viernes, 19 de marzo de 2021

Feliz día del padre que es mirar para otro lado, que es decir que no, que no puede ser



Feliz día del padre con esta obra que es un grito.

Feliz día del padre con este libro que es justicia sin juez ni abogadxs ni juicio ni testigos ni policía.
 
Feliz día del padre con este relato-pesadilla sobre abusos sexuales dentro de la familia.
 
Feliz día del padre que es mirar para otro lado, que es decir que no, que no puede ser, que es encubrir, que es dejar que siga pasando, que es cooperar con el macho y sus violencias, que es miedo y vergüenza y asco que nos corre por las venas.
 
Feliz día del padre que es también salir de la piel impuesta de la víctima para vestirte de reivindicación sobre tu propio disfrute sexual, para re-narrarte gozante y sacar el dedo corazón como la mayor erección dedicada a todos los que nos quisieron marcar como cuerpos discapacitados para seguir adelante.
 
Feliz día del padre de la mano salvavidas de Virginie Despentes que nos hizo la mejor disección del cadáver de la violación que resultó que no éramos nosotras.
 
No, todavía no somos cadáver de nada ni de nadie.
 
«Dejá las polleras largas y los pantalones y empezá a lucir tusa piernas. Hacé a un lado las blusas sueltas y losa zapatos de vieja baqueta. Que no te importe usar tacos, si el hombre pierde su virilidad por tu estatura es su problema. No te hagas cargo. Cortate el pelo, rapate a un costado, teñite del color que quieras. Cogete a un pibe o a una mina, o a los dos, lo que más te guste, pero hacé lo que se te cante el orto. Sí, lo que vos quieras. No lo que tu vieja quiso ser y no pudo, no lo que tu papá espera antes de morir. No seas el desecho que pensó ese hijo de puta.»

Lucía Barbudo

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jueves, 18 de marzo de 2021

MARCHA Y CONCENTRACIÓN DESDE LAS VÍAS AL CENTRO


MARCHA Y CONCENTRACIÓN DESDE LAS VÍAS AL CENTRO


Cada primer jueves de mes nos concentramos en las vías para denunciar la injusticia que supone que unos jóvenes, escogidos al azar por la policía, de entre las miles de personas que participamos en todas las manifestaciones por el soterramiento de las vías, estén hoy día encausados con penas de 8 años de cárcel y más de 100.000€ de multa, cada uno.

  

Hoy, que el soterramiento de las vías es un hecho, hemos ido al centro, convocados por la asociación Absolución Jóvenes de las Vías.



Marchando en dos columnas de manifestantes, hemos exigido la absolución de estos jóvenes, que han cargado con el peso de la represión de toda una lucha vecinal. Nos hemos concentrado, finalmente, en Belluga y leído un manifiesto. 


El Soterramiento de las vías no se acaba hasta que no esté soterrada esta enorme injusticia.





   






La abuela Ana, destacada activista de las vías


   
#AbsoluciónJóvenesdelasVias
#SoterremoslaInjusticia





miércoles, 17 de marzo de 2021

La pandemia cumple un año: la resaca del 8M y el movimiento feminista en expaña como ficción

Manifestación 8M 2021 en Murcia

Esta mañana podría cantar en bucle, porque me representa, el estribillo que aquella diosa Minerva sacaba como exitazo allá por el pleistoceno de 1995: «Estoy llorando por ti/estoy llorando por cosas de ayer/y cada día cada día que pasa me duele más», pero no pensando en ninguna narrativa romántica, sino más bien con la sensación de abandono u orfandad que experimento con respecto a eso que hemos convenido llamar movimiento feminista y que, ahora que me siento a escribir y a pensar en algo parecido a un balance político-activista de este año coronavírico, creo que no ha estado a la altura de los abusos y agresiones perpetrados durante y en nombre de esta pandemia.
  
