hecho de que la comunidad negra consiguiera derechos civiles no supuso una pérdida de nada para la población blanca, aunque sin duda, que una persona negra tenga derechos estorba, por ejemplo, al blanco capitalista neoesclavista que la quiera explotar. Que las disidencias de género adquieran derechos y los grupos marginales no-heterocentrados tengan voz sólo puede estorbar a quien gana un sueldo y poder usando su cisheterosexualidad. Para el resto de personas, las conquistas de cualquier grupo minoritario revierten para bien en la comunidad en su totalidad (lo dijo Audre Lorde), en el mundo como un lugar más amable y más habitable a niveles político-planetarios.

Mucha gente sabe que el 28 de junio se sigue recordando que es necesario seguir articulando lucha y reivindicación para las maricas, las bolleras y las personas trans, intersexuales, asexuales y no binarias. Nótese que no digo homosexuales. Como decía antes, usar correctamente las palabras es importante. Los y las homosexuales dejaron los márgenes al conseguir asimilarse al heterocentro para pasar desapercibides, para no molestar, para no incomodar. Los y las homosexuales adoptaron como estrategia de supervivencia adaptarse al heterosexismo. Consecuentemente, hay homosexuales con poder, como Beatriz Gimeno. El Poder busca y selecciona minuciosamente en su casting al porcentaje de homosexuales a los que va a dar altavoz para cubrir su cuota LGTBI. Los y las homosexuales son el ejemplo perfecto de asimilación e integración que el discurso racista-colonial escupe a las personas que no se adaptan, que no se integran, o como dice brillantemente Cristina Morales, que no se desintegran. La desintegración como requisito sine qua non para el goce y disfrute de derechos. Los derechos pueden también constituirse peaje para salir del margen y pillar butaca en el centro, así, como argumenta la activista transfeminista boliviana María Galindo, se refuerza la figura del Estado como interlocutor central al tiempo que, paradójicamente, se apuntalan las estructuras capitalistas y patriarcales: los derechos del matrimonio homosexual, por ejemplo, fortalecen a la familia como institución. «Deberíamos detenernos a preguntarnos», nos reta controvertidamente María, «por lo que estos circuitos de derechos suponen políticamente.»

Mucha gente desconoce que el 28 de junio también se recuerda otra lucha, la de otra minoría que se resiste a desintegrarse por mucho que el Estado expañol se ha empeñado durante cinco siglos en su exterminio: el pueblo gitano. «Quien quiera beneficiarse del principio de igualdad ante la ley, deberá ser lo más igual posible al ideal de ciudadano que el poder instaura. En todo caso, las diferencias respecto a este deben ser comedidas y poco profundas si se quiere gozar del reconocimiento de derechos en igualdad de condiciones.», escribe brillantemente Pastora Filigrana en su libro imprescindible. El 28 de junio de 1749 bajo el reinado del payo Fernando VI se dictó prisión general para todes les gitanes en lo que se conoció como La Gran Redada. De redadas también sabían mucho las maricas, trans, bolleras y trabajadoras sexuales racializadas que sufrieron el brutal ataque de la policía en lo que hoy conocemos como la Revuelta de Stonewall. Sirvan todas esas identidades y violencias sufridas para recordar hoy más que nunca, pero todos los días y no sólo hoy, que la lucha feminista será inclusiva, transfeminista, anticapitalista, anticarcelaria y antipunitivista, antirracista y decolonial o no será. Concluye Pastora: «Descentremos la mirada, corramos el riesgo de mirar a los márgenes. Gitanicémonos.» Queericemos las luchas.

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