Que el movimiento feminista opere en lo simbólico (lo simbólico del salir el 8M, por ejemplo), a mí es algo que políticamente no me sirve de mucho. No creo en lo simbólico de nada, creo en la concreción de las reivindicaciones que se materializan, accionan y tienen un horizonte político con ambición de cambio; el resto para mí es foto de un día: un selfuck de autoengaño y automasturbación narcisista, un producto de merchandising que inunda las redes un día y ya. ¿Dónde ha estado el movimiento feminista durante la pandemia? ¿Qué ha articulado? ¿Cómo ha respondido ante la ablación de derechos y libertades? ¿En qué lugares y de qué manera ha supuesto resistencia, apoyo mutuo, red de cuidados? La respuesta a todas estas preguntas es parálisis y silencio.
  
Creo que hemos tenido un movimiento feminista psicológico, como esos embarazos ficticios que pasan algunas hembras desubicadas. Creíamos estar preñadas de fuerza y rebeldía y mucha sororidad hecha consigna del tipo tranquila, hermana, que aquí está tu manada, mucho si tocan a una, nos tocan a todas, pero nos hemos encerrado en nuestras casas de privilegio de clase (#quédateencasa como balsa salvavidas sólo vale si tienes casa y circunstancias de habitabilidad cómodas y no violentas) a mirar para otro lado, a ser obedientes, individualistas, y a respetar una distancia de seguridad que nos va a pasar una factura social que ninguna de nosotras vamos a poder asumir políticamente. La pandemia nos ha dejado el feminismo hecho un solar. Pero lo peor no ha sido que hayamos caído en la trampa de avalar lógicas que defienden la autoridad (¿hay algo más antifeminista que la autoridad?), la pedagogía del castigo y la represión. No. Lo peor ha sido que nos hemos tragado toda la dramatización, la puesta en escena, en la que el Estado se erigía como cuidador. Eso sí que me parece grave. Que nos hayamos creído que los gobiernos, absolutos inexpertos en esto de los cuidados, se hayan convertido en los máximos garantes y custodios de nuestra salud y bienestar y el de las nuestras.
  
Me declaro negacionista del Estado cuidador. Negacionista del uso de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado como herramientas eficaces para atacar a un virus. Negacionista de la utilidad de todo ese lenguaje machobélico (término de precisión milimétrica acuñado por la teórica feminista Luisa Fuentes Guaza, grandísima y prolífica autora de textos críticos durante la pandemia desatado de manera absolutamente innecesaria como campo semántico desde el que abordar, siquiera intelectualmente, esta situación pandémica. Negacionista de las multas para sanar a la población. Negacionista de las ruedas de prensa con militares para hablar de salud pública. Negacionista de los tanques en la M-30 de Madrid para proteger y cuidar a la población. Negacionista de los cierres de colegios, de los parques infantiles precintados y de la infancia (mal)tratada como terroristas víricos. Negacionista de este proceso de fetichización de las nuevas tecnologías para acabar con la educación presencial. Poner la vida en el centro (frase de una belleza política tan apabullante que da igual que se repita hasta la saciedad, no dejará de ser bella) está en las antípodas de todo eso. Cancelar la vida para preservar la vida es una estupidez que sólo podría defenderse desde esos lugares donde la vida jamás ha importado tres mierdas.
  
Decía Sarah Babiker que asistimos a un momento de enajenación democrática y no puedo coincidir más. Enajenación de varias cosas, todas ellas fruto de un gaslighting flipante que nos están haciendo desde las más altas esferas donde están las fábricas de producción de la Única Verdad, de lo Único Que Se Puede Hacer y desde donde se articula la falacia de los cuidados. En sus apuntes para descolonizar el inconsciente, Suely Rolnik propone problematizar, poner en crisis y confrontar el discurso que tenemos interiorizado, resistir al régimen dominante en nosotros mismos y yo creo que lo que ha sucedido durante todo este año ha sido justo lo contrario: hemos sucumbido al régimen dominante y lo hemos hecho a través de las narrativas altamente contagiosas del miedo. «Necesitamos pensar con sospecha», escribía Rita Segato, «desconfiar de los discursos hegemónicos». ¿Cuándo dejamos de leer a las feministas y empezamos a escuchar y a legitimar a Ken Sánchez y a sus secuaces en el Poder? ¿Alguien ha leído alguna obra de Ken Sánchez que contenga pensamiento? ¿Por qué dejamos que una persona que no nos ha dado muestras de saber pensar (ni cuidar) piense por nosotras?

Y por si el panorama feminista en el marco pandémico no fuera ya lo bastante desolador, luego tenemos la agenda feminista (al margen de la pandemia) haciendo el ridículo con las biovulvas que hacen chistes con eso de querer ser jabones marca Heno de Pravia y poniendo palos en la rueda a los derechos de la comunidad trans con su Feminismo de Entrepierna, una Ministra de Igualdad (¡de igualdad!) putófoba empeñada en legislar para generar más desigualdad, más precariedad y más violencia contra las trabajadoras sexuales y, como noticia local en Murcia, un 8M con el frente abolo haciendo tapón y secuestrando la mani en la que ha sido, probablemente, la protesta menos sorora y más humillante que haya vivido la que escribe este artículo en su vida. Que el lunes pasado las abolas nos taparan la consigna 'Trabajo sexual es trabajo' con la de sanciones económicas y represión que les están cayendo a las trabajadoras sexuales del Eroski en Murcia, me parece una vergüenza y un ejercicio político lamentable. La no-solidaridad política sólo se me ocurre explicarla desde posiciones de una no-consciencia de las opresiones más allá del yo.

La transversalidad llevada a la acción política es algo de lo que adolece el panorama político feminista murciano. Se me ocurre que quizás nuestras asambleas sean demasiado blancas y demasiado privilegiadas como para atraer la participación de otros sujetos políticos que traigan otras prácticas comunitarias antirracistas y decoloniales, no hetero-centradas y que estén, con suerte, hechas a trabajar en otros ejes fuera de los binarismos de dominación más normativos. Nos queda mucho por desaprender.

Además de cargarse y prescribir cómo debe ser nuestra vida social y personal, las medidas covid también han exterminado el activismo de calle, nuestra vida política. Sin embargo, sería injusto terminar este artículo sin incluir las protestas, desde mi punto de vista, más relevantes y más emocionantes que han sucedido en esta era coronavírica, por supuesto, saliendo a la calle (¿alguien da credibilidad a una protesta que se hace desde el balcón o a una movilización online? ¿Hola?) y organizadas. El movimiento #RegularizaciónYa tuvo un impacto estatal y denunció y visibilizó la situación de vulnerabilidad, extremada durante el confinamiento y la pandemia, en la que se encuentran las personas migrantes en situación administrativa irregular. «No ha pasado un sólo día en el que un español o una española no haya comido una fruta o una verdura que no haya sido recogida por nosotrxs» es una frase que se dijo aquel día y de la que nadie en el gobierno acusó recibo. El Estado por lo visto se ocupa y cuida a estas personas a través de la Ley de Extranjería y sus necropolíticas de fronteras. El movimiento Black Lives Matter, impulsado por la Comunidad Negra, Africana y Afrodescendiente de España (CNAAE), denunció la brutalidad policial ante el asesinato de George Floyd y, por decirlo con la compañera boliviana Adriana Guzmán del Feminismo Comunitario Antipatriarcal del Sur Global, quedó una vez más patente «la justicia como máquina de impunidad». Las comunidades no-blancas movilizaron las calles muertas de protesta para repetirnos con infinita paciencia pedagógica que las violencias son sistémicas y estructurales y no teorías de manzanas podridas que obedezcan a discursos-trampa de responsabilidad individual. Por último, las compañeras argentinas dieron su adiós definitivo a las perchas al conseguir que la posibilidad de abortar por fin dejara de ser una posibilidad de muerte.
Concentración en la plaza de la Universidad de Murcia ante el asesinato de George Floyd.  7/6/2020 

Hay gestos de cuidados que no ocupan ruedas de prensa, ni titulares, ni son normas represivas encubiertas que un señor con traje y corbata, ajeno a nuestra vida, decreta a través de un plasma. Baste el ejemplo de la Red de Cuidados Antirracistas de Barcelona, una red de apoyo mutuo multada con 60.000 euros el pasado abril 2020 por repartir comida a migrantes. Eso es es reprimir a los que cuidan en pandemia. Debajo de mi casa, en un pequeño comercio de fruta y verdura, alguien (o alguienes) habilitaron una caja para recoger también comida para otras personas. Las redes sociales también se activaron para crear grupos de sostén y compartir necesidades. De todas las redes de cuidados que he visto y vivido en este último año, ninguna ha salido del Estado. Sólo la gente salva a la gente.

 Lucía Barbudo
Coordinadora Anti Represión RM

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viernes, 5 de marzo de 2021

SOY NEGACIONISTA DEL ESTADO CUIDADOR





La pandemia ha dejado al movimiento feminista en expaña en bragas. Las que establecieron los puentes neuronales para ver patriarcado por todas partes, dejaron de verlo durante la gestión de la COVID-19. Las que eran críticas, dejaron de serlo. Las que se (se) cuestionaban, dejaron de hacer(se) preguntas. Las que venían a eventos anticarcelarios ahora avalan las lógicas punitivistas coronavíricas. Las que iban a las manis, ahora dicen que mejor lo dejamos para el año que viene si eso, que ahora no es
buen momento.
    
El Poder sigue siendo el Poder pero últimamente, por alguna extraña razón, la autoridad blanca eurocéntrica y el orden cisheteropatriarcal se han restablecido y obedecer sin cuestionar se ha convertido en un mandato de responsabilidad ciudadana. Obedecer sin cuestionar es algo que, históricamente, a las feministas se nos ha dado bastante mal pero últimamente, por alguna extraña razón, obedecer es respetar la vida y desobedecer es entrar en las narrativas de la muerte.
Obedecer es pro-vida.
    
Nunca antes se había hecho con un virus un relato de la responsabilidad tan bestia como ahora. Nunca antes se había asociado LA CULPA, así en tremendísimas mayúsculas, a pillar, por ejemplo, una gripe común. Pero últimamente, por alguna extraña razón, existe un componente de responsabilidad cuando un microorganismo como un virus entra en tu cuerpo. Me pregunto cuántas personas que han pasado la COVID-19 no se estarán preguntando cómo ha podido ser, si ellas lo han hecho todo bien. Me pregunto cómo personas contagiadas que han roto vínculos con su entorno más cercano por señalar con el dedo de dónde venía el virus pueden seguir con sus vidas sin plantearse lo estúpidas que son.
¿Dónde se gestiona la culpa? ¿En los tribunales de justicia? ¿En el confesionario de la iglesia de nuestro barrio?
     
Las feministas sabemos que la culpa es un mecanismo de control cisheteroblanco patriarcal, un dispositivo de autoboicot que se activa para no dejarnos ser pero últimamente, por alguna extraña razón, se nos ha olvidado todo lo que sabíamos. Nos han destruido los puentes neuronales que nos ayudaban a entender cosas y a pensar. Hemos encendido la tele, la radio, nos hemos tragado el bukake de las narrativas del miedo y la responsabilidad y la muerte y ahora andamos todas pringadas, sin saber ni cómo limpiarnos toda esta mugre que no es nuestra.
      
No sé si habrá alguien a quien la institucionalización 8M le dé más asco que a mí. El desfile de partidas, sindicatas y organizacionas que, con religiosidad calendaria, desempolvan sus pancartas y pines para buscar la foto y reivindicar su militancia morada de vulva revolucionaria. La instrumentalización del 8M, su retahíla de manifiestos copio-pegados año tras año, los selfies en redes sociales que te haces una vez al año mientras el resto de los 364 días no dedicas ni tu tiempo ni tu esfuerzo a nada que sea colectivo y se mueva un metro más allá de tu ombligo.    
Cada 8M me tengo que convencer de que sigue siendo importante y cada 8M me lo creo menos.
    
En Murcia hemos tenido muchas broncas porque nos hemos dado cuenta de que los discursos por «la unión» vienen patrocinados por aquellas que quieren mantener intacta su cuota de poder. Da igual que portes vulva entre las piernas, el patriarcado a veces también tiene rostro de mujer. La cuota de poder en Murcia es quién lleva la pancarta, tan sencillo y estúpido como eso. Las del 8 MEME luchan y se encabronan si no llevan la pancarta o no leen el manifiesto. La cuota de poder es también que en el manifiesto no estemos todas o que las que son mujeres-de-segunda lo estén desde una posición subalterna y victimizante cuando no criminalizadora y patologizante.
   
No quieren a las putas, no quieren a las personas trans, nunca hablan de las presas, no reconocen ni se interesan por el sujeto político de las madres ni apoyan ni acompañan las causas de aquellas madres (en su mayoría migrantes) que en este viejoven orden racista y colonial han perdido la custodia de sus hijxs en favor del macho alfa y pater familias. Y no las quieren en sus pancartas ni en sus manifiestos porque no son ellas, porque el 8 MEME es un podio desde el que masturbar su narcisismo de biohembras en el poder.
    
Por esto salgo (me gustaría escribir 'SALIMOS') este #8M a la calle: porque frente al borrado de las mujeres, mejor borramos la imbecilidad; porque si no es con las putas, yo no voy; porque no estamos todas y siempre van a faltar las presas; porque quiénes van a apoyar a las maternidades judicializadas si no somos nosotras; y porque, fundamental y personalmente, yo sí veo mucho patriarcado en la gestión de esta pandemia. Veo privilegio, veo represión y no me creo que me cuide el Estado. No hay antecedentes, su Señoría. No me creo que los gobiernos que son absolutos inexpertos en esto de los cuidados sean -ahora, así de repente- los máximos garantes y custodios de mi salud y mi bienestar y el de lxs míxs.
     
Soy negacionista del Estado cuidador y quiero un megáfono el próximo 8M para gritar la falacia de los cuidados desatados desde las autoridades en esta era coronavírica.
 
A mí no me cuida la policía ni me cuida el Estado, a mí me cuidan mis amigas.

Lucía Barbudo
Coordinadora Anti Represión RM

jueves, 25 de febrero de 2021

Siempre en contra de la única violencia legitimada por el Estado: la suya.


Siempre en contra de la única violencia legitimada por el Estado: la suya.

Siempre en contra de que la violencia legitimada por el Estado salga gratis y goce de total impunidad.

Siempre en contra del corporativismo que cierra filas y nunca trae juicios justos.

Siempre en contra del doble rasero y los discursos manipuladores en torno al concepto de 'violencia'.

Es importante que la calle sea un espacio seguro donde poder ejercer los derechos de reunión, manifestación y organización política.

La libertad de expresión no es negociable en ningún sistema democrático.

Las personas que nos vestimos sin uniforme, transitamos las calles sin armas y no hemos recibido una formación física para ejercer violencia efectiva sobre otros cuerpos no suponemos una amenaza para nadie, no tenemos interiorizada la violencia y no vamos a aceptar que la nueva normalidad se parezca preocupantemente a la más vieja de las normalidades en la historia represiva reciente de nuestro país.

Déjennos usar nuestras calles sin represión y sin violencia. También sin el asco y la vergüenza que nos ha supuesto ver las lamentables imágenes que se han difundido esta última semana.

Derogación ya del mayor atentado vía legal contra los derechos y libertades en democracia: DEROGACIÓN DE LA LEY MORDAZA

Cuando íbamos llegando hacia las 18h a la convocatoria de Manifestación que partía de la Glorieta de Murcia, nos hemos encontrado con que todos los accesos estaban tomados por la policía.

A todas las personas jóvenes y más si su aspecto era el de acudir a esa concentración, se las paraba Y SE LES IMPEDÍA LLEGAR. Si se les colaba algún grupito, se acercaban y LAS ECHABAN bajo amenaza de sanción, amparándose en la Ley Mordaza.

Al final "han consentido" que se juntaran una parte en una zona, pero sin consentir la manifestación.

Como había otra convocatoria cerca, más tarde, en APOYO AL PUEBLO SAHARAUI, toda la gente se ha sumado a ésta finalmente.




















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sábado, 13 de febrero de 2021

Las mujeres masculinas: masculinidad y feminidad a revisión en el western de Nicholas Ray ‘Johnny Guitar’

Vienna (Joan Crawford)

Por Carla Boyera


Resulta muy poco previsible que un western, categoría monolítica por excelencia de performatividad sin sorpresas de roles de género y apabullante protagonismo masculino, nos dé la oportunidad de reflexionar sobre la masculinidad y la feminidad como lo hace esta atípica y original propuesta de Nicholas Ray. Con un modesto presupuesto que se ajusta a las películas de serie b, este western nos presenta a un personaje masculino que vuelve tras cinco años de ausencia: la transformación de su identidad no queda sólo en el simbolismo de cambiarse el apellido (herencia patrilineal de tantas cosas machunas), sino que también afecta a su nueva arma de seducción: una guitarra. Johnny Guitar (Sterling Hayden) cambia la violencia fálica y los dedos tensos en el duro revólver por las manos flexibles sobre el mástil de su guitarra sin que eso suponga un quiebro en su masculinidad: vemos que Johnny se las apaña bien para conservar intacta su chulería.
  
Johnny Guitar entra, en medio de una tormenta de arena, en el local Vienna’s y pregunta por ‘the boss’. El inglés tiene esta cosa maravillosa de no denotar género en prácticamente ninguno de sus sustantivos por lo que, viendo la película en versión orginal, dejamos que el imaginario machista y patriarcal opere en nuestras cabezas asumiendo ya la figura masculina justo cuando Vienna (sublime interpretación de la enorma Joan Crawford) aparece potentísima asomada a la barandilla del piso de arriba: sí, ella es ‘the boss’, la jefa, la dueña del suelo por donde se pisa y desde arriba con los brazos abiertos como un cóndor da las órdenes sin afectación femenina. Nunca una mujer se apoyó así en ninguna barandilla con la intención de no ser sexy, ni de gustar a ningún hombre, ni de mostrarse seductora. Ella es, literal y metafóricamente, la que lleva los pantalones. «Vienna está ocupada. Tendrá que esperar» es la frase que nos avisa sobre qué tipo de mujer está por aparecer; aunque es de las que te hacen esperar, está lejos de ser leída como el cliché que suele ser la femme fatale.
  
Vienna es una forastera que quemó sus maletas nada más llegar porque sabía que venía para quedarse. Así de radical se sentía en el far west aquello de que si quieres ser dueña de un pedazo de tierra lo único que tienes que hacer es trabajarla y así fueron las cosas para muchas mujeres que no veían en el matrimonio un futuro deseable. Vienna maneja un lenguaje corporal masculino, usa pantalones y camisa y lleva el pelo corto. No se viste para gustar ni para complacer y los planos contrapicados nos sugieren la posición desde la que los demás la han de ver: desde abajo. «Nunca vi a una mujer que fuera más hombre. Piensa como un hombre, actúa como un hombre y a veces me hace sentir como si yo no fuera uno.» Esta frase para tatuarse pronunciada por uno de los empleados de la casa de apuestas de Vienna me puso los ojos redondos y llorosos como los de un dibujo animado manga. «Nunca me imaginé que recibiría el sueldo de una mujer y que me gustaría», nos dice otro. Desordenado el género y rotas las jerarquías marcadas por el binarismo de arriba y abajo, ya no es humillante trabajar para una mujer, ni acatar sus órdenes. Es lo que casi treinta años más tarde reformularía Monique Wittig en «El pensamiento heterosexual» con aquello de que, si entendemos la categoría ‘mujer’ como algo subordinado, dependiente, obediente y supeditado al deseo del hombre, las lesbianas, consecuentemente, no eran mujeres puesto que no eran subalternas del régimen heterosexual y escapaban de esas lógicas dominación y sometimiento. En esa línea de reflexión está el empleado de Vienna: si mi jefa piensa y actúa como un hombre, entonces quizás yo no sea uno. Interesante y jugoso planteamiento sobre qué comportan la feminidad y la masculinidad. Nada mal para ser un western del año 54 escrito (el guión y también la novela homónima en la que se basa la película) y dirigido por hombres.
    
La de Vienna es una heterosexualidad no esclava que la ha dejado seguir con su vida y ser dueña de un futuro propio. Curiosamente, las pocas veces en que Vienna performa su feminidad, vemos que debe desprenderse de sus vestidos, literalmente, si quiere conservar la vida. Entendemos así, todavía hoy, que se puede interpretar la feminidad como un lugar de peligro para las mujeres.
    
Emma (Mercedes McCambridge) es otra de las grandísimas protagonistas de esta película y es otra mujer masculina. Una de las imágenes más potentes la protagoniza ella cuando entra en el local de Vienna liderando a los hombres del pueblo como si fueran una bandada de aves carroñeras: formando una flecha negra por el luto tras el asesinato de su hermano, ella es la hembra alfa que se sitúa en el vértice del triángulo, altiva y rabiosa.
     
Emma (Mercedes McCambridge) es la hembra alfa que lidera la bandada de hombres

Bajo el falso pretexto de buscar justicia, Emma esconde una historia de celos y venganza. Mujer económicamente poderosa, lucha por mantener el privilegio de su poder y de sus tierras, pero su rabia de mujer despechada es más grande que el más grande de sus ranchos. Emma también lidera y comanda, alimenta y enaltece las suspicacias. Es manipuladora y tiene bien aprendida la misógina competitividad entre las mujeres cuando se trata de luchar por el hombre entendido como coto privado de caza.
  
Aunque el título de la película no hace justicia a las personajes más sustanciosas de la trama, esta es, sin duda alguna, la historia de la guerra entre estas dos mujeres. Los hombres que hay detrás (sobre todo de Emma) son parte del decorado, del atrezzo inevitable al hilo narrativo, el marco necesario para que tengamos el duelo más esperado de estos 111 minutos: el duelo final entre Emma y Vienna, donde los hombres son meros espectadores, sus cabezas yendo de una mujer a otra siguiendo (desde abajo otra vez) la trayectoria del partido de balas.
    
Estas son mujeres que, si bien no se libran de convulsas historias románticas con hombres, nunca leeremos como débiles, desvalidas, dependientes, ñoñas o tristes. Mujeres que no nos importa si quieren o tienen hijos, si saben coser o cocinar, si tienen cuerpo o movimientos canon para atraer hombres y desgracias. Mujeres con fortuna, negocios y armas: mujeres con la posibilidad de ser violentas, agresivas, que no están en la pantalla para dar vida, sino para quitarla. Mujeres vestidas en una película sin seducción de piel desnuda, donde los cuerpos de las protagonistas no ocupan minutos ni atención. Mujeres respetables y respetadas no por custodiar su sexualidad, sino por ser mujeres fuertes y carismáticas: las vemos enseñar los dientes, llenarse de barro y polvo, pasar por debajo de cascadas y mojarse sin hacer un solo comentario a su aspecto ni quejarse.
   
Como apunta Judith Halberstam en su obra imprescindible «Masculinidad femenina», existen nuevas masculinidades que están siendo producidas por mujeres y la prohibición de masculinidad a las mujeres merece ser analizada. Quizás mientras se entienda que la masculinidad es un lugar de poder, nos esté vetada. Y quizás desde los feminismos, además de deconstruir al macho, deberíamos construir nuevas feminidades.

Este artículo se ha difundido en otros medios:
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martes, 2 de febrero de 2021

¡ESCÁNDALO!. HOY, YA LIBRES LOS POLICÍAS CONDENADOS POR LA MUERTE DE DIEGO PÉREZ EN CALA CORTINA

Los agentes fueron castigados en 2017 con cuatro años por la detención ilegal y el "homicidio imprudente" de un vecino de Las Seiscientas, un barrio de Cartagena (Murcia) por los hechos probados ocurridos en 2014.

Recordamos este caso con vídeos, de testimonios de los vecinos, familiares y amigos y también audios de las conversaciones entre esos policías del día del asesinato, que sirvieron de prueba para encausarlos (entrada de blog de 16 de enero de 2017): 

"Caso Cala Cortina
16 de enero 2017 
Se pone en marcha el juicio "Caso Cala Cortina". 5 policías acusados

  

Este VÍDEO, en el que han participado familiares, vecinos y amigos de Diego Pérez junto con miembros de la Coordinadora Anti Represión Región de Murcia (ARM), pretende arrojar luz sobre el crimen y contrarrestar la confusión generada deliberadamente por la intoxicación informativa. Además, ante la alarma social generada, tras la dimisión de Alfonso Navarro como responsable jefe de la comisaría de Cartagena, y el nombramiento de Ignacio del Olmo, reflejamos algunas de las actuaciones policiales ejecutadas bajo su mando.

La jueza Emilia Ros cita a los cinco policías acusados a fin de que comparezcan el próximo 15 de febrero y señala como órgano competente para el enjuiciamiento al Tribunal del Jurado de la Sección V de la Audiencia Provincial de Murcia, con sede en Cartagena.

La jueza ordenó en su día prisión provisional, incomunicada y sin fianza para los seis policías acusados, pero uno de ellos, G.J.G.M., murió en octubre de 2015 cuando estaba internado en la prisión de Estremera, supuestamente por una pancreatitis.

El fallecido y otros cinco agentes, residentes en la ciudad portuaria y de la escala básica, estaban siendo investigados en relación con la desaparición y muerte de Diego Pérez Tomás en la madrugada del 11 de marzo de 2014. Su cadáver fue encontrado dos semanas después flotando en aguas de Cala Cortina.

Este vídeo realizado por ARM fue presentado el 20-N de 2014 en la segunda charla de las II Jornadas Anti Represión Región de Murcia celebradas en la sala del edificio Moneo del Ayuntamiento de Murcia en la que participó Enrique Pérez, hermano de Diego, presuntamente asesinado por la Policía Nacional de Cartagena.

ESTE OTRO (pulsa para ver) VÍDEO, publicado el 15 oct. 2014, es de las grabaciones de los micrófonos ocultos por asuntos internos en los coches patrulla que no dejan lugar a dudas... En ellas se escucha como tras una actuación en la que cachean a un pequeño traficante, los agentes deciden quedarse con la droga y los 400 eruos que llevaba encima. Uno de los policías manifiesta incluso cobrar hasta 11.000 por llevar a cabo posibles ajustes de cuentas y a su compañero de patrulla le enseña el arma ilegal que utiliza: "Esta es pa los trabajos sucios... es de la Guerra Civil, así estilo nazi. ¿La tienes sin papeles? Eso lo meten en la base y ha sido Franco el que ha disparado".

Con Diego, el hombre que apareció muerto en una playa de Cartagena, parece que se les fue la mano y tras golpearlo tiraron su cuerpo al mar.... en conversaciones se tranquilizan y comentan que "no puede haber nada contra ellos" y añaden: "Hay un mar estupendo", "se lo bebe todo"

Estas grabaciones dan muestra de su corrupción y han sido argumento más que suficiente para que la juez los haya enviado a prisión acusados, entre otras cosas, de homicidio.

Repercusión en prensa:
La Opinión, 31/1/2017

Finalmente, esta es la sentencia definitiva y cómo ha terminado y cerrado el caso:
La Opinión 9/10/2017"
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A fecha de hoy, también adjuntamos algunas noticias sobre el seguimiento del caso aparecidas en su día en prensa (https://elpais.com/noticias/caso-cala-cortina/) que curiosamente hoy no tiene repercusión. Solo la hemos visto en un periódico local y en edición en papel no abierta al público digitalmente.

Llama la atención el trato a la policía comparado al dado al resto de ciudadanos cuando es la policía la que resulta "agredida": Recordemos el más sonado caso de los jóvenes de Altsasu. ¡Es una vergüenza!



Imagen de archivo de la reconstrucción de los hechos/Antonio Gil/AGM



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